Tema 2 (Módulo I) – Destino

Aunque la traducción bíblica no habla directamente del “Destino”, refiere en su contexto que todo tiene una razón de ser, un inicio, un desarrollo y un final. La palabra “destino” solo aparece en Isaías 65:11 para referirse a la deidad cananea Meni, dios del destino al cual se le ofrecían ciertas bebidas. Los hebreos usaban otras apreciaciones, como Goral (suerte), Matarah (objetivo, blanco fijado), Tiqláh (límite, extremo) o Maanéh (propósito), pero la idea de destino no estaba asumida del modo que, por ejemplo, la tenían otros pueblos, como los griegos. Ellos llamaban Moíra o Morus a la fuerza personificada que regía la vida humana.

En el Libro Secreto de Juan, Jesús refiere a su apóstol Juan que las autoridades del mal crearon el Destino abusando de la Sabiduría de Dios: «…el Destino, la atadura definitiva, voluble. El destino es así porque los poderes mismos son volubles. Hasta el día de hoy el Padre es más duro y más fuerte que cualquier otra cosa con la que puedan enfrentarse los dioses, ángeles, demonios y todas las generaciones de seres humanos. Pues del Destino han venido: toda la iniquidad, la injusticia, y la blasfemia, la atadura del olvido, y la ignorancia, y todos los órdenes gravosos, los pecados serios, y los grandes temores. Así la totalidad de la creación ha sido cegada para que nada conociera al Dios que está sobre todas ellas. Debido a la atadura del olvido, sus pecados han sido escondidos. Han sido atados con dimensiones, tiempos y estaciones; y el Destino es señor de todos”.» (cap. 15:6-10).

Este texto está refiriendo lo que otros documentos antiguos y revelaciones de Jesús explican, manifestando que el verdadero Dios es superior a todo, mas bajo Él hay fuerzas inferiores, las cuales, aunque no ejercer poder sobre Dios, sí lo hacen sobre el hombre, e incluso sobre la Creación. En el Evangelio de Valentín, Jesús habla de la Heimarmene, como región, fuerza y ley que rigen estas autoridades. En griego, Heimarmene significa también destino, pero difiere de Morus notablemente. Heimarmene es la mezcla del concepto de destino (todo está predeterminado) griego y del karma (ley-carga de causa-efecto) hindú. Es asumida en varias ideas culturales ya no tan conocidas, y definen que todo está sujeto a un principio y final prefijado, pero el desarrollo del mismo depende de lo que se siembra (pues eso se cosecha). Todo está regido por esta fuerza-ley, que determina que todo lo que el hombre haga, independientemente del objetivo cúspide que tenga al concluir el mundo, tiene un resultado, como también la Escritura hebrea enseña: hay una siembra y luego una cosecha.

 

¿Hacia Dónde Vamos?

El hombre moderno ha sido adoctrinado en la creencia de que esta vida lo es todo y no hay nada después. Esta venenosa idea pervierte la verdad, alejando al individuo de reconocer su papel en esta vida, y por encima de todo, que todo lo que hacemos tiene una consecuencia, ya sea en vida o en la muerte. Considerar que no hay anda más después potencia una vida acelerada, alocada, desinhibida, irresponsable y descontrolada.

Las prisas del tiempo presente, no permiten al hombre meditar en sus obras ni en lo que les rodea. Se menosprecian las antiguas fuentes, donde sabios nos nutren de valiosos conocimientos y experiencias, que nos harían evitar muchas desgracias y estancamiento en la vida, y aún más, plantearnos nuestro estilo de vida, pensamientos, palabras y acciones, ante las cosas que posteriormente, por la ejecución de las mismas, pudiésemos recibir.

Las Escrituras nos dicen que la vida del hombre ha de ajustarse a principios morales y éticos para tener una experiencia plena en una próxima vida, aunque también esa ley de “causa-efecto” se refleja en esta senda actual. Además de esto se señala la prioridad de abstenerse del mal y dar frutos altruistas para recibir en esa próxima existencia grandes recompensas. Mientras los caminos parecen diferentes y también las creencias, el centro neurálgico es semejante, y parece haber sido influido deliberadamente por una inteligencia o ley superior. En ese respecto está asimismo la idea de que el hombre vive varias veces hasta que se perfecciona (hinduismo y budismo), que conecta perfectamente con la naturaleza hasta adquirir la inmortalidad (taoísmo) o recibe, en un momento específico, un cuerpo inmortal volviendo a la vida (monoteísmo). En cualquiera de los casos, el fin es la conciencia plena de quién es realmente el hombre y adquirir la vida inmortal, que en todos los casos conlleva una vida presente de sacrificio y rectitud.

En materia bíblica, este argumento añade, además, que dicha promesa futura incluye una restauración del planeta Tierra y una vida en completa salud, inmortalidad, paz, armonía y plenitud, pero que son precedidos por fuertes cambios mundiales de gran envergadura. La prima es, en este caso, consecuente con el tipo de comportamiento y acciones del hombre durante su paso por la Tierra, y marca este mundo utópico una resurrección a un molde o veste perfecto y un juicio sobre las acciones del género humano, de modo genérico. Si bien, dicho juicio tiene varias connotaciones, pasando por el hecho de consistir, en gran medida, de la ley de “causa-efecto”, pagando el alma del hombre sus transgresiones en lugares de tormento cuando abandona el cuerpo.

Solo en un caso particular, Jesús lleva a cabo un plan adyacente que comprende un premio muy superior al global, omitiendo el juicio para sus seguidores (no “creyentes”, sino seguidores) y desarrollando un papel amplio en el plan de avance universal con respecto de las razas existentes en el cosmos. Si bien se enfatiza que, acorde al tipo de vida que se lleve ahora, en la Resurrección tendrá lo que “se merece”, pero deberá comparecer ante el “Juicio” de Dios. Jesús da la esperanza de una Resurrección en gloria, administrando y rigiendo la Tierra junto a él si sus seguidores se ajustan a los protocolos que él ha dictado.

 

¿Qué Viene Después?

En el humanismo y el materialismo no existe la aceptación de una vida posterior al momento del fallecimiento corporal. En la mayoría de creencias –y pocas de perspectiva monoteísta- el humano al morir es juzgado por seres del inframundo, castigado y puesto en etapas de sufrimiento con relación a sus acciones malas, y muchos de ellos, tras un periodo de años, décadas o siglos es reincorporado al cuerpo teniendo otra oportunidad de rectificarse y mejorar (solo en casos excepcionales la persona, cuando ha sido pura rompe el ciclo de Samsara (reencarnación), e incluso se cree que puede llegar a trascender la materia). En la mayoría de ideas monoteístas el hombre muere una sola vez y espera en el inframundo hasta que sobrevenga la Resurrección de todos los muertos. Tras esta experiencia habrá un Juicio, del cual se decidirá quién vive en la Tierra y la hereda en condiciones utópicas, mientras otros planteamientos exponen este juicio como “pago” justo en el momento de la muerte.

Hay ciertos pasajes de la Biblia y los textos para-bíblicos que mencionan el “Seno de Abraham” como sitio ajeno al lugar oscuro del mundo de los muertos. Según Enoc, hay al menos 3 sitios bajo el mundo donde son depositadas las personas con relación a un análisis de su vida: uno para los justos, otro para los injustos y otro para los que son más malos aún. Hay ciertas creencias en una de estas locaciones como sitio para los que están en un término “medio”, y son representaciones de distintos estados. Además de esto hay prisiones aún más profundas, conocidas como Tártaro, en griego, que corresponden con mazmorras y cárceles para desertores celestes.

Según se esgrime de los registros antiguos, hay 4 regiones de tormentos o pago de las “deudas” de esta vida. El primero y general es el griego Hades, que toma su nombre de la deidad romana Plutón, conocida como Adis (invisible). La entrada a este sitio sería el Erebo, del que se pasa la laguna Estigia, y donde convergen los ríos Cocito (lamentaciones), Let (olvido), Flegetonte (llama de fuego), Mnemosine (memoria) y Aqueronte (pena, congoja). Habría en dicho lugar tres zonas principales: las mazmorras, llamadas Tártaro, el paraíso de los héroes (Campos Elíseos) y la residencia de los muertos (Campos Asfódelos). El Hades era llamado Averno o Infierno por los romanos, Niflheim por los nórdicos, Mictlán por los aztecas, Naraka por los hindúes, Sheól por los hebreos, Ir-Kalla sumerio y Dual o Dat por los egipcios. La región más sombría y terrible del Hades es el Tártaro, al que los hebreos llamaban Abadón (destrucción) o Bor (pozo), y los nórdicos llamaban Hellheim.

Como sitio idílico, los Campos Elíseos griegos se comparaban con el Valhala nórdico, el Sekhet-Hetspet egipcio, y posiblemente el seno de Abraham al que Jesús hace mención en una parábola (Lucas 16:22-23). Estos lugares son referidos en muchos textos del pasado, e incluso se mencionan en revelaciones que tuvieron importantes personajes hebreos, como Henoc, Sofonías o Pedro. Más profundo que el Hades estaba ese “Tártaro”, que estaba vinculado al Caos y el Abismo, conocido en hebreo como Tehom. El Caos parece abrirse hacia otra realidad, reflejando el poder oscuro antagónico al cosmos de luz. En dicho sitio se refiere que también hay lugares de tormento. Pero hay varios lugares a donde va el alma a ser recompensada por sus abusos: «Mas dinos, Señor, ¿qué fuego es más violento, el del infierno o el del mundo? Y el Salvador contestó a María: En verdad te digo que el fuego del infierno es nueve veces más ardiente que el fuego del mundo. Y el fuego de los suplicios del gran caos es nueve veces más ardiente que el del infierno. Y el fuego del tormento de los arjones en el camino del medio es nueve veces más ardiente que el de los suplicios del gran caos. Y el fuego del dragón de las tinieblas exteriores y de los lugares de castigo que hay en él es siete veces más terrible que el fuego de los tormentos de los arjones del medio.» (Evangelio de Valentín 47:15-19).

Es a estos “juicio” al que se refieren las Escrituras en los apartes que mencionan la paga del pecado. Tras sufragar lo que han debido, las almas serán presentadas delante del Juicio final, ya no para pagar cada cosa que han debido al mal, sino para que ahora sean los jueces puestos por Dios los que decidan si ese alma accede a la vida o va al Gehenna definitivo. Es decir, las fuerzas de este mundo se cobran lo de este mundo, mas cuando venga el nuevo reino, él exigirá lo suyo para quienes deseen ser parte de su reino o, por el contrario, no tengan parte en él, y por ende, en ningún sitio de la creación. Pero ese Gehena no es otra cosa que las propias Tinieblas de Afuera modificadas en mayor grado: «Y luego la llevarán a las tinieblas exteriores hasta el día del juicio. Y será separada y hundida en las tinieblas exteriores, para que perezca.» (Evangelio de Valentín 62:5-6) Y esta interpretación se complementa del verso 11-13, que reza: «Y los que lo cometan serán conducidos a las tinieblas exteriores. Y no serán vueltos a traer a las esferas, sino que perecerán en las tinieblas exteriores, en un lugar donde no hay luz ni misericordia, sino llanto y rechinar de dientes. Porque todas las almas que sean conducidas a las tinieblas exteriores perecerán.» Por esto dijo Jesús también: «Mas os indicaré a quién temer: Temed al que después de matar tiene autoridad de lanzar dentro del Gehena. Ciertamente os digo, a éste temed.» (Lucas 12:5).

 

Resurrección de Muertos

Ya desde antes de los días de Zaratustra (Zoroastro), se hablaba de resurrección de muertos, es decir, los que serían “levantados”. En la cultura hebrea se comienza desde temprano a mencionar esto como promesa futura: «[…y el Señor dijo a Adán:] cuando de nuevo la Resurrección tenga lugar, te voy a levantar y entonces te daré del Árbol de la Vida.» (Apocalipsis de Moisés 28:4) En hebreo se denomina ese momento y circunstancia como el “levantamiento”, el ser “alzado”, el “despertar”, y en otros casos el “escuchar la voz de Dios” o la “trompeta”. Posteriormente, con la incursión de la lengua latina se adoptó la voz “Resurrectionem” -aunque en griego se conocía como “Anástasis”-, razón que llevó al uso de este vocablo en el Nuevo Testamento.

Acorde a las Escrituras, la Resurrección se desarrolla en varias etapas. A pesar de que el intento, fallido y aparentemente exitoso, de volver los muertos a la vida ha sido un proyecto importante para los dioses de los pueblos del mundo, el “levantar” hebreo (Tashub), se describe más que simplemente un regreso al cuerpo material, sino el “milagro” de presentar un cuerpo glorioso en conformidad con los celestes, para que el ser excelso habite en él. Hubo también en la historia israelita casos de personas que revivían, como en los días de Elías y con el propio cadáver de Eliseo, pero en días de Jesús muchos pasaron por esto, habiendo casos aún más sobrecogedores, como el retorno de Lázaro tras 4 días muerto. La Primera Resurrección comienza con Jesús, cuando es crucificado (Mateo 27:51-53), y concluye con su regreso para reinar en el Milenio, aunque otros muertos que se dice que comparecerán ante dios, han de resucitar por último (Apocalipsis 20:5). En este periodo se cuentan primero las Primicias, que ascendieron al Cielo junto con Jesús (Efesios 4:8), luego se menciona el Arrebatamiento de los escogidos de Cristo (1ª Tesalonicenses 4:16) y por último los que murieron durante la Gran Tribulación (Apocalipsis 20:4), que son despertados al llegar Cristo a reinar por 1.000 años. Se ha conjeturado incluso que muchos personajes importantes del plan de Dios, como pudieron ser los apóstoles, fueron resucitados tras su muerte física y les alzaron al Cielo (2ª Pedro 1:14-15).

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