¿Cómo se produjo la Creación? – Génesis Día 3

¿Cómo se produjo la Creación?

Génesis Día 3

 

Cuando la atmósfera se formaba, también la tierra firme empezó a aparecer. La versión de Henoc nos decía que en el final del Segundo Periodo, así como se formaba la cobertura de gas de la Tierra emergía de las profundidades la masa rocosa que construiría Pangea. Mientras esto ocurría, según la versión de este profeta, los seres angélicos eran creados, y uno de ellos se sublevó y dominó los abismos: «Y para todos los ejércitos de los cielos yo imaginé la imagen y esencia de fuego, y mi ojo miró hacia lo muy duro, roca firme, y del destello de mi ojo el relámpago recibió su maravillosa naturaleza, cual son ambos fuego en agua y agua en fuego, y uno no pone fuera al otro, ni hace el uno secar al otro, por lo tanto el relámpago es más brillante que el sol, más suave que el agua y más firme que la roca dura. Y de la roca corté un grandioso fuego, y del fuego creé las órdenes de los ejércitos de decenas de miles de ángeles no carnales, y sus armas son fuego y su armadura una flama ardiente, y yo ordené que cada uno debe mantenerse en su orden. Y uno de entre los custodios jefes de los ángeles, se obstinó (torció) con la custodia hacia debajo y promovió [un] plan imposible: erigir su trono por encima de la Tierra considerando su fuerza comparándola con la mía, y las consecuencias de su envanecimiento con sus ángeles, y él fue [y] próspero por desgracia sobre la faz del Abismo, siempre.» (2ª Henoc 29:1-4)

 

וַיֹּ֣אמֶר אֱלֹהִ֗ים יִקָּו֙וּ הַמַּ֜יִם מִתַּ֤חַת הַשָּׁמַ֙יִם֙ אֶל־מָק֣וֹם אֶחָ֔ד וְתֵרָאֶ֖ה הַיַּבָּשָׁ֑ה וַֽיְהִי־כֵֽן

 

La versión de Moisés en Barashit (Génesis) 1:9, dice: «ve.iamer Elohim ivakú ha.maim mitajat ha.shamaim al-makom ajad ve.teraeh ha.ibashah ve.iehi-ken», lo cual se refiere a reunir la masa acuática o líquida que estaba bajo el cielo (es decir, lo que estaba debajo de la atmósfera) en un sitio único, y fuese visible lo seco. Dicho de otra forma, la parte más sólida se consolidó en tierra seca, ¿pero cómo, si el agua lo cubría todo? En 2ª Esdras 6:42 nos relata que «al tercer día, tú mandaste que las aguas se reunieran en la séptima parte de la tierra: seis partes tú has secado, y las mantuviste, con la intención de que algunos de estos [fuesen] labrados [y] se plantasen de Dios y pudiesen servirte.» El objetivo, según refiere el texto, era que esa 7ª parte de la Tierra fuese tierra firme para llegar a ser cultivada, y en consecuencia, para la finalidad de servir a la humanidad. Pero, si la humanidad aún no existía, al menos en este globo, es menester asumir pues que la humanidad estaba destinada a venir a este planeta, al menos partiendo de este punto, o de este momento. La idea de que la tierra compone solo una 7ª parte de la masa terrestre no habría sido aceptada por la ciencia de no ser por el descubrimiento de los océanos subterráneos que se realizó hace pocos años. Gracias a este hallazgo se supo que este planeta no es estrictamente una masa de roca recubierta de agua, sino que esta distribución no es precisamente uniforme.

Jubileos 2:5-7 – un texto atribuido también a Moisés y encontrado en las cuevas del Qumran -, sostiene: «Y el tercer día mandó las aguas para pasar de la faz de la tierra entera en un solo lugar, y la tierra seca aparecer. Y las aguas lo hicieron como él les mandó, y retiró de la faz de la tierra en un lugar fuera de esta Rakia, y la tierra seca apareció.» La pregunta a cómo esto se habría producido de forma natural entra en el enigma de la tectónica de placas. Aunque realmente es una teoría, lo que varias propuestas científicas plantean es que la fuerza de gravedad y el cambio de presión y temperatura de los elementos de la litosfera respecto de la astenósfera provocan los cambios geológicos y el desplazamiento continental. De ser esta postura correcta, coincide con los planteamientos previamente comentados, ya que las fuerzas de vórtice, la fuerza de gravedad y los cambios de temperatura y presión elevan las partes ligeras y hunden las pesadas en un ciclo permanente. Así se han creado las montañas y los continentes, y el primero de ellos: Pangea.

Mientras la roca era empujada hacia arriba por estas fuerzas, el agua se desplazaba hacia los lados, en dirección al espacio que le tocaba (porque dos cosas no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo), dando “nacimiento” al océano, masa marítima única que ha recibido el nombre de Panthalassa. De acuerdo con la cronología aceptada, todo esto fue el final del periodo Paleozoico, pero el final del Yom Shlishí (Día Tercero) no llegaba aún, sino que, comenzando la era Mesozoica “emergió” la vida: «Y así hice todos los cielos; y fue el Día Tercero», dice Henoc al referirse a toda su retahíla anterior y a la creación de los seres de esos mundos y sus dimensiones, y agrega, que «en el Día Tercero ordené para que la Adamáh abundara de árboles grandes y prósperos y los montes, todo de pasto dulce y toda sémina (semilla) sobre lo esparcido; y puse jardín y lo cerré, y custodié [con] ángeles de fuego nutridores-atentos.» (2ª Henoc 30:1) Jubileos también habla de esto, agregando que «ese día ha creado para ellos todos los mares de acuerdo a sus diferentes lugares de reunión, y todos los ríos, y las reuniones de las aguas en las montañas y sobre toda la tierra, y todos los lagos, y todo el rocío de la tierra, y la semilla que se siembra, germinación y todas las cosas, y árboles frutales, y los árboles de la madera, y el jardín del Edén, en el Edén y todos. Estas cuatro grandes obras que Dios creó el tercer día.» (Cap. 2:7-8)

Ambos escritos nos dicen que al surgir la tierra firme apareció la vida vegetal en toda su extensión – o así se da a entender -, incluyendo el jardín de Eden, pero en un periodo progresivo que pudo durar bastante tiempo. Pero, si la superficie terráquea estaba aún unida, y empezaban a separarse los continentes, ¿dónde estaba ese jardín? ¿Al oriente? Tomando como referencia los estudios sobre Pangea, el “oriente” era el mar de Tethys (o ‘Tetis’), salvo que hablase de Eurasia al norte o la India y Australia al sur. Esto hace suponer si quizás está coincidiendo con el Oahspe, el cual afirma que el primer gran continente – llamado ahí ‘Waga’ – fue disuelto, y de esta porción concreta de tierra donde se situó este jardín en particular quedaría lo que hoy llamamos ‘Japón’. Mas hay otro enigma que descubrir, ¿de dónde salieron las semillas de los árboles? Sabemos que hay plantas y árboles que dependen estrictamente del cuidado humano, y que además las semillas surgen de algún lugar. Es el mismo cuento de, “¿qué fue primero, el huevo o la gallina?”. Lógicamente debió ser la gallina, pero en este caso, ¿de dónde salieron los árboles, arbustos, plantas y demás hierbas? Aquí es donde entra la teoría de la Panspermia, primeramente formulada por el sueco Svante August Arrhenius, premio noble de química, y defendida por Hermann Richter (aunque fue el astrónomo Sir Fred Hoyle quien la hizo popular).

De acuerdo con la teoría de la Panspermia natural, la vida llegó a este mundo desde el espacio, pudiendo provenir de uno o más asteroides que tenían esporas o células congeladas que al entrar en contacto en el terreno y condiciones propicias en nuestro globo produjeron las formas posteriormente existentes. Esto sería como una teoría de la Evolución menos convencional, salvo por el problema de que, como señala la Bio-Génesis, la vida se produce de una forma semejante que la trae a la existencia, por lo que aunque hubiese venido la vida desde “afuera” eso no explica la variedad de las especies, la inteligencia o su nivel de desarrollo, salvo que del cielo hubiese caído un arca de Noé de plantas y animales. Además de esto, la vida, aunque “se busca la vida”, para “sobrevivir” – valgan las redundancias -, depende de condiciones adecuadas para producirse, y teóricamente las bacterias no sobrevivirían a las altísimas temperaturas y a las fuerzas que intervienen en un impacto contra la Tierra. Se cree que las bacterias extremófilas sí superarían esta barrera, y recreando este escenario con moléculas orgánicas, como los aminoácidos, se ha comprobado que no solo no se destruyen, sino que comienzan a formar péptidos.

La postura más coherente es la que incluso defienden los teóricos de los Antiguos Astronautas, quienes, respaldándose de testimonios y registros antiguos, sostienen que la vida fue deliberadamente traída a nuestro mundo desde otros confines, especialmente desde los sistemas de Orión. Así es como la teoría de la Panspermia dirigida cobra un gran sentido y puede explicar satisfactoriamente el dilema del origen de la célula y, puede, que el de los organismos complejos. 2ª Esdras 6:43-44 agrega: «Porque tan pronto como tu palabra se extendió el trabajo se hizo. Porque inmediatamente se produjeron frutos grandes e innumerables, y muchos dulces y placenteros para el paladar, y flores de color inalterable y los olores de olor maravilloso, y esto se hizo al tercer día.» La versión sumeria de este relato asimismo coincide, dando a entender que los “dioses” o seres de luz del universo vieron que este orbe ya estaba lista para sustentar un jardín paradisiaco para los dioses. Es curiosa la relación que se encuentra a la hora de ver las definiciones mesopotámicas para estos conceptos, como es el contraste entre “estepa” (‘Edin’ en sumerio; ‘Serum’ en acadio) y “tierra de regadío” (‘Gan’ en sumerio; ‘Eqlum’ en acadio). Si bien, en hebreo, ‘Gan Eden’ quiere decir ‘jardín del Edén’. También ‘Edin’ quiere decir “planicie” o “lugar plano más allá de las tierras cultivadas”.

Es curioso que la palabra indoeuropea con las mismas consonantes, ‘GHeN’ o simplemente ‘Ghn’, probablemente derive del mismo tronco del que provino la forma Gan sumeria (tierra de regadío), o hebrea (jardín, huerto). La forma sánscrita Ghen precisamente quiere decir “caos”, que posteriormente pasó a la idea de “desorden”, pero llegó al griego como ‘Gen’ (Tierra), y sus variantes: Gi, Ge, Gin, Gea, Gis, Gei, Gii. Por su parte, la palabra Edén pasó al hebreo como un coloquialismo para “paraíso”, que a su vez deriva del griego ‘Paradeisos’, y éste del persa ‘Pardes’. Es incluso concebible que la propia raíz tuviese el mismo origen que dio lugar a la forma hebrea Gai, o Gia, que significa “valle”. Todo esto nos lleva a la lógica conclusión de que nuestra esfera era un mundo acuático que resaltó como un paraíso cuando las montañas y tierra firme emergieron, y la vida vegetal exuberante pronto lo llenó todo, y según parece especialmente hacia el oriente.

 

וַיִּקְרָ֙א אֱלֹהִ֤ים׀ לַיַּבָּשָׁה֙ אֶ֔רֶץ וּלְמִקְוֵ֥ה הַמַּ֖יִם קָרָ֣א יַמִּ֑ים וַיַּ֥רְא אֱלֹהִ֖ים כִּי־טֽוֹב

 

En este verso 10 dice el texto, «ve.ikra Elohim la.iabeshah Aretz ve.la.mikuh ha.maim kará iamim ve.irá Elohim ki-tob», refiriéndose a que la extensión seca del mundo recibió el nombre de ‘Aretz’ (Tierra, ‘Eridu’ en sumerio), mientras la zona donde se reunían en una sola masa todas las aguas, fue llamado ‘Iamim’ (Mares). Según la historia sumeria, Eridu, fue la primera ciudad que fue establecida en la Tierra, el lugar que inicialmente se fundó al verse que la superficie era estable y habitable. El libro ‘Mesopotamia y el Antiguo Oriente Medio’ (1992) evoca las palabras relativas a una antigua inscripción sumeria, que dice: «No había crecido una caña; no había sido creado un árbol; no había sido hecha una casa; no había sido hecha una ciudad; y las tierras eran mar, cuando Eridu fue creada.» Varias veces se haya esta descripción de que el mundo era mayormente agua, y la primera parte que sobresalió fue esta planicie, que parecía resaltar desde la zona de Mesopotamia hasta Japón; posteriormente el resto de Pangea fue saliendo a “flote”.

Las leyendas de los Akpallu o Anedoti, del dios Oannes y otras narrativas babilonias también hablan del mundo acuático, de la era del reinado del dios del mar Ea (luego regente en tierra firme como Enki), quien construyó su primer asentamiento en mar adentro, analogía de la historia griega de cómo Poseidón edificó la Atlántida. De hecho, Enki habría sido el responsable de la creación de los ríos de Mesopotamia, por medio de un largo proceso de drenajes, desviación del agua y canales, similar al mito egipcio de Ptah, creador del Nilo (algunos creen que Enki, Poseidón y Ptah fueron la misma persona). Pero si ahora estaban definidos claramente la Aretz (tierra firme) y los Iamim (la extensión oceánica total), con esos nombres, ¿cómo es que el inicio de Génesis viene a decir que fue en ese entonces que fue creada la “Aretz”, y no tres “eones” después? Había unos Shamaim y una Aretz que existían – y probablemente aún existen – antes de la existencia de este universo, y los Cielos y la Tierra que ahora existen, son imagen de aquellos que primero eran antes del tiempo y el espacio. ¿En qué proporción pudo ocurrir esto? ¿Cuántas veces pudo ocurrir esto o estará repitiéndose este patrón en este o más universos? Un cielo y una tierra eternos crean un cielo (dimensiones, planos, órbitas) y una tierra (materia) en el universo y esos cielos y tierra crean muchos como los nuestros: planetas (Aretz con sus Shamaim).

Con estas palabras nos deleita la tablilla sumeria más antigua encontrada: «Los reptiles verdaderamente descendieron. La tierra está resplandeciente como jardín bien regado. En aquella época Enki y Eridu no aparecían. La luz del día no brillaba, la luz de la luna no emergía.» Ni siquiera aún estaban los planetas, pero ya la Tierra había empezado a florecer y era un bello jardín, hermoso. Sin luz solar, ¿cómo crecían las plantas? ¿Cómo hacían la fotosíntesis? Sin luz, ¿cómo se realizaba este proceso de cambio de energía lumínica en energía química para producir carbono? ¿Por absorción de energía geotérmica? ¿Por síntesis de materia inorgánica? ¿Por radiación derivada de rayos cósmicos? Nada de esto está del todo claro, pero hay muchos registros sobre plantas y árboles que crecen en condiciones de casi ausencia permanente de luz, o al menos en gran medida. Podrían crecer y entrar en fase de letargo, pero, para el mero hecho de producirse el crecimiento necesitan seguir una fuente de luz. El texto sumerio sostiene que la tierra estaba “resplandeciente”, pero parece usar este epíteto en el sentido de describir la belleza del hábitat vegetal.

Una hipótesis, aunque un tanto atrevida, sería considerar que los posibles sembradores de la vida vegetal hubiesen traído semillas capaces de absorber la energía de la propia geotermia o de radiación cósmica, o haber introducido semillas creadas con esta capacidad. Todo esto suena un tanto loco, pero justamente un factor que resalta de las plantas y árboles carentes de luz es que su crecimiento aumenta más de lo normal por una reacción normal cuya finalidad estriba en la necesidad de extender su tronco en busca de luz. Si algo nos han inculcado desde niños en el colegio es que la era Mesozoica resaltó por el brote de formas de vida de un tamaño sobrenatural, fuese en plantas y árboles o en animales.

El equilibrio del carbono en nuestro planeta proviene mayormente de la fotosíntesis que realizan en el medio acuático las algas, las cianobacterias, las bacterias rojas y las bacterias púrpuras y bacterias verdes del azufre. Esto podría explicar que las condiciones fuesen propicias desde antes de la aparición de las plantas terrestres, aún cuando no hubiese luz solar. El milenario texto egipcio de Hermes Trismegisto, ‘Corpus Hermeticum’, nos dice que «hay un lugar, más allá del Cielo, lugar sin estrellas y apartado de todas las cosas corporales. Hay otro Dispensador que está entre el Cielo y la Tierra, al que llamamos Júpiter. En cuanto a la tierra y el mar, están bajo el dominio de Júpiter Plutonio que nutre a los seres vivos mortales y a los que producen fruto. Son las energías de todos ellos las que otorgan la subsistencia a la tierra, los frutos y los árboles.» (Tratado de Hermes a Asclepio. Verso 27) ¿Estarían estos cuerpos siendo formados apenas y su energía ya influyendo en nuestro orbe?

 

וַיֹּ֣אמֶר אֱלֹהִ֗ים תַּֽדְשֵׁ֤א הָאָ֙רֶץ֙ דֶּ֔שֶׁא עֵ֚שֶׂב מַזְרִ֣יעַ זֶ֔רַע עֵ֣ץ פְּרִ֞י עֹ֤שֶׂה פְּרִי֙ לְמִינ֔וֹ אֲשֶׁ֥ר זַרְעוֹ־ב֖וֹ עַל־הָאָ֑רֶץ וַֽיְהִי־כֵֽן׃

 

Génesis 1:11 agrega el relato de la producción de árboles, semillas y frutos como cosa que debe darse en un sentido de “verdor”: «reverdezca la Tierra». Podemos leer: «ve.iamer Elohim tadeshe ha.aretz deshe esheb mazria zera etz pri oséh pri lemino asher zaró-bo al-ha.aretz ve-iehi-ken», donde hay varias palabras que se traducen diferente, aunque son lo mismo o a penas varía su raíz. Por ejemplo, se afirma que se debe hacer ‘Tadeshe’ – de la forma ‘Deshe’ (producir, pulular) – de ‘Esheb’ (pasto, hierba, vegetación). Como vemos, el cognado de ‘Deshe’ y ‘Esheb’ es semejante, y algo similar pasa con la forma ‘Mazria’ (con semilla, de semilla) y ‘Zera’ (semilla, descendencia), que acompañan a estas palabras en esta frase. Afirma que estas semillas de de “árboles frutales” que a su vez produzcan también productos que posean también semillas, y que todos estos sean de diversas especies, según el tipo de semilla, y todo esto ocurriese sobre la Tierra.

 

וַתּוֹצֵ֙א הָאָ֜רֶץ דֶּ֠שֶׁא עֵ֣שֶׂב מַזְרִ֤יעַ זֶ֙רַע֙ לְמִינֵ֔הוּ וְעֵ֧ץ עֹֽשֶׂה־פְּרִ֛י אֲשֶׁ֥ר זַרְעוֹ־ב֖וֹ לְמִינֵ֑הוּ וַיַּ֥רְא אֱלֹהִ֖ים כִּי־טֽוֹב׃

 

El verso 12 de Génesis 1 nos dice: «ve.totzé ha.aretz deshe esheb mazrea zera laminehu ve.etz oséh-pri asher zaró-bo leminahu ve.irá Elohim ki-tob», y podemos apreciar que primero se da una orden, luego se ejecuta la orden, cosa que sugiere una determinación que viene de “arriba” y que posteriormente se lleva a cabo. Es decir, no es algo que produce la “mente de Dios”, ya que, jugando a esta idea, ¿por qué dios tendría que decir nada, o darle una orden a la Tierra como si la Tierra pudiese crear algo por sí sola? Esto quiere decir que deliberadamente se dio la orden para que en nuestro mundo hubiese árboles frutales con su información genética que produciría frutos que a su vez, según su propia tipología, producirían más árboles frutales de su correspondiente especie. Además, si es algo que viene de Dios, ¿por qué tiene que “ver” que al final resulta “bueno”? ¿Y es que acaso de Dios iba a venir algo malo o salir algo mal? Lo que da a entender es que el proyecto que manda a desencadenarse sale bien, resulta ser un éxito.

 

וַֽיְהִי־עֶ֥רֶב וַֽיְהִי־בֹ֖קֶר י֥וֹם שְׁלִישִֽׁי

 

Así, con estas palabras, Moisés termina el relato de las cosas que ocurrieron en ese Tercer Eón, que para nosotros podría indicar todos los periodos de la era Paleozoica y Mesozoica. Esto no solo se asume por las cronologías del origen de Pangea y Panthalassa, sino por el mismo hecho de que los fósiles de árboles más remotos se han hallado desde periodos que van de los 140 a los 300 millones de años. Precisamente el final del Paleozoico fue el Pérmico, hace unos 286 millones de años, y las eras del Mesozoico (Cretácico, Jurásico y Triásico) abordaron de los 144 a los 248 millones de años. Eso no quiere decir que las plantas apareciesen inmediatamente cuando la tierra emergió, por lo que el tiempo que fuese que tardó la “vida” en ser sembrada acá y se llevaron a cabo con éxito estos “experimentos”, pudo ser a lo largo de todo el Mesozoico. Así la vida habría ido evolucionando, no sola, sino a través de mejoras realizadas por aquellos que respondían a las directrices de “elohim”.

Continuar, parte 4/6

2 comments

    1. Hola! Sí, trato este tema en varios libros (‘Creación vs. Evolución’ y ‘La Rebelión de Sakla I’ en Tienda, aquí en el blog), artículos y entrevistas y otros videos en youtube.com/FrederickguttmannR.
      Un saludo!

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