Módulo I – Quiénes somos

Quiénes Somos

El elemento sustancial sobre el conocimiento de la identidad humana merece el primer análisis, dado que es raíz de todas las demás interrogantes existenciales. ¿Qué es el ser humano? ¿Por qué está aquí?

Este elemento expone que somos diseño de una deidad, o seres superiores -dado que los textos originales hablan de la divinidad en plural, no en singular-, a su parecido.

Con todo y que era notable para las culturas del pasado que los hombres eran resultado de la mano divina, en  cierta perspectiva israelita cambió notablemente la visión cuando comenzó, en el siglo I, a considerarse que el hombre era “hijo de Dios”, no solo su mera creación. Esta apreciación era considerada por algunos, pero no por todos.

Desde hace 150 años se ha promovido otra tendencia, que supone una existencia humana meramente casual, explicando todo el perfecto ordenamiento cósmico como mero albur, resultado de mezclas químicas poco probables y chispas eléctricas en condiciones favorables para producir dicho milagro.



¿Qué Somos? 

Aunque se lee que el ser “adámico” fue hecho a imagen y semejanza de la deidad, un pasaje sostiene que se «formó al hombre del polvo de la tierra». Si esto es simbólico o literal, el factor sustancial es que la naturaleza del cuerpo corresponde con el medio en donde habitamos. En su contexto se entiende que el hombre es, en esencia, cuerpo, espíritu y alma, aunque la percepción de su actuar radica en el cuerpo, la mente y el espíritu, como 3 dimensiones entrelazadas en un mismo individuo, y cada una de las tres representaría una realidad distinta. ¿Cómo tuvo lugar esto, y por qué? Esto ya no se considera objetivamente por los detractores de la existencia de un demiurgo que rige un roll de ordenamiento cósmico.

El cuerpo humano está constituido de los mismos elementos que le rodean, y responde a los impulsos animales, esencialmente como mamífero. No obstante, principios espirituales han sido inculcados por siglos para que el hombre domine su “vehículo” material, dando por sentado que realmente nuestra identidad la expresa el espíritu, la mente y el alma, y estos corresponden con un escaño muy por encima del escenario físico, siendo notorio que la trascendencia la indican los planos que no vemos y que el humanismo, el materialismo y el naturalismo evitan e incluso omiten.

Uno de los razonamientos que sale a relucir ante el planteamiento del hombre como imagen de dios, es, ¿por qué no nos parecemos, ni en naturaleza ni en principios? Y de ser así, ¿qué finalidad tiene que nos hayan creado? El punto, al menos en este momento, sería considerar que el hombre es un ser “múltiple”, según los egipcios, de 13 naturalezas: una física, otra astral y otra mental, conectadas las tres por uno espiritual (en este sentido, la física sería de 3 naturalezas, la astral de 3, y también la mental). Según las antiguos sacerdotes egipcios, la parte física consta de sangre, magnetismo y akasha; mientras el propio individuo y su espíritu son concebidos en 6 sustancias: fuerza o energía vital, alma, sentimientos y emociones, esencia divina, sombra o partes oscuras y nombre o identidad.




¿De Dónde Venimos? 

Dependiendo de la línea de pensamiento, hay vertientes que consideran que el espíritu del hombre proviene de Dios, llegando a esta existencia su alma en el momento en que se introduce en el cuerpo físico, en esta dimensión; mientras que otras sostienen que el género adámico proviene como identidad espiritual, también de “Dios”, pero habiendo existido en otro lugar en los Cielos, previamente. Entre los que defienden esta idea, unos creen que un número concreto de adámicos proviene de allá, no explicando, al menos de manera satisfactoria, qué es del resto de individuos fuera de esa suma especial que vino del Reino de los Cielos. Otros, sin embargo, sí refieren que el resto de alma fueron creadas por otros dioses.

La mentalidad antigua, en ámbitos genéricos, consideraban que el cuerpo es solamente un vehículo mortal, una atadura física del alma y el espíritu. Por lo regular se aceptaba que muchos humanos  corresponden con un linaje de otro universo o realidad existencial, aparentemente alejada en el espacio y/o tiempo, y muy por encima de nuestro plano, y esa estirpe ha descendido a nuestro mundo en cuerpos mortales y corruptibles. Acorde a esta apreciación, ciertas fuerzas no visibles, dan al hombre el “cáliz” del olvido, de modo que no recuerda su procedencia, y vive en el mundo sin tener conocimiento de su fin en este planeta.



¿Por qué estamos Aquí? 

Se ha interpretado que el escenario bíblico expone que un género adámico fue creado para encargarse de la Creación: «…tenga potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y las bestias, sobre toda la tierra y sobre todo animal que se arrastra sobre la tierra.» (Génesis 1:26 – Revisión 1960 de Reina & Valera). El común denominador en la idiosincrasia religiosa monoteísta asume que, después de la caída de Adán y Eva, somos un resultado de error y engendros del mal con naturaleza perversa, la cual se arraigó a la descendencia adámica como una maldición. Cabe señalar la omisión de esta filosofía en las enseñanzas de Jesús, más bien asumiendo que hemos venido a este mundo a aprender, experimentar y evolucionar como seres divinos de regreso a nuestro lugar de origen.

Existiendo esa idea inculcada de que el hombre fue destinado al mundo para cuidar de los animales y las plantas, hay al margen otras corrientes que expresaban que el hombre vino de “otro lugar” para experimentar una vida en la materia que conocemos, y comenzaría desde cero su propio desarrollo para volver al punto inicial (esta perspectiva es defendida, tanto por creencias orientales como gnósticas y platónicas). En donde muchas líneas de pensamiento coinciden es en que en determinado momento ciertos eventos cambiaron el curso que se suponía que debía llevar la evolución mental y el destino adámico, modificando algunas variantes e incluyendo factores como el sufrimiento, la enfermedad, la miseria y la muerte. Este acontecimiento se conoce popularmente como “la Rebelión”, y es en torno a lo cual radica la “extirpación” del mal prevista para el final de los tiempos.

Si el hombre vino a desarrollarse y crecer en la sabiduría celestial, ¿qué ocurrió que cambió todo? ¿Estaba prevista la muerte? ¿Debía ser el hombre “inmortal” o “eterno” según el plan original? ¿Se sabía que todo esto ocurriría, y hacía parte del “guión preestablecido”?

 

¿Vinimos a Morir?

Para la mayoría de seres humanos, estos razonamientos filosóficos no llevan a ningún sitio, porque lo único que es comprobable para todos, es que en cierto momento todos partimos de este mundo: morimos. Fue escrito por el rey David: «Yo dije: ustedes [son] dioses, e hijos del Elión todos vosotros. Ciertamente, como Adán morirán, y como [cada] uno de los líderes cayeron.» (Salmo 82:6-7) ¿Desde cuándo mueren los dioses? Se entiende que una de las cualidades de un dios es la inmortalidad, así que ¿Por qué sufrimos enfermedades, porqué envejecemos y porque nos morimos? De hecho, la Escritura añade: «Y creó Elohim al hombre en su imagen, a imagen de dioses lo creó; masculino y femenino los creó.» (Génesis 1:27) Si somos imagen de Dios, ¿cuál es esa imagen? ¿En qué consiste? ¿Qué ha ocurrido para que lleguemos a perecer? ¿Por qué razón nos degeneramos físicamente? Ya que es cierto lo que escribió el salmista cuando dijo. «Pues verá morir los sabios junto con los necios e insensatos, destruidos, y dejan a los postreros su poder […] Y Adán no reinará con honra, porque parece Behemot.» (Salmos 49:10-12)

Es el mal del hombre, que ha pervivido, lo que ha ratificado que es reo de muerte. La Biblia dice: «Solo veo esto: encontré que hicieron los dioses al hombre recto, y estos [fueron] solícitos [de] grandes estratagemas.» (Eclesiastés 7:29) ¿Es posible que nuestra situación de deterioro radique en la trasgresión de la raza humana? «…Porque no hay diferencia, pues todos pecaron, y están carentes de la gloria de Dios…» (Romanos 3:22-23) Y Pablo añade más adelante: «Porque la recompensa del pecado [es] muerte, pero el regalo de Dios [es] vida eterna en Cristo Jesús, el Señor nuestro.» (Romanos 6:23) De forma que somos dioses que por causa de la trasgresión (en latín: “pecatus”, de donde sale la palabra “pecado”) nos hemos corrompido. Sin embargo, ¿por qué esto no ha ocurrido a las fuerzas del mal? ¿Por qué ellos no se deterioran por su maldad o se mueren? ¿Por qué a nosotros sí se nos corrompe el cuerpo? Y, ¿por qué la muerte es la paga? «Y como la muerte se devora al hijo de hombre una vez y tras esto el juicio…» (Hebreos 9:27)

El hombre debe pagar por sus acciones, y por eso, si no se le remiten en vida o hace penitencia y buenas obras, le serán cobradas en la muerte. Podemos leer: «Y dijo Iaheveh Elohim: He aquí los hombres son como uno de nosotros, sabiendo bien y mal, y ahora, no extienda su mano y tome también del Árbol de las Vidas, y coma y viva eternamente. Y lo sacó Iaheveh Elohim del jardín de Edén, para trabajar la tierra de la cual tomó de allá.» (Génesis 3:22-23) Entendemos pues que por causa de contradecir a esta deidad, a Adán no se le permitió “alargar su mano” y ser un inmortal perpetuamente, como debía ser.

El periodo del hombre en la Tierra debe ser de búsqueda de la Luz para volver a su raíz: «Amados, ahora somos hijos para Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos; pero sabemos que si se manifiesta como Él es, seremos como Él, pues lo veremos como Él es.» (1ª Juan 3:2) Y esta verdad de lo que estamos realmente destinados a ser –si nos esforzamos en esta búsqueda, y en sus principios-, la reitera Pablo al decir: «Él, el Espíritu, es quien da testimonio a nuestra alma pues somos hijo de Dios. Y si hijos, también somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que sufrimos con él, de modo que seamos glorificados con él.» (Romanos 8:16-17) Pero tenemos que la muerte nos ha sido puesta en el camino para que no fuera que siendo inmortales ya no buscásemos a Dios, sino que sirviésemos a la “serpiente”. Hemos de alejarnos de los males de este mundo, caminando en la luz y adquiriendo sabiduría, para ser lo que está fijado realmente para nosotros: «Y así vemos que le fue concedido al hombre un tiempo para que se arrepintiera; sí, un tiempo de probación, un tiempo para arrepentirse y servir a Dios.» (Alma 42:4)

 

Frederick Guttmann R.

5 comments

  1. Yo creo que somos hijos de Dios, el altisimo y hermanos con Jesucristo…segun lo que he aprendido, porque somos energia encapsulada en el cuerpo ( en tiempos antiguos los chinos ya usaban las aujas para balancear nuestra energia en el cuerpo). Hoy en dia la tecnologia abanzada puede leer nuestra energia en colores (en la actualidad, en la obscuridad desde un elicoptero pueden los policias perseguir a un criminal solamente siguiendo su energia que emana el cuerpo, no importa si este se esconde debajo de una casa de dos pisos) Apo.4:3. El problemas es que tenemos un cuerpo inperfecto, corrupto.

  2. Hola, veo que en el último párrafo se cita una escritura de Alma que está incluida en el Libro de Mormón de la religión mormona. ¿Tienen ustedes algo que ver con los mormones? Gracias de antemano.

    1. Saludos Carmelo.
      Nosotros no pertenecemos a ninguna entidad o denominación religiosa. Escudriñamos todo y retenemos lo bueno, como manda el Padre, pues no todo esta en lo que hoy muchos llaman Biblia y hay una infinidad de escritos, independientemente de la religión que el hombre haya levantado sobre éstos, que ayudan a comprender nuestro origen, nuestro papel aquí y nuestro devenir.
      Espero haber despejado esa duda. 🙂
      Bendiciones!

      1. Muchas gracias por su respuesta y gracias por este lugar que tanto nos ayuda a los fervientes buscadores de la verdad. Saludos y bendiciones.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *