Tema 2 (Módulo V) – Mesías: ¿Rey y Profeta?

Jesús nació en Belén (Beit-Lehem = “Casa del Pan” (Miq. 5:2)) y crecido en Nazaret (Natzeret = Consagrado (Mat. 2:22-23)) –aunque pasó su infancia en Egipto (Oseas 11:1)-. Situó su domicilio en Cafarnaún (Quepar-Najum = Expiar el Arrepentimiento), antes de iniciar su ministerio entre los judíos. Nacido de María (Mariam), mujer de José (Yosef), hija de Joaquín y Ana, tiene ascendencia levítica, aunque por José recibe, legalmente, el linaje judío. Se calcula que su predicación oficial duró 3 años y medio, tras lo cual fue asesinado por un complot del Sanedrín, dejando la carga al régimen romano. A los tres días resucitó, y a los 40 ascendió al Cielo, proveyendo a sus seguidores del Espíritu Santo 10 días después de aquello. Se cree que tras su ascensión continuó enseñando a sus discípulos, al menos por unos 11 años más, y dejó muy claro desde el principio que su reinado glorioso tendría lugar con su regreso al final de los tiempos.

 

Los que advirtieron sobre su venida

Muchos antes de los videntes de Israel hablaron de la venida de “Aquel”, incluso lo hicieron después, pero pocos sabían en profundidad lo mucho que englobaba el Mesías. Los profetas habían advertido que el Ungido, Elegido y Enviado (Shiloah o Shiloj (Gén. 49:10)) sería, entre otras cosas que los religiosos judíos quisieron obviar: 1) traicionado (Sal. 41:9-10); 2) quedaría solo en cierto momento (Zac. 13:7); 3) entregado en manos de incircuncisos (Sal. 22:18); 4) le perforarían las manos y los pies, pero no le romperían un solo hueso (Sal. 22:16-17); 5) sería desfigurado (Isa. 53:3-7); 6) su corazón se derretiría (Sal. 22:14-15); 7) moriría (Dan. 9:26); 8) volvería del inframundo (Sal. 16:10, 30:3 y 86:13, Oseas 6:2); 9) puesto entre ladrones, pero sepultado en tumba de un rico (Isa. 53:9); 10) expiaría el pecado de muchos (Isa. 53:10-11 y Dan. 9:24); 11) subiría al Cielo (Isa. 53:8 y Juan 3:13); 12) tendrá un remanente (Isa. 53:10 y Sal. 22:30-31). Por lo demás, se esperaba –y espera- que reinará sobre todo, eternamente (Dan. 7:13-14), y viene a ser el emisario de Dios y su representante (Isa. 7:14-17), por lo cual es llamado “Señor” (Salm. 110:1 y Mat. 22:41-46).

Además de esto, vaticinaron que este Hijo de Dios enseñaría la justicia a sus hermanos israelitas (Sal. 22:22 y Miq. 5:3); se preocuparía por los necesitados (Sal. 22:24-26); reuniría a las tribus esparcidas (Isa. 11:11); llevaría luz a las naciones (Isa. 11:9); reinaría en el trono de David, siendo rey del mundo (Sal. 22:27); el Espíritu Santo estaría sobre él (Isa. 11:1-5). Quien vino es más grande que aquel a quien esperaban los israelitas, pues ellos tenían la noción de un “elegido” para suceder al rey David en el trono (Luc. 1:31) y redimir a la nación de Israel (Luc. 24:21) desde un punto de vista socio-político, aparte de aquel que esperaban como profeta en reemplazo de Moisés (Juan 1:25). Ellos no sabían que el mismo Ungido es rey, profeta y sumo sacerdote (los tres cargos donde se es ungido y que ningún hombre ministra a la vez), tomando la preeminencia no solo en esto sino como primogénito de los muertos, sacrificio para expiación definitiva del pecado, señor sobre todo en la Creación. Aunque naciera como hombre, ni ellos, ni ángeles, ni dioses, ni demonios, ni fuerzas saben, ni han sabido, la verdadera procedencia de Jesús, a pesar de haber nacido en la carne, pues ignoran el origen de su espíritu y de su naturaleza (Juan 1:18).

El Cristo, Emanuel (Imanu-El = Con Nosotros Dios) es considerado el Mesías que librará a Israel de sus enemigos, pero Jesús es, además, la Palabra creadora del Padre Universal –por medio de quien fue hecho todo-, mientras en el mundo únicamente lo percibieron algunos como: 1) Hijo de Dios (Elohim), en conformidad con el linaje de los dioses. 2) Hijo del hombre (Adam), por cuanto representa a la humanidad y vino a salvar a la raza de Adán. 3) El profeta, porque es cabeza de la profecía de todas las cosas concernientes al pasado, presente y futuro del mundo y el conocimiento de sus hechos, siendo, además, el portavoz de Dios. 4) El rey de Israel, toda vez que unirá todas las fronteras y será así monarca de todo el mundo, desde este país, cumpliendo la palabra dicha en el pasado, de que tomaría el trono davídico. 5) Sumo sacerdote de la orden de Melquisedec, pues es intermediario perfecto y puro entre los hombres y Dios. 6) El cordero de Dios, puesto que se entregó para expiar la iniquidad de muchos y eliminar el poder del pecado, la corrupción y la muerte. 7) La Resurrección, porque tiene la preeminencia como primogénito de los muertos resucitados y vivificados. 8) La Vida, porque tiene la potestad y autoridad de dar la vida, concretamente Eterna, la inmortalidad en cuerpos perfectos (es en quien preside la resurrección perfecta). 9) El Buen Pastor y Pastor de los Pastores, pues guía y cuida a sus ovejas (las gentes, especialmente a los suyos), por el camino de la rectitud y la justicia. 10) El unigénito del Padre, toda vez que es el único que realmente ha procedido de la suma majestad y que es acorde al Padre Celestial. 11) El primogénito de toda creación, ya que existe antes de todas las cosas, antes del mundo, estando en el Padre. 12) La luz del mundo, ya que tiene la verdad y el conocimiento sobre todas las cosas, y es en quien preside la iluminación espiritual del universo.

 

Hombre modelo y perfecto

Todas las cosas le fueron sujetas, ya que experimentó la vida como cualquier hombre, mas en nada se le halló fallo alguno con respecto de la Ley. Vino, no solo a cumplir con las cosas que inferían en cánones humanos, sino para quitar el poder de las autoridades del caos y dar la inmortalidad y la vida eterna al género humano, enseñándoles el camino de la verdad, y dándoles esperanza en una resurrección para experimentar el cosmos acorde a un ordenamiento nuevo: justo, recto y digno. Asimismo, preparó una vía para los que han de coheredar el reino con él como sacerdotes (Apoc. 20:6): aquellos que viven según sus mandamientos y en sus obras. Todo esto fue llevado a cabo por un plan preestablecido, donde, asimismo, cumpliendo aquello, recibe la autoridad de ser juez de vivos y muertos, tomando la potestad del Juicio Final, donde cada individuo será juzgado por sus obras.

 

Frederick Guttmann R.

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