Tema 2 (Módulo IV) – ¿Qué es la Religión?

En la antigüedad, la religión y la ciencia estaban tan estrechamente asociadas que eran parte de la misma escuela. La religión era más o menos algo como el estudio del conocimiento espiritual, el desarrollo de la mente, la búsqueda de la ascensión espiritual y la vida dedicada a lo sagrado: una vida sana. Algunos siguieron conservándola como un estilo de vida o filosofía. Con los siglos y con el establecimiento de dogmatismos, sectas y nuevos movimientos de creencias, la religión se apartó de la ciencia para convertirse en una partidaria de la devoción a dioses paganos, la deificación a estatuas, ataduras, remordimientos, la acumulación de fortunas, el control de las masas –alejándolos de la libertad espiritual-, la manipulación del conocimiento y la visión de un credo basado en fantasías, fábulas y lecturas tergiversadas. Claramente en este sentido no todas las religiones gozaban de la misma fama, ni eran iguales, ni tuvieron la misma evolución.

La palabra castellana “religión” proviene del latín “re-ligare”, que traduce: “volver a ligar”, o “volver a unir”. Significa esto, porque se entendía que la religión, en antaño, servía para acercar a los hombres al conocimiento espiritual y reconciliarlos con El Todo, el Creador, el Padre Universal. En la Biblia únicamente se menciona en cuatro ocasiones, en Hech. 25:19 como Superstitione en latín, Deisidaimonías (temor a los dioses, superstición, religión) en griego, mientras los modernos hebraístas lo tradujeron del griego al hebreo como Abodat (trabajo) y Dabar (palabra). En Hech. 26:5, la vulgata usa la forma Religionis, mientras la griega dice Thriskeías (adoración, culto, religión). Esta forma se repite en la carta de Jacobo (Sant. 1:26, 27). No se menciona este concepto en la TANAQ, dado que los hebreos no tenían religión, sino leyes civiles, y el concepto de la deidad no era superstición sino un hecho. Es cuando el mensaje se incorpora a la edad sometida al imperio romano y a la lengua y mentalidad griegas, que se viene a hablar de religión o superstición.

Ahora bien, las religiones son tan antiguas como nuestra propia historia conocida, o historia oficial. Ya en textos como “el Documento Troano” de los mayas o “Las Tablillas Esmeralda de Thot” halladas en el Yucatán, se habla de la espiritualidad de los pueblos de otrora y su conexión con el mundo mental y espiritual. Ya había constancia de la conexión del alma entre los humanos, como un único vínculo, estrecho y fuerte, una sola mente, una sola forma de pensar, una única visión del TODO (Dios). Esto no significa que no disintieran en ciertas ideas o que sencillamente estuviesen en un punto fijo dentro del progreso en el conocimiento y búsqueda de lo divino. Ergo, las religiones se han vuelto un motivo de sujeción, control y dominio sobre las masas, siendo que Cristo llamó a la libertad: «Si moristeis con Cristo de los elementos del mundo, ¿por qué, como si vivierais en el mundo, os sometéis [a doctrinas], tales como: “No manejes”, “Ni pruebes”, “Ni toques”? Todo esto que destruye con el uso, venido de preceptos y enseñanzas de hombres. En cierto modo, son palabras que por un lado tienen sabiduría en religión personal y severo trato del cuerpo, pero no tienen valor alguno con [respecto de] las gratificaciones del carne.» (Col. 2:20-23)

Todos los caminos espirituales deberían conducir al Padre Celestial, pero no todas las enseñanzas evaden los intereses subjetivos de nuevas tendencias o motivaciones mundanas para controlar a los devotos y sacar lucro de su hambre y sed de consuelo. Es posible que la mayoría de religiones del mundo empezasen con buenas intenciones, pero también es posible que prácticamente todas hayan sido “manipuladas” para terminar convirtiéndose en más “sistemas de atadura” humana, o sencillamente distracciones que evaden del mejor camino y el directo a la Luz. Pero entonces, ¿cuál es la religión verdadera? Jacobo (Santiago, que es “Saint-Iacof”, es decir, “San Jacobo”), uno de los hermanos de Jesús, dijo: «Si alguno se piensa religioso [entre vosotros], [mas] no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, su religión es vana. Religión limpia y pura para Dios y Padre es ésta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y mantenerse inmaculado del mundo.» (Santiago 1:26-27) Notoriamente, los promotores del “cristianismo” no estaban opuestos ni en guerra con quienes buscasen lo espiritual, pero sí señalaban los principios que debía obedecer cualquier religión honesta.

 

Guerra entre religiones

Lo que realmente importa en un “credo” es ayudar al próximo y abstenerse de lo mundano. Evidentemente, para ello no existe nombre de una denominación en concreto, ya que cualquier persona, de la “fe” que sea que profese, puede cumplir estos requisitos que Jacobo enseña. No obstante, si la ley enseñada a Moisés es aquello que nos explica qué nos tiene alejados de Dios, ¿cómo es posible que otras religiones la apliquen? Pablo habló sobre esto: «Cuando las naciones que no tienen la ley, mantienen naturalmente lo que es hacer la ley, en sí mismos son ley; quienes muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, testificándoles la conciencia, y en tanto, paralelamente, el raciocinio les acusa o defiende; en [el] día cuando Dios juzgará lo oculto del hombre, por mi evangelio a través de Cristo Jesús.» (Rom. 2:14-16)

Todas las religiones profesan ser la verdadera, pero prácticamente todas subyugan a sus “feligreses”, de un modo o de otro. De hecho, han existido y existen instituciones religiosas, que en el nombre de Dios, hacen todo lo que el Señor reprueba: «Porque sucederá en aquel día que las iglesias que se hayan establecido, mas no para el Señor, dirán la una a la otra: ¡He aquí que yo, yo soy la del Señor!; y dirán las demás: ¡Yo, yo soy la del Señor! Así hablarán todos los que hayan establecido iglesias, mas no para el Señor; y contenderán una con otra; y sus sacerdotes disputarán entre sí, y enseñarán con su conocimiento, y negarán al Espíritu Santo, el cual inspira a hablar. Y niegan el poder de Dios, el Santo de Israel, y dicen al pueblo: Escuchadnos y oíd nuestro precepto; pues he aquí, hoy no hay Dios, porque el Señor y Redentor ha acabado su obra y ha dado su poder a los hombres; he aquí, escuchad mi precepto: Si dijeren que hay un milagro hecho por la mano del Señor, no lo creáis, pues ya hoy no es un Dios de milagros; ya ha terminado su obra. Sí, y habrá muchos que dirán: Comed, bebed y divertíos, porque mañana moriremos; y nos irá bien. Y habrá también muchos que dirán: Comed, bebed y divertíos; no obstante, temed a Dios, pues él justificará la comisión de unos cuantos pecados; sí, mentid un poco, aprovechaos de alguno por causa de sus palabras, tended trampa a vuestro prójimo; en esto no hay mal; y haced todas estas cosas, porque mañana moriremos; y si es que somos culpables, Dios nos dará algunos azotes, y al fin nos salvaremos en el reino de Dios. Sí, y habrá muchos que de esta manera enseñarán falsas, vanas e insensatas doctrinas; y se engreirán en sus corazones, y tratarán afanosamente de ocultar sus designios del Señor, y sus obras se harán en las tinieblas. Y la sangre de los santos clamará desde la tierra contra ellos. Sí, todos se han salido de la senda, se han corrompido.» (2ª Nefi 28:3-11)

Porque ciertamente, “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas…” (Hebreos 1:1) De modo que la obra de Dios se ha desarrollado en todas partes del mundo, virtiendo su sabiduría de diferentes maneras. En unos, a la verdad, de una forma, y en otros, de otra, de modo que nos nutramos unos de otros, y aprendamos de la multiforme sabiduría de dios que se expresa cuál colores de un arco iris: es Asia de una tonalidad, en África de otra, en Europa de otra, en Medio Oriente de otra… Nos ha dado a conocer la Palabra de variadas formas, según la ápoca, las circunstancias, la mentalidad y las tradiciones, para que observemos que su gracias se manifiesta plenamente en la variedad, la cual unida expresa la Luz, la Verdad. Por ende, el amor de dios ha venido por medio de sus ángeles para traer verdad, amor, paz y todo tipo de más enseñanzas, no sólo a la casa de Israel sino a muchos de otras naciones, para que la justicia de Dios sea manifiesta, en que él no hace acepción de personas (Rom. 2:11) y además, quiere que todos sus hijos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1ª Tim. 2:4).

Dios ha hablado en todos los tiempos de diferentes maneras; no obstante, los hombres han tergiversado sus palabras y se han inclinado a lo negro de sus corazones: «Aunque hubiéramos hecho que los ángeles descendieran a ellos, aunque les hubieran hablado los muertos, aunque hubiéramos juntado ante ellos todas las cosas, no habrían creído, a menos que Dios hubiera querido. Pero la mayoría son ignorantes.» (Corán 6:111). Dios ha dado muchas oportunidades a variados hombres, en muchas épocas y en muchos lugares, para que toda lengua, tribu y nación conozcan al Dios de la verdad; mas los hombres han escogido sus propios caminos y han pensado antes en el “control”, el “poder” y las “riquezas”, y no en el Reino de Dios: “¿Quién sino el necio de espíritu puede sentir aversión a la religión de Abraham? Le elegimos en la vida de acá y en la otra vida es, ciertamente, de los justos. Cuando su Señor le dijo: “¡Sométete!”. Dijo: “Me someto al Señor del universo”. Abraham ordenó hacer lo mismo a sus hijos varones, y también Jacob: “¡Hijos míos! Dios os ha escogido esta religión. Así, pues, no muráis sino someteos a Él”.» (Corán 1:130-132) Estas enseñanzas fueron cada vez más tergiversadas y manipuladas al grado de crear guerra, violencia, intolerancia, radicalismo, antisemitismo, xenofobia, odio, resentimiento, obsesión e ignorancia, porque cualquier religión que no se establezca en el “AMOR”, no tiene validez alguna.

De modo que, efectivamente el Señor trajo mensajes, pero el bagaje intelectual, los intereses creados y el espíritu del receptor, y de lo que venían después de él, iban modificando la idea primigenia y convirtiéndola, rápida o lentamente, en una secta, aunque oficialmente se presentase como una religión pura o una filosofía sana. Pero la tolerancia, el respeto y el amor superan toda barrera, todo obstáculo y todo credo; porque se nos vino a enseñar el AMOR, y de cada forma que Él consideró fue traída esta enseñanza: «Decid: “Creemos en Dios y en lo que se nos ha revelado, en lo que se reveló a Abraham, Ismael, Isaac, Jacob y las tribus [de Israel], en lo que Moisés, Jesús y los profetas recibieron de su Señor. No hacemos distinción entre ninguno de ellos y nos sometemos a Él.» (El Corán 1:136). ¿Por qué difieren las Escrituras y mensajes originales de lo que vino después? ¿No es acaso el hombre el que daña la obra de Dios y tergiversa su Palabra para trastornar las religiones, y así trastornar a las masas? Todo camino espiritual puede conducir al Padre, siempre y cuando esté encausado en esta verdad: Amar a Dios, por encima de todas las cosas y al prójimo como a uno mismo (Mat. 22:37-38), ya sea de la denominación religiosa que sea, pues Dios ama a todos los hombres por igual, y ni él ni Jesús tienen religión predilecta ni pertenecen a denominación alguna: ni dios ni Jesús tienen, o son, religión, más las religiones tienen por fin buscarle y tratar de hallarle.

 

¿Sirve de algo señalar a otras religiones?

Lo realmente importante en esta vida es buscar a Dios y la espiritualidad: «…esto explica por qué el budismo, que es la religión psicológicamente más sofisticada de todo el mundo, no aborda la cuestión de Dios. Y esto es así porque Buda no abordó la cuestión de Dios mientras seguía estando en el cuerpo que llamas “buda” […] Cuando Buda dijo: “Estoy despierto”, quería decir que se había dado cuenta de que ya no participaba en la ilusión, sino que era el hacedor de toda la ilusión. Aún así, hace falta una paso más, y ese paso se produce cuando la mente, que es la hacedora de la ilusión, elige ir completamente en contra de sí misma y a favor de Dios. Por supuesto que alguien con la tremenda realización de Buda tuvo vislumbres de esto, pasando rápidamente a tener exactamente la misma conciencia que Jesús. Pero Buda logró esto en una vida de la que el mundo ni siquiera sospecha. No es anormal que haya personas que alcancen el nivel de iluminación de Jesús en el anonimato, y que la gente piense que lo alcanzaron en una vida en la que fueron famosos, cuando en realidad no fue así. La mayoría de los que alcanzan la verdadera maestría espiritual no están interesados en ser líderes.» (Apóstoles Tomás y Judas Tadeo a Gary Renard – “La Desaparición del Universo”)

En una mesa redonda sobre religiones le preguntaron al Dalai Lama cuál era la religión verdadera, a lo que él contestó: «La mejor religión es la que te aproxima más a Dios, al Infinito. Es aquella que te hace mejor.» Cuando le preguntaron qué lo hace a uno mejor, afirmó: «Aquello que te hace más compasivo, más sensible, más desapegado, más amoroso, más humanitario, más responsable, más ético… La religión que consiga hacer eso de ti es la mejor religión.» Ahora bien, es evidente que el ser humano buscará a dios, más se topará en el camino con tropiezos, engaños, frustraciones, decepciones, conformismos y limitaciones, pero el intento es lo que lleva a la victoria, pues quien no arriesga no gana. «El que busque no debe dejar de buscar hasta tanto que encuentre. Y cuando encuentre se estremecerá, y tras su estremecimiento se llenará de admiración y reinará sobre el universo/mundo.» (Tomás 1:2) El que busca la verdad ha de perseverar en su empresa, puesto que dará con la respuesta. Una vez descubra la verdad quedará impactado y se verá por encima del mundo, como humanidad. La Luz es la plenitud, y nadie la consigue en esta vida (para eso está la vida eterna), pero pueden subir de niveles de conciencia, entendimiento, sabiduría, conocimiento, superación y progreso, como el propio Jesús mostró con su vida en el cuerpo de este mundo (Luc. 1:80, 2:40, Mat. 3:16-17, Juan 7:39, 12:16, 23, 28). La naturaleza del Cristo es más de lo que podemos imaginar, pero en la Tierra nos dio ejemplo de cómo el hombre empieza en el desconcierto, la ignorancia y la incertidumbre, avanzando hacia la verdad, y será en la “resurrección” cuando empecemos realmente a progresar sobremanera y a reconocer quiénes somos verdaderamente.

 

Por sus frutos los conoceréis

Podemos ver claramente que hay muchos impostores y engañadores que intoxican con doctrinas de demonios, y se disfrazan de profetas. Escrito está: «Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recolectan gajos de uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol hace buenos frutos, pero el árbol corrompido hace frutos malos. No puede el buen árbol hacer malos frutos, ni el árbol corrompido hacer frutos buenos. Todo árbol que no hace buen fruto, es cortado y echado en el fuego. De modo que, entonces, por sus frutos los conoceréis.» (Mat. 7:16-20) Un Hijo de Dios no puede dar malos frutos ni del mal puede salir palabra de amor y unión con el Creador, pero los que enseñan malas doctrinas y pervierten la moral y destino de los hombres, ésos, serán lanzados “al fuego”. Por otro lado, quien quiera que enseñe luz, será considerado luz (Mat. 5:19), y no es enemigo de Dios (Luc. 9:49-50): «Considera a los otros como si fueran tú mismo; […] Si alguien te abofetea, te apalea o te arremete con un cuchillo, debes renunciar a los impulsos y no proferir palabras malvadas; […] Renunciad a matar, ni con palo ni con espada; […] No os fijéis en las faltas de los otros ni en lo que los otros han hecho o hayan dejado de hacer; mirad lo que vosotros mismos habéis hecho y habéis dejado de hacer.» (Siddhartha “Buda” Gautama – 566 a.C.)

Consideremos que si dios solo hubiese estado con Israel, nadie más le habría conocido, pero no ha sido así. Su “reputación” le precede en todo el mundo (Salm. 8:1), aunque unos le llamen de una manera y otros de otro; aunque en nuestro desconocimiento unos le atribuyan males y otros le resten méritos: «Y abriendo la boca Pedro, dijo: Verdaderamente comprendo que Dios no es parcial, sino que en toda nación quien le teme y obra rectamente, es aceptable a Él.» (Hech. 10:34-35) Al final lo que contará es que, según sean nuestras obras –no nuestra religión- será nuestra paga en el día que se haga justicia: «…El Dios que es grande, que es fuerte, Iaheveh Tzabaot es su nombre; grande en consejo, y amplio en hechos; sobre los cuales están abiertos tus ojos, sobre todo camino de los hijos de Adán, para dar al varón según su camino, y según el fruto de sus hechos.» (Jer. 32:18-19)

 

Frederick Guttmann R.

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