Tema 3 (Módulo II) – Los Mandamientos

Se dice que Jerónimo de Estridón, redactor de la primera Biblia en latín (la llamada Vulgata), recopiló mucha valiosa información, entre la que se encontraba la recibida por unos beduinos o gente nómada del desierto, aparentemente de origen esenio. Jerónimo residió en la antigua Israel, ya destruida en el tiempo en que se mudó allá, pero contribuyó notablemente a la recolección de importantes textos. En la mitad del siglo IV d.C., estudió los fragmentos hebreos de la sabiduría, cuyas traducciones conoció posteriormente San Benedicto, al fin del siglo V, fundando la orden de los Benedictinos, inspirado en el espíritu de la vida Esenia, de donde sacó su Regula Santa (Santa Regla o Reglamento Santo). Los Benedictinos guardaron copias de la edad media de trabajos de Cicerón, Séneca, Tácito, Jerónimo, Agustín, Filón de Alejandría, Flavio Josefo y otros más, en su monasterio de Monte Casino. También en 1943 el abad y los monjes debieron esconder manuscritos, rollos, códices y más de 40 mil invaluables pergaminos, en cestas de madera, para protegerlos de los duelos de artillería en la Segunda Guerra Mundial. Todos ellos se encuentran hoy en las bóvedas de los archivos del Vaticano.

Los escritos esenios que fueron más valiosos, vinieron a ser editados primero cerca de 1920, y se conocen como Evangelio de los Esenios, o tratado Esenio de la Paz, traducido a más de 23 idiomas. Solamente en EE.UU. se han distribuido más de un millón de copias. Adicional a los textos del Vaticano y los descubrimientos de Qumran, se cree que los Habsburgo de Austria poseen material Esenio en idioma Eslavo traído de Asia por sacerdotes Nestorianos que huían de las hordas de Genghis Khan. Uno de tantos textos corresponde con el Evangelio de Juan, el Apocalipsis de Juan, una introducción de Moisés sobre la primera ley recibida en el monte Sinaí y una predicación de Jesús a los enfermos.

 

La Primera Ley

«Aunque el cielo y la tierra perezcan ni una letra de la Sagrada Ley cambiará ni perecerá. Pues en el principio fue la Ley y la Ley fue con Dios y la Ley era Dios.» (La Séptuple Paz. Libro Esenio de Jesús 1:149-150) Alrededor del año 1.500 a.C., y tras la derrota del faraón egipcio (que para muchos era Ahmosis, cuyo nombre en hebreo significa: “Hermano de Moisés”) y sus dioses (Éxodo 12:2 y Números 33:4) contra los ángeles enviados por Iaheveh, Israel caminó 40 años por el desierto del Sinaí en dirección a la tierra de promisión dominada por los cananeos, venciendo a 7 naciones. Toda esta historia, desglosada en la Torah, fue básicamente una nueva enseñanza para un pueblo educado en costumbres politeístas egipcias y en doctrinas demoniacas, donde solo algunos preservaban ls norma morales de conducta y ética de los ancestros. Para empezar su nueva formación, Iaheveh, el Dios de los hebreos, les enseñó 10 mandamientos por medio de mensajeros que tenían su nombre (Éxodo 23:20-21).

Si bien, ellos se mostraron rebeldes y contrarios a los valores espirituales que estos ángeles estaban enviados a otorgarles, de manera que se les multiplicaron por 10 esas normativas (aunque otros creen que por 6, llegando a ser una media de 610). De forma sencilla se pueden especificar 613 normativas de todas estas leyes, ramificadas de los 10 Mandamientos que Iaheveh mandó a Moisés por medio de los ángeles que tenían su nombre. Ahora bien, en un principio Moisés tenía unas leyes escritas con “el dedo de Dios”, pero las destruyó al ver lo que su pueblo hacía, de modo que solo él supo realmente lo que había sido consignado en las primeras leyes de luz: «El Señor llamó a Moisés desde la Montaña, diciendo: ‘Ven a Mí, porque voy a darte las leyes para tu pueblo, que será un convenio para los Hijos de la Luz. Y Moisés subió hasta Dios. Y Dios habló en estas palabras, diciendo: ‘Yo soy la Ley, tu Dios, que te libró del cautiverio de las tinieblas. No tendrás otras leyes ante Mí. No harás imagen alguna de la Ley en cielo ni en la tierra. Yo soy la Ley invisible, sin comienzo y sin final. No harás leyes falsas, porque Soy la Ley y la Ley de todas las Leyes. Si me desertaras, serás visitado por desastres de generación en generación. Si guardas mis mandamientos entrarás en el Huerto Infinito donde está el Árbol de la Vida, en medio del eterno mar. No violarás la Ley. La Ley es tu Dios, que no te considerará sin culpa’.» (Libro Esenio de Moisés)

Según se expresa en el texto, las Primeras Tablas tenían el doble de normativas (20) pero no eran rígidas: «[El Señor dijo a Moisés:] “Honra a tu Madre Terrenal para que tus días puedan ser muchos en la tierra, y honra a tu Padre Celestial para que la vida eterna sea tuya en los cielos, pues los cielos y la tierra te son dados por la Ley, que es tu Dios. […] A todos estos ángeles de la Madre Terrenal habrás de saludar, y de consagrarte a ellos, para que puedas entrar al Huerto Infinito donde está el Árbol de la Vida. Adorarás a tu Padre Celestial en la tarde del Shabat. […] Con todos los ángeles del Padre Celestial habrás de comulgar para que tu alma pueda bañarse en la Fuente de Luz y entrar en el Mar de la Eternidad. El séptimo día es el Shabat: lo guardarás y lo mantendrás como día sagrado. El Shabat es el día de la Luz, de la Ley, de tu Dios. En él no harás trabajo alguno, sino buscarás la Luz, el Reino de Dios y todas las cosas se te darán. Pues sabe que durante seis días trabajarás con los ángeles, ya que el séptimo día moraras en la Luz del Señor que es la Ley Sagrada. No tomaras la vida de cosa viviente alguna. La vida sólo viene de Dios quien la da y la toma. No degradaréis el Amor. Es el sagrado regalo del Padre Celestial. No cambiarás tu alma, presente inapreciable del amante de Dios, pues las riquezas del mundo, que son cual semillas plantadas en terreno pedregoso, que por no tener raíz, tan sólo un corto tiempo duran. No serás testigo falso de la Ley, para usarla contra tu hermano: Sólo Dios conoce el principio y el final de las cosas, pues Su ojo es único y Él es la Ley Sagrada. No codiciarás las posesiones de tu prójimo. La Ley te dará presentes mucho más grandes, la tierra y los cielos, si guardares los mandamientos del Señor tu Dios.” Moisés escuchó la voz del Señor y selló en su corazón la alianza entre el Señor y los Hijos de la Luz. Y volvióse Moisés, y bajó de la Montaña, y las tablas de la Ley estaban en sus manos. Y las tablas eran la obra de Dios y la escritura de Dios, grabada en las tablas. Y el pueblo no sabía que había sido de Moisés, se reunieron y desprendiéronse de sus ornamentos de oro e hicieron un becerro fundido. Adoraron al ídolo y le ofrecieron ofrendas quemadas. Y comieron y bebieron y danzaron ante el becerro de oro que habían hecho y se abandonaron a la corrupción y al mal delante del Señor.» (Libro Esenio de Moisés)

Moisés había subido a recibir la verdadera Ley, pero al observar el pecado de idolatría del pueblo hacia un becerro de oro que hicieron fundiendo sus joyas, la destruyó: «Y he aquí que cuando se aproximaba al campamento, y vio el becerro y danzas, y ardió la ira de Mosheh, y arrojó de sus manos las tablas, y las rompió en la base del monte.» (Éxodo 32:19) Entonces volvió a subir al monte para que fuesen reescritas, pero ya no con prescripciones de índole suave como las anteriores. Debido a la rudeza de este pueblo, de su rebeldía y la facilidad con la que volvían a la veneración de las estatuas, lo ilícito y a dioses paganos, Iaheveh les impuso 10 mandamientos duros de cumplir y bajo ellas otras muchas normativas, preceptos y pautas a seguir, las cuales serían conocidas como “Las Obras de la Ley” o el “Cetro”, que permanecerían hasta la venida del sucesor de Moisés. Así que a partir de ese momento, ellos debían acatar estas palabras al pie de la letra, si bien no abandonando nunca los 10 Mandamientos (Decálogo) primigenios, de las cuales parten las otras 610-613, pues son una ley fundamental para el hombre de este mundo y este tiempo. Las otras normativas, preceptos y ordenanzas solo serían reemplazadas por la Primera Ley que Moisés conoció, con la venida del “gran profeta”: «Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Iaheveh tu dios; a él oiréis; […] Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y palabra [dará a] ellos todo lo que yo le mandare. Y habrá varón el cual no oirá mis palabras pronunciadas en mi nombre, yo pediré de él [cuentas].» (Deuteronomio 18:15-19)

De modo que estas leyes del Sinaí o ley mosáica tenían un tiempo de duración, cosa que ya había sido profetiza casi medio milenio antes por boca del patriarca Israel (llamado primero Jacob): «No será apartado el cetro de Ihudah, y la [ley] grabada de entre sus pies, hasta que venga Shiloh; y a él obedecerán los pueblos.» (Génesis 49:10) Shilo, o Shiloh, significa “Enviado”, y estaba determinado que la Jokek perdurase hasta que él llegase, de modo que desde ese entonces, a él obedecerían todas las naciones como profeta de Dios. Por eso era uno de los líderes que los judíos esperaban, aparte del “hijo de David”, aunque no sabían que los dos eran el mismo individuo. Jokek ha sido traducido como “legislador”, refiriéndose a legislar o actuar como jefe (ej. Jueces 5:14 e Isaías 33:22), pero la voz es primeramente usada para hablar de labrar o grabar un escrito (Job 19:23), como en Isaías 22:16, que trata de “labrar sepulcros en la roca”, o en el cap. 10:1, que menciona el “establecer leyes” o “grabar leyes en la piedra”. De modo que la “ley escrita”, no en los corazones, sino en piedra u otra base, debía ser reemplazada por una ética y moral de conducta realmente espiritual, que traería el Enviado, el mismo que quitaría el “cetro” del mando que habría de poseer Judáh.

Esta verdadera Ley solo es conocida por medio del Espíritu, que es el emisario del Enviado que ya vino. Ha recordado que toda las Ley conocida antes de Cristo (tanto el decálogo como las Ordenanzas) estaba sujeta, a su vez, por dos de estos mandamientos: «Y le dijo [Jesús]: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma-ser, y con toda tu mente. Éste es el primer y grande mandamiento. Y el segundo es similar: Amarás a tu próximo como a ti. En estos dos mandamientos dependen toda la Torah y los profetas.» (Mateo 22:37-40) De modo que la Primera Ley que Moisés conoció no volvió a ser conocida sino hasta que vino el Enviado. De hecho, solo Moisés la había conocido.

«…la cólera de Moisés fue tan grande que arrojó las tablas que rompiéronse monte abajo. Y sucedió que a la mañana siguiente Moisés le dijo a su pueblo: “Habéis cometido un gran pecado, habéis negado a vuestro Creador, subiré hasta el Señor a suplicar la expiación para vuestro pecado.” Y Moisés regresó hasta el Señor, y dijo: “Señor, has visto la profanación de tu Ley Sagrada; pues tus hijos perdieron la fe y adoraron a las tinieblas e hiciéronse un becerro de oro. Señor, perdónalos, pues son ciegos a la luz.” Y el Señor le dijo a Moisés: “Mira, al principio de los tiempos fue hecha una alianza entre Dios y los Hijos de los hombres y la Sagrada llama del Creador entró en él y fueron hechos Hijos de Dios y les fue dada a guardar su herencia como primogénitos y el hacer fructíferas las tierras de su Padre y mantenerlas sagradas. Y quien expulsa de sí al Creador escupe sobre su primogenitura, y no hay pecado más grande a los ojos de Dios.” Y el Señor habló diciendo: “Sólo los Hijos de la Luz pueden guardar los mandamientos de la Ley. Escúchame: las tablas que rompiste nunca más serán escritas con palabras de los hombres. Cómo tú las regresaste a la tierra y al fuego, así vivirán invisibles en los corazones de quienes puedan seguir la Ley. A tu pueblo de poca fe, que pecó contra el Creador, cuando éstas en suelo sagrado ante tu Dios, daré otra Ley. Será una Ley severa, sí, les atará, pues no conocen aún el Reino de la Luz…” Y Moisés escondió la Ley invisible en su pecho y la guardó como un signo para los Hijos de la Luz. Y Dios dio a Moisés la Ley escrita para el pueblo. Y Moisés bajó hasta ellos y les habló con apesadumbrado corazón.» (Libro Esenio de Moisés)

 

¿Qué son los 10 Mandamientos?

Tras la desobediencia de Israel y su pecado, Moisés, por orden de Iaheveh, dijo a su pueblo: «Estas son las leyes que vuestro Dios os ha dado: ‘No tendréis otro Dios fuera de Mí. No os haréis imágenes talladas. No tomaréis el nombre del Señor tu Dios en vano. Recordarás el Shabat, para santificarlo. Honrad a vuestro Padre y a vuestra Madre. No matareis. No cometeréis adulterio. No robaréis. No daréis falso testimonio contra tu prójimo. No codiciaréis los bienes de tu prójimo, ni a la esposa de tu prójimo, ni cosa alguna que pertenezca a tu prójimo.’ Y hubo un día de duelo y expiación por el gran pecado contra el Creador, que no terminó. Y las tablas rotas de la Ley Invisible vivieron escondidas en el pecho de Moisés, hasta que sucedió que los Hijos de la Luz aparecieron en el desierto y los Ángeles caminaron sobre la tierra.» (Libro Esenio de Moisés)

La versión hebrea de Shemot, dice: «Y la palabra de Elohim de todas esas palabras, dijo: “Yo soy Iaheveh tu dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre-esclavitud”:

1.      No habrá Elohim diferentes delante mío (Éxodo 23:24, José 23:7 y Salmos 81:9).

2.      No te harás imagen (ídolo), ni ninguna semejanza (forma, parecido) de lo que hay en los Cielos de arriba, ni en la tierra debajo, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni les servirás; porque yo soy Iaheveh tu dios, dios celoso visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta los treinta y hasta los cuarenta que me aborrecen, y hago misericordia a miles que me aman y guardan mis mandamientos (Deuteronomio 4:28, 28:36-64, 2ª Reyes 19:18, Isaías 37:19 y Daniel 5:4-23).

3.      No tomarás el renombre de Iaheveh tu dios para banalidad; porque no [ve] limpio Iaheveh al que toma su renombre para banalidad (Salmos 139:20, Jeremías 5:2, Mateo 5:33 y Santiago 5:12).

4.      Acuérdate del Día de Reposo (Sentar, Siete) para santificarlo. Seis días traba, y haz toda tu obra (función de ángel); mas el Día Séptimo Shabat (reposo) para Iaheveh tu dios; no hagas obra alguna tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu bestia, ni tu extranjero que está en tus puertas. Porque Seis Días hizo Iaheveh los Cielos y la Tierra, el mar, y todo lo que hay en ellos, y reposó en el Día Séptimo; y así bendijo Iaheveh el Día de Reposo y lo santificó (Mateo 12:1-7 y Marcos 2:27).

5.      Reconoce a tu padre y a tu madre, de modo que prolongue tus días en la Tierra la cual Iaheveh tu dios te da (Efesios 6:2 y Mateo 5:4).

6.      No matarás (Éxodo 23:7, Mateo 5:21 y Santiago 2:11).

7.      No adulterarás (Malaquías 3:5, Lucas 18:11-13, 1ª Corintios 6:9, Romanos 13:9, Mateo 5:27-32, Proverbios 6:32-33 y Hebreos 13:4).

8.      No hurtarás (Proverbios 6:30-31, 29:24, Ezequiel 18:10-24, Zacarías 5:3-5, Juan 10:1-15, 1ª Corintios 5:11 y 1ª Pedro 4:15-16).

9.      No dirás de tu compañero falso testimonio (Proverbios 28:18, Levítico 6:5, 19:2, Deuteronomio 19:18-19, Jeremías 14:14, 29:23, Mateo 26:59-61, 1ª Timoteo 6:20 y Tito 1:2).

10.    No desearás la casa de tu compañero, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu compañero (Deuteronomio 7:25, Proverbios 1:19, 21:29, Isaías 57:17, Habacuc 2:9, 2ª Pedro 2:14 y Romanos 7:7).

Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido del Shofar, y el monte humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron a distancia. Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros y oiremos; pero no hable con nosotros Dios, no sea [que] muramos. Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino la deidad, y para producir que tengáis temor delante de vosotros, para que no pequéis. Y estuvo el pueblo distante, y Moisés se acercó a la oscuridad en la cual [estaba el] nombre de Dios. Y dijo Iaheveh a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Vosotros visteis que desde los Cielos hablé con vosotros. No haréis conmigo dioses de plata, ni dioses de oro, no os haréis.» (Éxodo 20:1-23 y Deuteronomio 5:6)

 

La Verdadera Ley

Como conclusión, citaré un pasaje de otra parte de los escritos esenios, en este caso sobre Jesús: «Y el propio Jesús se sentó en medio de ellos y dijo: ‘En verdad os digo que nadie puede ser feliz, excepto quien cumple la Ley’. Y los demás respondieron: ‘Todos cumplimos las leyes de Moisés, nuestro legislador, tal como están escritas en las sagradas escrituras’. Y Jesús les respondió: ‘No busquéis la Ley en vuestras escrituras, pues la Ley es la Vida, mientras que lo escrito está muerto. En verdad os digo que Moisés no recibió de Dios sus leyes por escrito, sino a través de la palabra viva. La Ley es la Palabra Viva del Dios Vivo, dada a los profetas vivos para los hombres vivos. En dondequiera que haya vida está escrita la ley. Podéis hallarla en la hierba, en el árbol, en el río, en la montaña, en los pájaros del cielo, en los peces del mar; pero buscadla principalmente en vosotros mismos. Pues en verdad os digo que todas las cosas vivas se encuentran más cerca de Dios que la escritura que está desprovista de vida. Dios hizo la vida y todas las cosas vivas de tal modo que enseñasen al hombre, por medio de la palabra siempre viva, las leyes del Dios verdadero. Dios no escribió las leyes en las páginas de los libros, sino en vuestro corazón y en vuestro espíritu. Se encuentran en vuestra respiración, en vuestra sangre, en vuestros huesos, en vuestra carne, en vuestros intestinos, en vuestros ojos, en vuestros oídos y en cada pequeña parte de vuestro cuerpo. Están presentes en el aire, en el agua, en la tierra, en las plantas, en los rayos del sol, en las profundidades y en las alturas. Todas os hablan para que entendáis la lengua y la voluntad del Dios Vivo. Pero vosotros cerráis vuestros ojos para no ver, y tapáis vuestros oídos para no oír. En verdad os digo que la escritura es la obra del hombre, pero la Vida y todas sus huestes son la obra de nuestro Dios. ¿Por qué no escucháis las palabras de Dios que están escritas en Sus obras? ¿Y por qué estudiáis las escrituras muertas, que son la obra de las manos del hombre?’…»

«…[Y ellos le preguntaron:] ‘¿Cómo podemos leer las leyes de Dios en algún lugar, de no ser en las Escrituras? ¿Dónde se hallan escritas? Léenoslas de ahí donde tú las ves, pues nosotros no conocemos más que las escrituras que hemos heredado de nuestros antepasados. Dinos las leyes de las que hablas, para que oyéndolas seamos sanados y justificados’. [Entonces] Jesús dijo: ‘Vosotros no entendéis las palabras de la Vida, porque estáis en la Muerte. La oscuridad oscurece vuestros ojos, y vuestros oídos están tapados por la sordera. Pues os digo que no os aprovecha en absoluto que estudiéis las escrituras muertas si por vuestras obras negáis a quien os las ha dado. En verdad os digo que Dios y sus leyes no se encuentran en lo que vosotros hacéis. No se hallan en la glotonería ni en la borrachera, ni en una vida desenfrenada, ni en la lujuria, ni en la búsqueda de la riqueza, ni mucho menos en el odio a vuestros enemigos. Pues todas estas cosas están lejos del verdadero Dios y de sus ángeles. Todas estas cosas vienen del reino de la oscuridad y del señor de todos los males. Y todas estas cosas las lleváis en vosotros mismos; y por ello la palabra y el poder de Dios no entran en vosotros, pues en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu habitan todo tipo de males y abominaciones. Si deseáis que la palabra y el poder del Dios Vivo penetren en vosotros, no profanéis vuestro cuerpo ni vuestro espíritu; pues el cuerpo es el templo del espíritu, y el espíritu es el templo de Dios. Purificad, por tanto, el templo, para que el Señor del templo pueda habitar en él y ocupar un lugar digno de él. Y retiraos bajo la sombra del cielo de Dios, de todas las tentaciones de vuestro cuerpo y de vuestro espíritu, que vienen de Satán’.» (El Evangelio de la Paz. Libro Esenio de Jesús 2:26 al 3:12)

 

Frederick Guttmann R.

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