Tema 2 (Módulo III) – Los Nombres de Dios

Dios

La palabra “Dios” proviene del latín “Deus”, y ésta del griego “Theos”, “Thea” y “Thei”, que se refieren a la deidad. El nombre Theos deriva del significado de “el que Todo lo Ve”, o de “Thea”: “Visión”. La raíz de este vocablo es mucho más antigua. Si nos vamos a lenguas primigenias, ahí encontramos, igual que Thea, el nombre “Ra” (Ver o Visión) y que se simbolizaba con un “ojo” (la forma opuesta y de engaño sería antagónica, asimilada como Ra, también en semítico, pero significando “mal”). Las formas griegas son Thei, Theos, Thei, Theoi, todas partiendo de las letras Theta, Épsilon y Omicron. Thea es “diosa”, pero etimológicamente alude a: vista, contemplación, aspecto, mirar, espectáculo, apariencia. Dado que esta palabra es a su vez una forma de Zeus (donde la Theta es reemplazada por la Dzeta), sale de ahí el término Diós, directamente, pues no es otra cosa, en griego mismo, que un genitivo de Zeus, que significa: brillante, luminoso; magnífico, noble, excelente; divino, celeste; de Zeus, procedente de Zeus, igual que las formas Dioson o Diosa. Notoriamente, esto proviene del sánscrito, del dios hindú Djaus-Pitar (que pasó a Iu-Pitar, y de ahí al romano Júpiter). Djaus significa literalmente “Luz”, e identifica al dios hindú de los cielos, dando a entender por Djaus, el “cielo”. Por eso es denominado Djaus Pitar, pues “Pitar” significa “padre” (de ahí procede esta palabra, y también el concepto de “Dios Padre”). De modo que Djaus-Pitar es “Padre del Cielo” o “Luz del Cielo”, totalmente antagónico al etrusco que presenta el engaño opuesto (empezando por la lingüística): Dis Pater (Padre de la Riqueza, es decir, el Hades griego, que otros interpretan como “contrario al Padre”).

Hay que denotar que la forma Djaus, al dar lugar fonéticamente a Iu (como he explicado, del nombre completo, Iu-Pitar), corresponde con el griego Iao o Ieu (posterior Jeu o Jao), la transliteración más común que se realizó desde los primeros siglos, de la abreviación del tetragramatón IHVH, que otros han asimilado como Jehovah, Yahvé, Yehová, etc. La forma abreviada Iah, parece también asociarse, de modo que, en resumidas cuentas, sería igual que decir “Yah el Padre”. Otra connotación radica en que la forma griega Día -que da lugar al vocablo castellano “día”, que identifica las 12 horas de la luz solar, o el lapso de 24 horas en que la tierra gira en sí misma con respecto del sol-, es un acrónimo del nombre Zeus (de hecho, Zeus tenía “12 horas”, es decir, “12 luces”, como luego Jesús se adjudica en cuanto a sus apóstoles: Juan 11:9). Se puede ver incluso en la carta de Lucas sobre los Hechos de los Apóstoles (cap. 14:12), donde afirma que en Listra, región de Licaonia, a Bernabé le llamaron “Día”, que es Iovem en latín (el dios Jove, o sea, Zeus) y en romano Júpiter. Luego se define al sacerdote de Júpiter, en griego, como sacerdote de “Diós”. En las propias traducciones del griego al hebreo, Salkinson-Ginsburg traduce “Bel”, mientras Delitzsch traduce “Iupiter”, encajando incluso con la versión Vulgata, que lo denomina Iovem.

Es notorio que Jove (Iovem, Ioios) es una transliteración, corrupción o asociación directa de Iave, el Iao griego, Yav siriaco y Yah hebreo. Se acepta claramente que etimológicamente Júpiter (nombre romano de Zeus) significa “padre de las luces”. Esto vuelve a llevar a Jesús, quien dice que es “la luz del mundo”, y considerando que los términos “Luz” y “Día” se refieren al Dios, deja claro que Jesús hablaba de sí mismo como “el Dios del mundo”. Todos esto es importante recalcar, dada la enorme confusión de los pueblo antaño a hoy, sobre la naturaleza verdadera de Dios. Los propios griegos tenían como idea de dioses a los mismos que otros pueblos, fuese hindúes, griegos o nórdicos, siempre asociados a cuestiones divinas, sobrenaturales o de espíritus. De estos pueblos vino la popular idea de “demonio”, que originalmente era visto como algo derivado de los dioses. Por ejemplo, Daimonáo significaba “estar furioso”, loco o poseído por un mal espíritu, mientras Daimónios era alusivo a algo “divino”, procedente de los dioses; maravilloso, extraordinario, inaudito, extraño. Eso explica porqué la forma “tó daimónion” se refería a la divinidad; genio, espíritu, demonio, espíritu maligno, como se aprecia notablemente con el vocablo Daímon. Se asumía, pues, que los demonios eran manifestaciones de los dioses, y sus únicos intermediarios. Esto nos lleva, entonces, a una serie de cuestiones a resolver paulatinamente.

El demiurgo (en griego: Δημιουργός, Dēmiurgós), en la filosofía gnóstica, es la entidad que sin ser necesariamente creadora es impulsora del universo (nótese que comienza con la forma “Dimio”, cercana a “Daimon”, como explicaba con  anterioridad). También es considerado un semidiós creador del Mundo y autor del universo en la filosofía idealista de Platón y en la mística de los neoplatónicos. Por tanto, demiurgo significa literalmente: maestro, supremo artesano, hacedor; aunque resaltando el griego significaría “creador”. Esta distinción características usa para diferenciar un Dios como ser divino cualquiera, un creador, un sostenedor del universo (de ahí incluso las diferencias fijadas entre “deísmo” y “teísmo”). Además de las apreciaciones griegas, como Pantocrátor (Toda Fuerza, o Todo Poder), o las tantas hebreas, existen las formas de otros pueblos. Por ejemplo, en el idioma inglés se denomina a este ser supremo o demiurgo, “God”, de las lenguas antiguas donde consideraban a “Thot” uno de sus dioses más emblemáticos –de ahí también podemos encontrar a “Thor”, un dios nórdico. Sorprendentemente, ambos nombres, “Ra” y “Thot”, aparecen en la historia de los dioses egipcios y se pueden apreciar en las historias de las Tablillas Esmeralda halladas en el Yucatán, y en el Documento Troano de los mayas. A estos dos personajes se les reconocía por ser los sabios atlantes de la era antigua que edificaron las pirámides de Egipto, antes del nacimiento de las dinastías faraónicas.

No obstante, la apreciación más aceptada del origen de la voz God es una designaciones cuya raíz se pierde, pero llega en cierto grado a rastrearse por medio del gótico Guth y el sueco Gud. Se cree que este concepto provino de la veneración a Teiwaz o Tiwaz, que es la reconstrucción del nombre de Tyr, el dios del cielo, derivado de la forma indoeuropea Teiwos (de donde también se trastera el término “Deidad”, que proviene de la diosa madre de los dioses védicos: Diti, que pasó al inglés Deity). Vemos una y otra vez, un dios bueno y un dios malo, incluso asumidos pajo el mismo epíteto, seudónimo o nombre (en este caso, la voz Tyr, podría haber dado lugar a “tiranía” o “tirano”, y otras derivaciones, como Ziu, asociarse con el mesopotámico Zu). La forma Tyr, y sus derivaciones: Tiw, Tiu o Tiuz, puedes ser una similitud de Teo y Deus, de las que ya hemos hablado. Con respecto de Teiwaz o Deiwos, es una derivación de la palabra Djew (Cielo), que formaba el nombre Ph-Djeus-Ter (Júpiter), que pasó también al romano, primeramente como Dioupater (Dios Padre). La forma de todas estas palabras o calificativos partes del védico Deva (de donde vino la voz “divinidad”), que es el término colectivo para referirse a una deidad. De hecho, volviendo al punto donde una definición se puede fácilmente volver antagónica, Deva dio lugar al inglés Devil (Diablo).

Pero volviendo con God, del alemán Gott, se ha rastreado un origen del indoeuropeo Ghuto-M, de la raíz verbal Gheu (llamada, vierta), que también pasó al germánico Guda. La forma alusiva a “verter” se asocia al avéstico, que indicaba una libación a la deidad. Por su parte la idea de “llamada” era como una “llamada mágica”, lo cual se puede asociar a la forma árabe Djinn y sus derivaciones a otras lenguas, como Gin, y posteriormente “genio” (en el Corpus Hermeticum, su redactor egipcio o griego llama a Dios, “el Buen Genio”).

 

Elohim

El nombre Elohim se trata de un plural de Eloah, donde ambos, Elohim y Eloah, provienen de formas ugaríticas, semíticas y cananeas, igual que el mayestático Elion, como nombre propio del dios de cielo atmosférico, hijo de Dagon. Elohim deriva de la deformación acadia Iluim, que significaba “ilustres” o “elevados”, modo de llamar a los sumerios Anunnaki (aquellos que del cielo cayeron a la Tierra). Dado que los Anunnaki se aprecia que eran de elevada estatura, Iluim también designaba algo “elevado” o “importante”, tanto por su altura como por provenir del cielo. La forma singular de Elohim, Eloah, se asocia a la corrupción del nombre Elil, que proviene del sumerio Enlil, dios del viento y el clima (dios del cielo atmosférico). Eloah parte de la raíz El, que sería el equivalente al español “dios”. De ahí proviene la forma árabe Alá. La raíz hebrea “El” (Dios), y la árabe “Alá” (Dios) vienen de lenguas mesopotámicas, de hecho, los propios cananitas llamaban a su mayor deidad pagana “El”. Por ejemplo, los acadios llamaban a sus dioses “altos” o “ilustres”, los “Ilu”, cuyo gran padre y divinidad máxima era “An” o “Anu”, de donde salen voces como: “One” (“Uno”, en inglés), “A” o “An” (“Un”, en inglés), “Uno” (1), “Aní” (“Yo”, en hebreo), “Ena” (“Uno”, en griego) y “Año” o “anual”. Así mismo la “A” identifica el “Inicio”, el número “1”, así como a la máxima deidad, que los pueblos de otrora relacionaban con el toro. Es importante reseñar que anu era padre de Enlil y Enki/Ea, siendo Enlil el legítimo heredero al trono por derecho de sangre real de padre y de madre, y Enki el hermano mayor, solo de sangre según su padre, siempre quiso el trono.

Claramente este tal “Anu”, a quien el historiador babilonio Beroso llamaba Oannes (Dagon), era la parte del gran Dios que es el engañador. Es decir, he mencionado varias veces que los nombres, epítetos y formas del Dios más grande conocido en la antigüedad, tenía discreta, y casi desconocidamente, un ser antagónico, llamado casi igual –o hasta llegando a ser idéntico- y siendo confundido para aquellos no adeptos a la Verdadera Luz. Este era llamado por los judíos “Samael”, de la forma hebrea Semel (estatua), y cuyo a característica era el “celo”, o sea, era un “dios celoso” (como consta en los registros de varios manuscritos de Nag Hammadi). De este ser cuyo “imagen de celo” provocaba a celo, se habla en muchos textos del pasado (Eze. 8). Si bien, el gran error dentro del término Elohim pervive hasta hoy, donde El, Eloah y Elohim se traducen e interpretan como “Dios”, indistintamente como colectivo o individual. Decididamente no se trataba de un nombre propio, salvo para mesopotámicos, y se usaba tanto para singular como para plural, como para una deidad positiva o una negativa. Aquí radica el punto inicial de mucha confusión.

 

Todopoderoso

Otra designación que se ha usado a menudo es la de “Todopoderoso”, que es lo mismo que “Omnipotente”, cuyo equivalente griego es Pantocrátor (Pan o Panto, es “todo”, y Crátor es “fuerza”, de donde posiblemente venga la voz “Creador”). Se comenzó a usar para definir el vocablo hebreo “El Shadai” (que comienza a aparecer desde Gén. 17:1), cuyo significado real se desconoce. Se interpretó que Shadai era una forma compuesta y comprimida de Iesh-Daian (hay juez), mientras otros asumieron que era She-Dai (quien suficiente). De esta última idea nació la idea de “aquel quien es autosuficiente”, y dado que “El” era el equivalente de “Dios”. De modo que El Shadai volvió a cambiar, pasando al latín “Omnipotens”, y al español como Todopoderoso (en inglés se adaptó la idea de Almighty: “toda maravilla”). Hay que considerar que solo algunos asociaron Shadai con la forma Sede, escrita también con las letras semíticas Shin y Dalet, y que significa “campo”, como aquellos que veneraban al dios de los campos. No obstante, la apreciación que todos han obviado es la de la clara e inequívoca raíz de Shadai, que es Shed (demonio). Si observamos que el concepto de demonio (Daimon), antiguamente estaba vinculado a la “manifestación divina”, no es extraño que esto se acople a la forma greco-egipcia del “Buen Genio”, asimilando que para los antiguos, los espíritus, demonios y genios eran, en cierto sentido, lo mismo. Es más, Henoc llamar dios con el que habla: “el Señor de los Espíritus”. Por consiguiente, El Shadai puede ser, sin problema alguno, una alusivo a “Dios de los Genios” o “Dios de los Espíritus”, que en otras palabras lo estaría situando como un dios incorpóreo, una dios espiritual.

Nuevamente todo esto nos transporta a otra civilización, en este caso la persa, donde Zoroastro llamaba a Dios “Ormuz” o “Aura Mazda”. La raíz semítica de Ormuz es “Or” (Luz), y es evidente que es una deformación de Ahura Mazda (el Aramazd parto y armenio). Ahura significa literalmente “Ser Alto”, mientras Mazda es “sabiduría”. Ahura Mazda es omnisciente, abstracto y trascendente, sin imagen concreta, por lo cual no es representable. Ahura Mazda es comprendido a través de la Buena Mente: pero esta comunión, este intercambio entre la Divinidad y los humanos que extiendan la mano en busca de Él, es único a través de la Buena Mente. Se comunica y se manifiesta a los mortales a través de sus propios atributos éticos que son una parte de su ser. Los hombres y mujeres pueden escoger ser como el Achaa (Rectos) o como Vohu Manah (con una Mente Buena y benévola), o cualquiera de las otras esencias propias del mismísimo ser de Dios. Da Sus propios atributos a la humanidad para progresar y evolucionar hacia la entereza. Algunos también con respecto de esto han vuelvo a ver el antagonismo y engaño, donde los indoarios habrían tenido por equivalencia de Ahura-Mazda a Varuna-Mitra. Se ha considerado seriamente que la voz “Ahura” diese lugar a al griego Aura, o Aira, que es soplo de aire, brisa, aura o viento. El Aura se define como el color o forma visible del espíritu, es esta forma griega la que da lugar al vocablo Aurion o Airion (mañana, al día siguiente). De modo que tenemos a un dios etéreo, distinto a los otros.

Este dios tan diferente a los otros, el “dios de dioses” es visto también en el hinduismo, bajo el nombre de Brahma, que significa “evolución” o “desarrollo”, en sánscrito. Brahma es el dios creador del universo, creado por el ser supremo Brahman, que algunos confunden con Vishnu. Si vamos a la historia de Abraham, cuando aún se llamaba Abram, Dios le aparece en alguna forma, y, entre las cosas que le consigna, le manda a consagrarle nuevamente la letra hebrea “Alef”. De modo que si hacemos un juego analítico de las voces, Brahma o Brahman, con la “A” delante, como prioridad o preeminencia, se lee como posteriormente Abram fue llamado: “A-Braham”. Sumando esto a cómo Jesús le reitera su relevancia como “padre” de aquellos muertos que llegan a su seno en el inframundo. Abraham es el primer violador del poder de Dis-Pater, en opositor e impostor de Dios, en el inframundo. Si a esto sumamos que Dios se define como el Alfa y el Omega, hemos de tomar la letra hebrea Alef, o la griega Alfa, que son semejantes en raíz, significado y lingüística y verlas con otra apreciación: Alfa pudo derivar o asociarse con el proto-germánico Alfar (elfo), que pasa a la forma Elbe, que significa “blanco”, que a su vez pasó al nórdico como Al (Todo), y en árabe se ve incluso como designación de Dios: Alá. En inglés, “todo” se dice “All”, de modo que claramente se ve el paralelismo (recordemos cómo se dice Todopoderoso en inglés: “Al-Mighty”).

 

Elion

Los hebreos usaban la forma Elohim para referirse a una deidad, mientras los romanos decían Numen (o Númenes, en plural) y los egipcios Nether. Pero la forma singular “El” no daba lugar a dudas sobre la naturaleza de quien se hablaba, aclarando que era una sola divinidad mencionada, a pesar de que, dependiendo del contexto, podría sencillamente usarse como complemento: “a”, “hacia”, “en”, “sobre”. Cuando Melqi-Tzedek (Melquisedec), le apareció a Abraham, ya este hombre había tenido experiencias con ángeles de parte de una dios que le sacó de Caldea. Después de esta experiencia con Melki-Tzedek, Abraham volvió a verse con otro ángel de El Shadai. Pero Melki-Tzedek, escribió Moisés, era un cohen (sacerdote) para El Elion. Elion sale de las letras Ain, Lamed, Yud, Vav y Nun, y su raíz, El, no es escribe como el otro El (Alef y Lamed), lo cual es un punto importante a tener en consideración, por causa de las confusiones ya mencionadas. Al o Alah es “elevado”, lo “superior”, lo “de arriba”, como también se lee en la forma Ilai. Debido a esto se ve la pugna con la otra idea de deidad procedente de Mesopotamia, también de Ilu, y la árabe de Alá. Aquí se aprecia que el dios Altísimo y el dios de los espíritus, son otra cosa diferente del dios que entendían los pueblos de la antigüedad, pues usaba la forma “El” para denotar que se habla de una deidad, pero aclara de cuál se trata. Los propios judíos, sea que lo entendiesen, o no, hablaban del “Dios Altísimo”, considerando a otro dios, o varios, debajo del mismo.

 

Ha Shem

Es evidente que este El Elion es diferente a los dioses inferiores, y encaja en muchos sentidos con el dios del que hablaba Jesús, aunque también él enfatizó que había un dios al que él llamaba “mi padre”, y otro que es superior a este, y otro superior a aquel. Un faraón egipcio tuvo la osadía de instaurar en el reino la creencia a un único dios, a través de la idea del dios Sol –pues entendía que el Sol era el símbolo de la Luz-, pero esto le costó la vida. Ergo, si lo que llamamos Dios es realmente incontenible, innombrable, inconmensurable, ilimitable, incognoscible, ¿por qué tratamos de darle un nombre? En muchos judíos le llaman en hebreo “ha shem” (el nombre), pero, ¿qué nombre? Jesús dijo: «Y he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer.» (Juan 17.26) Pero no pronunció ningún nombre, solo le llamó ABA (Padre). Los apelativos a la deidad ya eran conocidos antes de Jesús, entonces, ¿a qué nombre se refería? Para llamar a alguien, en hebreo se dice “ikra”, “koré”, o similares variantes del verbo Leikra o Likro (llamar), pero la forma Shem no era originaria hebrea, de donde traducen y entienden “nombre”, sino que procede del acadio Shemu, que alude a identidad, destino, propósito, reputación y renombre. Jesús no dio ningún nombre sino que presentó al Padre como realmente es, pues el mundo hasta hoy tiene una idea equivocada de Él. Por eso dijo: «santificado sea tu nombre», que en esa cultura y mentalidad se refería a “que te sea limpiada la reputación”.

La forma Shem tiene múltiples connotaciones: puede empezar por denotar un sentido espacial: allá, allí (Gén. 2:12); o un sentido temporal: entonces (Sal. 36:13/12), como «mi-sham» = de allí (Gén. 2:10). Es el nombre que le dan a alguien según lo que ha de ser, lo que se ha profetizado y visualizado sobre él, o según se la forma en que se venía llamando a un antecesor de su linaje. Es reputación, como se lee: «tob shem» = buen nombre, es decir, buena reputación (Ecl. 7:1); renombre (2ª Sam. 7:23; Sof. 3:19), fama (Eze. 16:14). Shem se usa para referirse a la memoria del nombre de una persona fallecida (Deut. 25:7; 2ª Sam. 14:7). Pero la idea para reemplazar el nombre de Dios en fórmulas piadosas (Lev. 24:11) se volvió una percepción legalista.

 

Adonai

De todas estas formas, la más indicada para referirse al dios de los hebreos sería la de Adonai. Aunque IHVH (Iaheveh o Iahoh) es las definición más usada para identificar al dios hebreo, Adonai (señor) es la que se refiere a dicha deidad a la que Jesús llamaba «mi padre». Este ejemplo es explicado por el propio Jesús años después de su Resurrección: «Y el gran Sabaot, el bueno, a quien yo he llamado mi Padre, emana de Jeû, el guardián de la luz.» (Evangelio Valentino 31:31) Jeu es también transcrito como Iao, pero Sabaot es la transcripción copta y griega del hebreo Tzbaot (ejércitos, huestes, fuerzas). En los textos de Nag Hammadi se le llama primero Adonai, y luego, cuando toma el poder, tiene también el calificativo de Tzbaot. Esto aclararía el uso en las Escrituras canónicas del término Adonai Tzbaot (Señor de los Ejércitos). En varios manuscritos, entre los que también se halla el Tratado sobre el Origen del Mundo (NH codex XIII), desde el capítulo 103:32, narra cómo Adonai Tzbaot viene a la luz y se dedica a representar a Dios. No obstante, la historia de este Tzabaot es diferente a la que define Jesús en el texto valentiniano, llamándole “mi padre”. Esto se puede aclarar al leer los versos donde se habla de “dos Sabaot”, y ambos son llamados “el bueno”, pero uno es “el mayor” y otros es “el menor”, al cual se conoce en el mundo como Zeus/Dios (cap. 54:15).

Con estos datos podemos ir atando cabos, comprendiendo que el Tzbaot menor, Adonai, representa la idea de IHVH en este mundo, y es conocido como Dios o Zeus (independientemente de los errores históricos que se hayan sumado a la identidad real de esta persona), y hay otro, superior, que es Tzbaot el mayor, a quien Jesús llamaba “mi padre”.

La asimilación de estos nombres es tan legendaria como extensa, pero entendemos como “Dios” al ser supremo del monoteísmo (Una Deidad), del pueblo de Israel, del mundo musulmán y del mundo cristiano –incluyendo las creencias bahai y del sijismo-, a quienes los hebreos denominaban: “Adonai” (El Señor), “Elohim” (Dioses), “Iehovah Sabaot” (Jehová de los Ejércitos), Ha Shem (El Nombre), “Ehié asher Ehié” (Soy el que Soy) o simplemente “Eihé” (El que Soy). Hay muchísimo más que decir, pero estas ideas son las bases de dichos temas, que con el tiempo serán más conocidas para que discernamos quién es realmente dios y los que le representan. Si bien, muchas veces se han adoptado formas verbales para sustituir conceptos o buscar el equivalente más acertado. Tenemos que en griego, no se usó la forma Adonai, sino las griegas Déspota (maestro, señor) y Kúrios o Kírie (Señor, en mayestático). Este Kúrie o Kírie sustituyó al tetragramatón en casi todas las traducciones. De esta manera Kírios (que da lugar a la forma “curia”), refiere a quien tiene autoridad, pleno poder, potestad, ser principal, quien es señor. Por eso fue llamado el famoso rey Ciro fue llamado así, pues el término proviene de la voz Kiros o Kuros (autoridad soberana). De ahí que en latín se definieron esto como Domine (el dominador, el que domina), que era la forma de referirse al astro rey: el Sol.

Pero, ¿de dónde sale el término “Adonai”? Este nombre se refiere al que “es señor”, pues Señor, en sí mismo es Adón. Es notorio que la raíz de este nombre está relacionada con el Antiguo Egipto, toda vez que las pronunciación de la “D” y de la “T” se solían mezclar (miren el solo caso del inglés “The”, que se pronuncia “De”). Adón puede derivar de la misma fuente etimológica que el egipcio Atón, el disco solar en el firmamento. De hecho, el faraón Akenatón (Ajenatón), se puso ese nombre por significar “útil a Atón” o “agradable a Atón”, pues consideraba a Atón el único y verdadero Dios. Es notorio que esta definición está muy cerca del significado de Adán, lo cual nos catapulta, una vez más, a Jesús, quien se denominaba a sí mismos “hijo del hombre”. Es más, varios textos hallados en Egipto reconocen la naturaleza del dios superior como Dios, Hombre y Padre, refiriéndose a él con múltiples nombres como Adamas, Geradama, Pigeradama, y otros, todos estos denotando que de Él vino el hombre y el nombre de la raza de los hombres. En la antigua religión semítica, especialmente la religión cananita, el término Adón (en lengua semítica Dwn, cognado con el acadio Adannu (poderoso) y, literalmente, “señor”, “patrón”), que ha estado en uso como teónimo desde, al menos, la Edad de Bronce final, en contraste con Baal (maestro, amo). Este nombre se confundió con su opuesto, Adonis, un semi-dios griego equivalente de Tammuz.

 

Frederick Guttmann R.

3 comments

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *