¿Cómo se produjo la Creación? – Génesis Día 6

¿Cómo se produjo la Creación?

Génesis Día 6

 

El último eón de la creación es el 6º, la etapa en la que aparecen los reptiles terrestres y los mamíferos, y asimismo el ser humano, el último en manifestarse y para quien parece que todo fue dispuesto y acondicionado. Sobre este periodo escribió Esdras: «Al sexto día mandamiento diste tú a la tierra, que diese las bestias, el ganado y de reptiles, antes y después de estas, también Adam (hombre), a quien tú hiciste señor de todas tus criaturas. De él vienen todos, y también la gente que has elegido. Todo esto he hablado delante de ti, oh Señor, porque tú hiciste el mundo por amor a nosotros.» (2ª Esdras 6:53-55) Acorde a estas palabras, se dio la orden de crear mamíferos de dos géneros y reptiles – previamente, y de forma deliberada, a la llegada del hombre -, y concluyendo con otra reafirmación de que todo fue establecido para que el humano fuese señor sobre todo y dispusiera de todo. Jubileos contiene: «Y en el sexto día Él creó todos los animales de la tierra, y todo el ganado, y todo lo que se mueve sobre la tierra. Y después de todo esto ha creado al hombre, un hombre y una mujer crea a ellos, y le dio el dominio sobre todo lo que está sobre la tierra, y en los mares, y sobre todo lo que vuela, y más bestias y más de ganado, y sobre todo que se mueve sobre la tierra, y sobre toda la tierra, y más que todo esto ha dado el dominio. Y estos cuatro tipos que creó en el sexto día. Y había en total veintidós tipos. Él y todo su trabajo [fue] terminado en el sexto día; lo que está en los cielos y en la tierra, y en el mar y en los abismos, y en la luz y en la oscuridad, y, en todo.» (Cap. 2:14-16)

Aquí nos habla de ‘Jaiat’ de la Tierra, de ‘Behemat’ y del resto de lo que “se mueve”, posiblemente queriendo decir “lo que repta” (en hebreo ‘ha.Remeshet’). El vocablo ‘Jaiat’ (viviente) es la conjugación de ‘Jaiah’ (vivo), cuya raíz es ‘Jiah’ (vida), por lo que se entiende como “ser” vivo. Behemat es un sinónimo, más explícito según el carácter animal o animalesco, pero que se utiliza para definir a las bestias y, en mayor medida, para el ganado (de ahí que algunos interpreten como animal doméstico o de carga). Es muy raro que siempre haga distinción entre ‘Jaiat’ o ‘Behemat’ para englobar a los animales terrestres (a excepción de los reptiles, y, por extensión, se entiende que asimismo los anfibios). Dicha curiosidad hace asumir que ‘Jaiah’ sería el equivalente al latín ‘animam’ (animal, ser animado), mientras ‘Behemah’ sería el equivalente al latín ‘bestia’ (animal salvaje, criatura irracional), que incluye a los animales salvajes que se han llegado a domesticar. Para nuestra sociedad, una generalidad tan simple como decir “animales” se habría entendido más que suficiente, así que, ¿por qué enfatizar en esto como si se trata de dos conjuntos distintos? Posiblemente debido a que es característico de toda cultura ancestral saber diferenciar entre animales de convivencia y animales peligrosos, así como a criaturas carnívoras y criaturas herbívoras (u omnívoras), sin contar con los eufemismos para referirse a seres inteligentes, debido a su actitud o virtudes/defectos.

 

וַיֹּ֣אמֶר אֱלֹהִ֗ים תּוֹצֵ֙א הָאָ֜רֶץ נֶ֤פֶשׁ חַיָּה֙ לְמִינָ֔הּ בְּהֵמָ֥ה וָרֶ֛מֶשׂ וְחַֽיְתוֹ־אֶ֖רֶץ לְמִינָ֑הּ וַֽיְהִי־כֵֽן

 

Moisés dice en Génesis 1:24, «ve.iamer elohim totzé ha.aretz nefesh jaiah laminah behemah ve.remesh ve.jaito-aretz laminoh ve.iehi-ken» igual que en los otros pasajes, nos habla de que se produzcan en la Tierra ‘nefesh jaiah’, a las cuales define como ‘behemah’ según todas sus especies, ‘remesh’, de todas sus especies, y ‘jaito-aretz’, según sus especies. Algunos han conjeturado en que esta referencia hace distinción entre los niveles de conciencia y desarrollo de estas criaturas, y/o diferencias mayores, como podría ser la existencia misma de otros “seres” de carácter inteligente, a la par de los reptiles y las bestias. Visto a modo analógico con lo espiritual, podría suponerse que así como las formas animales, existiesen, sea en esta dimensión o en otras en nuestra esfera, 3 tipos de seres de conciencia superior a la de los animales. Esta conjetura se refuerza con el estudio de manuscritos antiguos que hablan de seres “misteriosos” que cohabitan con las formas de vida salvajes, pero moran – o moraban – en zonas alejadas de los núcleos poblados de la civilización. En su caso, el NH II, 5 (Tratado sobre el Origen del Mundo, de Nag Hammadi), dice que «todas las plantas germinan sobre la tierra según de su especie, con la semilla de autoridades y sus ángeles. Entonces, de las aguas, las autoridades crearon los animales, en su caso, y de reptiles y las aves según su especie, con semillas de las autoridades y sus ángeles.» (Vers. 21-28) La referencia a “semilla” engloba tanto el grano vegetal como la “simiente” o “semen” en un sentido de la biología reproductiva animal, lo cual puede sugerir que estas autoridades y sus ángeles utilizaron su propia genética para la elaboración de la vida en este planeta.

וַיַּ֣עַשׂ אֱלֹהִים֩ אֶת־חַיַּ֙ת הָאָ֜רֶץ לְמִינָ֗הּ וְאֶת־הַבְּהֵמָה֙ לְמִינָ֔הּ וְאֵ֛ת כָּל־רֶ֥מֶשׂ הָֽאֲדָמָ֖ה לְמִינֵ֑הוּ וַיַּ֥רְא אֱלֹהִ֖ים כִּי־טֽוֹב׃

 

Génesis 1:25 nos dice, «ve.iás elohim et-jaiát ha.áretz lamináh ve.et-behemáh laminah ve.et kal.remésh ha.adamáh laminéhu ve-irá elohim ki-tob,» resaltando que la determinación se efectuó correctamente y tuvo resultado positivo. No obstante, aquí empieza a usar una palabra que hasta el momento no había utilizado: ‘Adamah’. Este vocablo no tiene sentido aplicarlo si no existía aún el hombre, toda vez que dicha designación define el nombre de nuestro mundo a causa de la humanidad. Adamah es la forma femenina de ‘Adam’ (hombre), y su raíz parte de la estructura que formó el vocablo copto y koiné ‘Adamas’ (diamante). Esto solo puede sugerir una de dos cosas: o ya había humanos en este mundo desde ese entonces, o ya nuestro orbe estaba “bautizado” o “fundado” para dar la bienvenida a la raza humana. Extrañamente Henoc es la única de estas fuentes que no coincide en que los animales terrestres fueron creados o producidos al inicio del yom Seis, sino que los engloba a todos en el yom Cinco, posiblemente hacia el final de este y el inicio del Sexto. Lo que sí queda claro en todas las narraciones es que el hombre fue el último en aparecer, y las cosas siguieron básicamente la misma secuencia, que es la que hemos seguido a lo largo de estos capítulos; Es más, con la aparición del hombre se dio por concluida la creación, sellando el ciclo de formación del cosmos como escenario completo y perfecto para la experiencia humana.

¿Qué puede significar este vacío aparente o cambio en dicha versión? Henoc es quien había dado más detalles sobre la creación de las cosas, y es muy anterior a los otros narradores, por lo que, ¿cuál sería la razón por la que la deidad que hablaba con Henoc le dijo que los animales habían sido producidos en el yom Cinto, pero el hombre fue creado en el yom Seis, sin los animales? Podemos dar interpretaciones, pero lo cierto es que Henoc no solo dice esto, sino que agrega el “proceso” y “pautas” que llevaron a la aparición del humano: «Y en el Sexto Día ordené a mi Sabiduría crear hombre desde 6 bases: su carne de la Adamáh; su sangre del “la velocidad [de] los malajím y las densidades-nubes sus tendones-ligamentos; y su cabello del pasto de la Adamah; su alma de mi aliento y de mi espíritu.» (2ª Enoc 30:10 (el 11:58 del rollo hebreo)). ¿Podría haber una relación entre las Jaiah, Remesh y Behemah con la antesala de la aparición del hombre en un sentido biológico? No hablo de evolución esporádica, sino de diseño genético deliberado: Diseño Inteligente. ¿Fue la Sabiduría de la deidad la que estuvo detrás de la creación del hombre? Como asimismo se dice en los manuscritos de Nag Hammadi, parece haber un colectivo espiritual que representa un reino celeste, llamado ‘Jokma’ o ‘Jajmah’ (sabiduría, ciencia, sapiencia, astucia), el cual dirigía las operaciones del Espíritu Santo por medio de una posible civilización – o un grupo de ellas – de “ángeles” o seres sobrehumanos que representan a Dios y personifican la Sabiduría de estos sistemas estelares.

En las culturas amerindias se cree que hubo varias “eras” antes de la que constituyó la humana – y la previa al mismo – y ya el hombre existía, pero había sido convertido en simio (la era Ehecatonatiuh de las fuentes aztecas). Esta humanidad habría sido un diseño previo al cuerpo humano moderno, y es descrita como “mono” en los registros celtas, quienes además cuentan – como otros pueblos – que esta raza humana simiesca fue destruida con la caída de un asteroide. Según los registros antiguos, antes o durante la aparición del ser humano, hubo gigantes en nuestro mundo, y acorde a los registros aztecas, ellos estuvieron en la primera edad, la de Nahui-Océlotl, que fue precedida por la era Nahui-Ehécatl, arrasada por un “huracán” o mega desastre que supuestamente convirtió a sus supervivientes en “monos”. El libro celta de la creación, en los registros Kolbrin, «Nos cuentan cómo la tribu mono Selok, liderada por hombres celestes, perecieron por las llamas ante el Valle de Lod; Sólo una mona llegó a las alturas superiores [de la] cueva. Cuando el hombre celeste renació de la mona en la caverna de la Aflicción, podía saborear los frutos de la tierra, y beber de sus aguas, y sentir la frescura de sus vientos […] El hombre, creado a partir de sustancia terrenal solo, no podía saber simplemente las cosas de la Tierra, ni podría por sí solo someterlo [al] Espíritu.»

El relato celta afirma que esta destrucción fue provocada, básicamente, por un asteroide, y coincide con infinidad de relatos remotos de muchas culturas, incluyendo la propia azteca, pues sostiene que la era siguiente – en la que vivían sobre este mundo mayormente seres divinos o inmortales -, Nahui-Quiahuitl, fue arrasada por fuego del cielo. ¿Por qué directamente no se creó al hombre? Según el Popol-Vuh (registros mayas), se trató de crear al hombre una primera vez, pero no hubo éxito, mas el ensayo posterior sí resultó. Esto resaltan gran parte de otras historias, dando a entender que los propios “dioses” que trabajaban en la genética y la vida, aunque sabían lo que querían hacer – ya que el humano parecía ser un prototipo ya existente en el universo – no sabían cómo hacerlo, y tardaron algún tiempo en conseguir su humano idóneo, haciendo distintas pruebas biológicas y embrionarias con la especie que más similitudes daba la impresión de tener, al menos sobre la Tierra: los primates. Los textos de Nag Hammadi, especialmente, así como los registros vedas de la India, declaran que el hombre ya existía antes de venir a este mundo, pero vivía en otros mundos y en otros estados de “vibración”, “conciencia” o “dimensionalidad”, por lo que necesitaba un cuerpo lo más afín posible con las prestaciones para experimentar esta “fisicalidad”, que no le brindaban las formas de vida ya existentes; por tanto los “dioses” buscaban crear un organismo biológico lo más competente posible para ser vehículo de este alma inmortal (el hombre) que deseaba venir de estos otros mundos.

La novela sumeria ‘Atra-Hasis’ cuenta que unos seres sobrehumanos trabajaban duramente en la tierra, «Su tarea era considerable, Su trabajo pesado, su labor infinita.» Estos eran de una raza llamada ‘Anunnaki’ (que el Antiguo Testamento denomina “los hijos de Anak”), pero pertenecían a un subgrupo llamado ‘Igigi’, o ‘igigu’, que obedecía las ordenes de los Anunnaki superiores en cabeza del heredero Enlil: «[Y estos dioses] […] [Los Igigu] (tuvieron) que excavar [los cursos de agua], [Y abrir los canales] que vivifican la tierra. [Así, ellos abrieron] el curso del Tigris, [Y des]pués, [el del Éufrates].» Su ardua labor los agotó, «[Durante mil […] años] se entregaron a la tarea – [Después de haber acumulado […]] todas las montañas, [Hicieron el recuento de los años] trabajados. [Después de haber organizado […]] el gran pantano meridional, [Hicieron el recu]ento [de los años] trabajados, [¡(Durante) dos mil q]uinientos años, y más, Habían, día y noche, Soportado [esta pesada car]ga!» Ellos, cansados de esta situación, empezaron a quejarse y criticar a sus líderes, conspirando y terminando por llevar a cabo intento de golpe de estado, atacando la sede del poder en aquel entonces. Fue ‘Zu’ (el gran sabio) quien infiltrado entre ellos pareció motivar esto, según registros hititas (que agrega que Zu intentó hacerse un trono en las alturas y ser semejante al Altísimo), y curiosamente en el ‘Tratado sobre el Origen del Mundo’, de Nag Hammadi, en el mismo orden de sucesos, aparece el ‘Instructor’, por medio de quien se diseña el modelo para crear al hombre sobre esta esfera.

Tomaron el centro de control de la misión y rodearon la mansión de Enlil: «¡[Tu pal]acio está rode[ado], mi Señor! ¡El comba[te se ha ex]tendido hasta tu puerta! – ¡Tu palacio está rodeado, oh Enlil! […] Enlil ordenó que se trajesen las armas a su casa, – Después abrió la boca Y se dirigió a Nuska, su paje: “¡Nuska, levanta una barricada ante tu puerta! – ¡Toma tus armas y ponte a mis órdenes!» Ante esta amenaza recomiendan a Enlil llamar a su padre Anu, que se había decidido que permanecerse en órbita, o en algún lugar fuera de la Tierra, en una morada celeste, y «Anu, el rey del [Ci]elo, presidia (la reunión), Y el rey del Apsu, Enki, lo escuchaba [todo (?)], Mientras se [sen]taban los grandes Anun[naku], Enlil se puso de pie: se a[bría] el debate.» Esta asamblea urgente se organizó para establecer las pautas que se iban a llevar a cabo, dado que los igigu se rehusaban a seguir cargando con este trabajo. Ellos dieron sus quejas, mientras Enki, hermano de Enlil, les respaldaba y recomendaba un subterfugio: «Pero existe [un remedio para esta situación (?)]: Dado que [Belet-ili, la Matriz], está aquí, Que fabrique un prot[otipo de hombre]: ¡Será él quien car[gue] con el yugo [de los dioses (?)]- [Quien ca]rgue con el [y]ugo [de los Igigu (?)]: [Será el Hombre quien cargue] con su [traba]jo!» Belet-ili asegura que lo haría con la ayuda de Enki, ya que él era experto en estos temas – que podríamos llamar “genéticos” -, y él afirma que entonces un dios debe ser sacrificado, y su sangre debía mezclarse con arcilla para fabricar un diseño humano.

Estos relatos independientes relacionan la combinación de la propia esencia de los dioses con un modelo prediseñado o existente, para producir al humano que había de ser creado: «Los arcontes se reunieron en asamblea y dijeron: “Vamos, tomemos tierra y creemos un hombre de barro”. Y modelaron su criatura haciéndola completamente de tierra.» (La Realidad de las Potestades 1:6-7, Nag Hammadi). En otro tratado de esta biblioteca se dice que las autoridades “eyacularon su esperma” en el “ombligo de la Tierra” para crear la vida, y da las pautas de cómo se llevó a cabo este desarrollo hasta llegar al homo Sapiens sapiens. Ya que habría demasiadas fuentes que citar y mucho que escribir, trataremos de resumir lo mejor posible todos estos puntos, agregando aquí que todo apunta claramente a que se usó la ingeniería genética para crear al ser humano, hablando incluso del uso de los “elementos de la tierra” combinados para la fabricación biológica de una transporte (cuerpo, avatar), pero que en primera instancia no funcionó, aunque teóricamente estaba todo bien. El cuerpo parecía “vivo”, pero estaba carente de alma (tripulante), lo cual explican como un estado de trance, de coma o de ‘Tardema’ (sueño profundo). Estos intentos no fueron satisfactorios desde el principio, y hubo diferentes intentos por crear al hombre “ideal”, pero al conseguirlo vieron un peligro y lo volvieron a “mortalizar”.

Respecto del primer proceso de creación, Henoc escribió: «Y 7 cualidades le di, las 7 para la carne: la vista para los ojos; el olor para el alma; el regocijo para los ligamentos-tendones; el gusto para la sangre, la paciencia-tolerancia a los huesos; la mansedumbre-tranquilidad para el pensamiento. Y pensé por que dije-llame Palabra astuta-sabia porque de lo existente que no se ve y se ve hice al hombre, ambos muertos y vivientes, y la imagen-figura sabe-conoce Palabra y no hay en toda la Creación como él: pequeño en grandeza y en la pequeñez grande. Y lo puse como segundo ángel custodio sobre la Tierra, honrado-recto y grande, y respetado-venerado. Y lo senté como rey de la Tierra y no había nadie como él entre mis sabios-astutos. Y no había igual a él en la Tierra de todas mis creaciones. Y le puse como nombre los 4 vientos: del Oriente, del Occidente, del Norte [y] del Sur. Y le puse en custodia-designé 4 estrellas de las enfriadas-secas y llamé su nombre Adam. Y di-mostré las voluntades-disposiciones y él miró los dos caminos: luz y oscuridad, y les dije: Eso es ir bien y eso es malo para dirigirse, [debo] saber si tiene astucia-discernimiento hacia mí con odio hacia la dirección excelente, [y quien] de su simiente me ama. Y yo vi mi proyecto pero él sobre el proyecto no sabía, y si sabe lo hará mal, al pecado y todo lo suyo será pecado, y dije: luego del pecado no hay Palabra sino la muerte. […] Y tomé la letra, la última del nombre de él y llamé su nombre, ellos eran él: Adán, [y] ellos [son] la humanidad y los vivientes.» (2ª Henoc 30:11-16) ¿Estrellas frías? Esta era una forma directa de decir “planeta”. ¿Originalmente el hombre en nuestro sistema solar vivía en 4 planetas?

¿Le puso por nombre los cuatro vientos? Las siglas de las cuatro direcciones en griego antiguo eran ‘A’, ‘D’, ‘A’ y ‘M’. Y, ¿cuál es esa letra que tomó para el nombre de la compañera? A Javah (Eva) se la definió como «am kal-jai» (madre de toda vida), por lo que su nombre Javah deriva de Jai (vida), y significa “dadora de vida”, y además, la primera y última letra de las tres que conforman el vocablo ‘A.D.M.’ (Adam, hombre) forman ‘A.M’ (madre). Era lógico que ella sería madre si era mujer, porque hasta el resto de criaturas procreaban y daban a luz a sus semejantes, de modo que lo que esta alusión pretende hacer ver es que Javah daría a luz seres señoriales, sería matriz para la concepción de una raza gloriosa que encarna a almas del reino de los cielos. Sabiendo que esto ocurriría fue por lo que «Ialdabaot le dijo a las autoridades que estaban con él: “Venid, creemos un ser humano a imagen de Dios y con semejanza a nosotros mismos, para que esta imagen nos dé luz”.» (Libro Secreto de Juan 9:1) Ialdabaot sabía que el hombre señorial tenía una chispa superior a él y quería poseerla, pero al ver su verdadero potencial se arrepintió y destruyó este molde (cuerpo) inicial produciendo uno nuevo mortal, y que en vez de dominarlo todo, fuese dominado por las autoridades para servirle a ellas y estar tan atareado de oficios y labores que jamás despertase para comprender su verdadera naturaleza. Todo este modelo se creó a imagen de los seres de los reinos superiores que Ialdabaot y los suyos una vez hubieron contemplado: «crearon con sus poderes y copiaron los rasgos que habían aparecido. Cada una de las autoridades aportó un rasgo psíquico correspondiente a la figura de la imagen que había visto.»

En la versión del Génesis todo esto toca deducirlo a base de meticuloso análisis, empezando por comprender que el primer humano creado fue hecho a “imagen y semejanza” de la “deidad”, con la finalidad de gobernar sobre todas las cosas: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.» (Gén. 1:26, RVA 60) El primer diseño fue andrógino: «masculino y femenino los creó» (vers. 27). No obstante, este hombre vegano (vers. 29) perteneció al yom Seis, mucho antes del hombre moderno, y Moisés también dio constancia de ello al escribir: «Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo.» (Gén. 2:1-2, RVA 60) ¿Qué quiere decir esto? Que al llegar el tiempo de cesación de este proyecto, se impuso un periodo – Séptimo – para que las cosas transcurriesen solas, como la semilla que ya sembrada y regada ahora solo se espera que con el tiempo germine y produzca. Entonces, tras hablar del final de todo esto, y del ciclo del yom Siete, menciona al nuevo hombre que ahora venía a ser creado: «Entonces Iaheveh Elohim formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.» (Gén. 2:7, RVA 60) La versión de Juan dice que al crear al humano, «durante mucho tiempo su creación no se movió ni se agitó en lo absoluto», y que la Sabiduría, para recuperar su poder, mandó a 5 ángeles de los reinos eternos para engañar a Ialdabaot de manera que insuflase su poder en la criatura inmóvil, ergo «Él insufló su espíritu en Adán», «Así, el poder de la Madre salió de Ialdabaot y entró en el cuerpo psíquico que había sido hecho como el Uno que es desde el principio. El cuerpo se movió, y se hizo poderoso. Y fue iluminado.» (Libro Secreto de Juan 10:7-8)

Como vemos, el primer humano del que habló Moisés fue hecho «imagen y semejanza» de los dioses, y era andrógino, pero el que vino en la era subsiguiente ya no fue producido inmortal, sino mortal (tenía la imagen exterior de ángel, pero la semejanza biológica e interna de un mamífero): «del polvo de la tierra». A este, que se entiende que ya tenía sexo independiente, se le privó de la inmortalidad, pero además el relato parece posee una contradicción, sea en la tesis o en la cronología, puesto que mucho más adelante es cuando al humano se le extrae una costilla para fabricarle a su contraparte: «Y de la costilla que Iaheveh Elohim tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.» (Gén. 2:22 RVA 60) Los textos de Nag Hammadi y los registros celtas también mencionan este hecho: la fuente cristiana egipcia sostiene que esta fue la producción de una raza humana con capacidad del despertar de la conciencia, donde la mujer que apareció era imagen de la hija de la ‘Sabiduría’, y esta fue una encarnación de esta mujer celeste, quien despertó al hombre, en un sentido de conciencia de sí mismo como criatura gloriosa y divina, haciéndole saber que él era un alma encarnada, y que realmente provenía de reinos superiores. Por ello Jesús dijo a Juan: «En seguida el resto de los poderes sintieron celos. Aunque Adán había nacido a través de todos ellos, y ellos habían dado su poder a este humano, Adán era, empero, más inteligente que los creadores y el primer gobernante. Cuando se dieron cuenta que Adán estaba iluminado y podía pensar más claramente que ellos, y era libre de mal, cogieron a Adán y lo arrojaron a la parte más baja de todo el reino material.» (Libro Secreto de Juan 10:9-10)

El Kolbrin, lo relata diciendo: «Entonces la niebla se aclaró gradualmente y el hombre vio otra forma emergente. Era la de una mujer, pero una como Fanvar nunca había visto antes, hermosa más allá de su concepción de la belleza, con tanta perfección de la forma y la gracia que él estaba estupefacto. Sin embargo, la visión no era importante, era un fantasma, un ser etéreo.» Según esta historia, este Adam, llamado Fanvar, estaba en los límites del jardín del oriente y veía a este ente etéreo constantemente, ya que se le aparecía deliberadamente. La historia dice que un día los bothas (una raza salvaje yosling (seres inteligentes semi-humanos privados de la capacidad de trascendencia espiritual)) le cercó mientras él dormía, y en una encarnizaba batalla logró librarse de ellos, no sin recibir un tajo en su costado que le estaba desangrando, «Se convirtió en leve, cayendo en un profundo dormir y mientras dormía algo maravilloso sucedió: El fantasma vino y se acostó al lado [de] él, tomando la sangre de su herida a sí misma por lo que congeló por ella. Así, la criatura espiritual convirtió vestido de carne, nacida de sangre coagulada, y siendo dividida de su costado, se levantó una mujer mortal. En su corazón Fanvar no estaba en reposo, debido a su semejanza, pero ella era gentil, ministrándole a él con solicitud y, de ser hábil en las formas de curación, ella hizo [a] él todo. Por lo tanto, cuando había crecido fuerte otra vez la hizo reina del Gardenland (tierra del Jardín), y ella se llamaba así, incluso por nuestros padres que la nombraron Gulah, pero Fanvar [la] llamó Aruah, lo que significa ‘compañera’. En nuestra lengua es llamada la Dama de Lanevid.»

Otra historia, la épica de Gilgamesh, nos dice: «Cuando Anu hubo escuchado sus quejas, A la gran Aruru llamaron: “Tú, Aruru, creaste el hombre; Crea ahora su doble; Con su corazón tempestuoso haz que compita. ¡Luchen entre sí, para que Uruk conozca la paz!” Cuando Aruru oyó esto, Un doble de Anu en su interior concibió. Aruru se lavó las manos, Cogió arcilla y la arrojó a la estepa. En la estepa creó al valiente Enkidu, Vástago de…, esencia de Ninurta. Hirsuto de pelo es todo su cuerpo, Posee cabello de cabeza como una mujer. Los rizos de su pelo brotan como Nisabal.» El humano, llamado Adapa, había resultado de los primeros Mu (proto-hombres creados por Enki para reemplazara el trabajo de los igigu), y aunque conoció la morada celeste, le engañaron para no alcanzar la inmortalidad; ahora, Adapa era duplicado para crear a un ser similar a él, pero con quien debiera competir, el Enkidu. Este humano tan peludo era básicamente un cavernícola, pero Gilgamesh quiso hacerlo despertar de su letargo o ausencia de conciencia, por lo que le llevó una mujer para que ella le hiciese comprender. Él entendió que ella era carne de su carne y hueso de sus huesos y la identificó como semejante a él, y nunca más volvió a ser el mismo, llegando a ser incluso el mejor amigo de Gilgamesh. Es posible que esta historia tenga analogía con la de Juan sobre el postrer humano: «Así, Adán se convirtió en un ser humano mortal, el primero en descender y quedar apartado. El Pensamiento Posterior iluminado dentro de Adán, sin embargo, rejuvenecería la mente de Adán», y agregó que «El primer gobernante […] arrojó olvido sobre Adán. […] Así dijo el primer gobernante a través del profeta: “haré que sus mentes sean lentas, para que no puedan comprender ni discernir”.» (Libro Secreto de Juan 11:20-23)

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