Tema 3 (Módulo IV) – Profetas: luces para el mundo

La justicia de Dios es tal que nunca ha dejado de traer conocimiento a los seres humanos. No solo los mandamientos eran enseñados, sino información sobre los orígenes del mundo, del hombre, de la vida, del porqué de la existencia, qué ocurría detrás de bambalinas y qué sucedería después de esta existencia. Las diferencias religiosas distancian esta verdad y crean un cisma entre saberes de distintas épocas, lugares y personajes importantes que dieron principios espirituales a la sociedad. No podría Dios considerarse “justo” toda vez que miles y miles de almas se perdiesen constantemente sin guía o sin preceptos a seguir. El “plan de Salvación” engloba varios matices y se aplica diferente en cada individuo, dependiendo del nivel de compromiso de la persona (no directamente porque sepa más o sepa menos, o porque sea de una religión o de otra). Antes de que Juan el bautista pregonara el sumergimiento para arrepentimiento y perdón de pecados, los judíos habían atendido a poco más de una decena de profetas mayores y otros tantos menores, empezando con Moisés y reanimándose con Samuel. A pesar de esta luz para el pueblo, otras naciones no quedaban a merced de las circunstancias, sino que vieron la “mano de Dios” por medio de distintos personajes que también les ayudaron en el camino espiritual.

 

Profetas

Aunque con misiones diferentes, muchos “profetas” han aparecido a lo largo de la historia. Si bien, algunos no han resultado de beneficio a sus congéneres y otros consiguieron que su doctrina se adhiriese muy poco a la cultura. Ya paralelo a Moisés, se calcula que tuvieron lugar las enseñanzas de Hermes, pero incluso los persas, que no tenían porqué conocer de los israelitas en aquel momento, tuvieron una revolución ideológica al verse influenciadas sus creencias indoarias por las palabras del profeta Zarathustra (Zoroastro), quien enseñó que hay un solo Dios verdadero, el Gran Espíritu, y que los hombres han de actuar correctamente pues habrá un Juicio final después del “Apocalipsis”, y entonces todas las obras serán evaluadas. La propia Asia, en su lejanía, vio el bullir de numerosos maestros anteriores al judío Isaías, tales como Lao-Tze, Confucio o Siddartha Gautama (el Buda).

Aun cuando no había Biblia o enseñanzas de esta índole, cada civilización emergente tenía nociones de eras de juicio venidero o castigos post-mortem sobre las almas para aquellos que obraban con iniquidad; ya fuera porque les fue inculcado por sacerdotes o profetas de sus respectivos dioses o por algún tipo de entes arquetípicos. El mensaje de Moisés fue radical al lado del de Zarathustra, pero la seriedad y firmeza de los profetas era una constante en todos los casos. La gran diferencia se determinó en la entrega absoluta de la deidad hebrea en preparar a los israelitas y formarlos para ser toda una nación que le sirviese, distinto del comportamiento indirecto en otros casos, con otras gentes. De Moisés a Samuel hubo jueces que administraban y ejecutaban la ley establecida en el Sinaí, pero desde el vidente Samuel aparecieron profetas que traían mensajes ulteriores a la nación, esencialmente en momentos críticos o asuntos serios de gobierno. Curiosamente Jesús incluye a Abel como un “profeta” y “mártir” (Luc. 11:50), y refiere que Zacarías fue el último profeta con cuya muerte los judíos estaban identificados –pues Juan el bautista, acorde a Cristo, fue el último profeta (Luc. 16:16), posiblemente con relación a un ministerio específico de advertencias “finmundistas” y/o con respecto de vaticinar la venida del Elegido-. También un ángel dice a faraón que Abraham es profeta (Gén. 20:7), e incluso los apóstoles definían al rey David como profeta. De hecho, ante faraón, Moisés fue dios, y Aarón su hermano, fue su profeta (Éx. 7:1).

Además de la perspectiva que Juan introdujo, poco después Jesús entró en escena, potenciando el mensaje que otros antes de él habían iniciado, pero cuya misión no habían concluido, ni hubiesen podido ellos concluir. Cristo mismo no hizo todo el trabajo, sino que se ciñó a un determinado número de pautas a llevar a cabo, y fueron sus apóstoles los que propagaron su mensaje y el testimonio de su pasión, muerte, Resurrección y ascensión. Según los mormones, 600 años antes de esto una rama de descendientes de la tribu de José fue a América y llevó a cabo un plan concreto. Ciertamente esta historia no variaba mucho de escenarios del Antiguo Testamento, reiterando las palabras de Moisés, y posteriormente las de Jesús. La actividad en tiempo de los 12 apóstoles y Pablo fue muy notoria, según se dice, 2 años después de la ascensión de Jesús –cuando Pablo fue llamado- el crecimiento era exponencial. Esto trajo nuevas ideas y también apologistas y falsos profetas que disuadieron a tendencias distractoras del mensaje original. Con el tiempo emergieron otros líderes y grupos que tenían su propia manera de ver la práctica de las palabras de Jesús, como eran los gnósticos y los maniqueos, pero Roma los persiguió y opacó (cosa que no consiguió con el protestantismo, cuando ya el estatus monopolizador había sufrido un número considerable de fragmentaciones, especialmente con las iglesia de Etiopía, Turquía, Egipto y posteriormente lo que hoy es Rusia y Reino Unido).

Después de los ineficaces intentos de Justiniano por mantener el aparato romano llegó, no solo la caída de Roma sino la pugna contra su estatus soberano por medio de la religión Católica: el mahometanismo, el Islam. Aunque otros profetas posteriores a Muhamad (Mahoma) se caracterizaron por sus enseñanzas o influencia, como el caso en Japón del budista reformador Nichinen Daisonin o los alemanes Martín Lutero y Juan Calvino, éste marcó un cambio sustancial a nivel histórico, al grado de dar nacimiento a una de las religiones más influyentes del globo. Aunque no legitimó las palabras de amor de Jesús –a pesar de que lo tenía en suma consideración- unificó al mundo árabe en nombre de un solo Dios y un solo culto a la deidad.

Falsas Doctrinas

Pero, ¿quién es profeta? Aquel, o aquellos «que Iaheveh diera su espíritu sobre ellos.» (Núm. 11:29) No que el resto de personas estemos desprovistos de Espíritu, sino que habla concretamente del “Ruaj Iaheveh” (Isa. 61:1), el mismo que está sobre el Ungido. Antes del tiempo de Samuel, al profeta se le llamaba vidente, y la forma en que éste recibía los mensajes era concisa: «…Si hubiere entre vosotros profeta de Iaheveh, en visión le haré saber, en sueños le hablaré.» (Núm. 12:6). Todo lo concerniente a las palabras de los profetas debe ir acorde a la misión de Jesús, porque sobre él gira todo (Apoc. 19:10), como él mismo dijo al anunciar que el último en hablar de su venida fue Juan el bautista.

En hebreo, profeta es Nebií (orador, anunciador), y vidente es Roeh (quien ve), y es aquel que hable de parte de Dios las palabras que Iaheveh le ha enviado, porque los engañadores serán castigados, así como los que se han dejado engañar (Deut. 13:1-5), pues siempre ha habido maestros de enseñanzas humanas (Col. 2:22), no de Dios; de doctrinas que no llevan a ningún lado, distractoras que carecen de verdadera utilidad (Heb. 13:9), y aún enseñanzas recibidas por “líderes” religiosos que, engañados, o con conocimiento de causa, fueron, son y serán nutridos por espíritus malignos: «Porque habrá días cuando los hijos de los hombres no soportarán la sana doctrina, sino [que] de acuerdo a sus propios deseos-pasiones [se] amontonarán tumultos a escuchar maestros en señales [para] halagarles el oír, y por otro lado se apartarán de oír la verdad, pero volviéndose a las fábulas.» (2ª Tim. 4:3-4) La versión hebrea de Salkinson dice “Torat Jaiím” (Ley-Doctrina que lleva a la Vida, refiriéndose a la Eterna), en la parte de “doctrina”; mientras en el tema de las “señales”, se refiere a “BaOtot”: por causa de señales, prodigios o milagros. También al respecto le había advertido Pablo a Timoteo, previamente: «Pero el Espíritu dice explícitamente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, atendiendo a espíritus extraviadores y a enseñanzas de demonios; en hipócritas mentirosos que se marcan con hierro candente la conciencia…» (1ª Tim. 4:1-2).

Un ejemplo del peligro de estas enseñanzas: «Y el Salvador contestó a María: Ningún alma es conducida hacia el dragón por esas puertas, no siendo las almas de los blasfemos y de los que siguen una doctrina falsa. Y de los que enseñan a mentir, y las de los que pecan contra natura, y las de los hombres manchados de vicios y enemigos de Dios. Y las de todos los impíos, adúlteros y envenenadores. Porque todas las almas de esos pecadores, si no han hecho penitencia en este mundo, y han persistido en su pecado, cuando se cumpla su hora, serán conducidas por la puerta de la cola del dragón a las Tinieblas Exteriores.» (Evangelio Valentino 47:2-5) Y añade la revelación sobre las falsas doctrinas: «Y cuando Jesús habló así, María le dijo: Señor, ¿cómo sabrán los hombres que buscan la luz si las doctrinas que encuentran son engañadoras o no? Y contestó el Salvador: Ya os lo he dicho. Sed como buenos cambiantes. Aceptad la buena moneda y rechazad la falsa. Y decid a los hombres que buscan a Dios: Si sopla el aquilón, ya sabéis que es frío lo que se sentirá. Y si sopla el viento oeste, ya sabéis que vendrán el calor y la sequía. Decid, pues, a esos hombres justos: Si conocéis los signos de los vientos, conoceréis también si las palabras que halléis buscando a Dios concuerdan y armonizan con las que yo os he dicho, desde los dos martirios al tercer testimonio. Y las que concuerden en la constitución del cielo, y del aire, y de la tierra, y de los astros. Y en todas las cosas que la tierra contiene, y en las aguas, y en las cosas que contienen las aguas. Y en la constitución de los cielos, y de los astros, y de los círculos, y de cuanto se encierra en el mundo. Y los que vengan hacia vuestras palabras verán que concuerdan con cuantas os he dicho. Y yo recibiré a los que nos pertenecen. Y esto es lo que diréis a los hombres para que se defiendan de las falsas doctrinas.» (Ca. 49:10-18)

Entonces, no solo hubo embaucadores en el pasado (1ª Juan 4:1 y 2ª Juan 1:7), sino que también, como fue advertido, vendrían muchos en ese “Espíritu del Anticristo” (1ª Juan 2:18, 22, 4:3), oponiéndose a la figura de Jesús, su misión, su existencia, sus obras, sus enseñanzas, su glorificación, su naturaleza, su reino venidero y su lugar en los Cielos. Estos falsos profetas que hubo los hay hoy y los seguirá habiendo (Mat. 24:11, 24, Mark 13:2), en tanto crece la apostasía de la fe (2ª Tes. 2:3, 1ª Tim. 1:4, Hech. 21:21 y 1ª Enoc 91:7), y darán lugar a Belial (el Falso Profeta, hijo de Perdición), que engañará al mundo entero (Apoc. 19:20). Uno es quien debe discernir, por medio del Espíritu, que es bueno y qué es malo; así como qué saca de aquí y de allá: «Mas examinad todo; retened lo bueno.» (1ª Tes. 5:21).

 

Frederick Guttmann R.

Ver Clase – Profetas: luces para el mundo

One comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *