¿Cómo se produjo la Creación? – Génesis Día 2

¿Cómo se produjo la Creación?

Génesis Día 2

 

«Antes del comienzo sólo había una conciencia, la de El Eterno cuya naturaleza no se puede expresar en palabras. Era el único Espíritu, El Ser Generador que no puede reducirse. El Desconocido, Incognoscible Un solitario melancólico en profundo silencio embarazado. El nombre que se pronunció no puede comprender este Gran Ser que, permaneciendo sin nombre, es el principio y el final, más allá del tiempo, más allá del alcance de los mortales, y que en nuestra simplicidad llaman Dios. El que precedió a todo existía solo en Su extraña habitación de la luz increada, que permanece siempre inextinguible, y ningún ojo comprensible puede jamás contemplarlo. Los borradores pulsantes de la luz, la vida eterna en su mantenimiento aún no se habían soltado.» (El Libro de la Creación, The Kolbrin. Los registros de la cultura celta). Esta explicación tan majestuosa del Kolbrin nos resume sabiamente todo lo anteriormente dicho, y nos amplía la visión de esta historia: «Sabía él solo, fue sin contraste, incapaz de manifestarse en la nada, pues todo dentro de su ser estaba, [el] potencial no expresado. Los círculos mayores de la Eternidad aún no habían salido, para ser echados fuera como los siglos de los siglos de la existencia de [las] sustancias. Ellos iban a comenzar con Dios y retornar a Él completando en variedad y expresión infinita. Tierra aún no existía, no había viento con el cielo por encima de ellos; altas montañas no se plantearon, ni fue el gran río en su lugar. Todo era sin forma, sin movimiento, calma, silencio, vacío y oscuro. Sin nombre había sido nombrado y no había destinos presagiando.»

Los viejos recuentos griegos nos dicen que «Antes de existir el gran mar y la fértil tierra, y el cielo azul que recubre el mundo; antes de que la naturaleza –que nuestros ojos ven y todos nuestros sentidos ayudan a aceptar- viviese como vive ahora: organizada, plástica, sabia, poderosa; antes de todo eso, era el Caos: masa tosca e informe que constituía el universo. En el comienzo, lo que existía era inerte –dice Ovidio, poeta latino-. Era un peso muerto. Un montón de elementos dispares. En ese tiempo, ninguna luz daba al mundo calor y claridad. Ni el Sol ni la Luna recorrían la bóveda celeste, transformando cada día en un nuevo día, y cada noche en una noche clara. La Tierra todavía no estaba suspendida en el aire, equilibrada por su propio peso. Y Anfitrite, la reina del mar, no había extendido aún sus dulces brazos hasta las márgenes. Tierra y Mar eran una mezcla indistinta de vida y agitación. El suelo no tenía densidad. El mar no fluía. El aire no tenía luz. Nada poseía forma propia. Y en el interior de esa masa única, se entablaba la constante batalla de los principios opuestos: el frio combatía al calor; la humedad contra la sequia; la liviandad contra el peso. Poco a poco un germen inteligente, un dios ordenador emergió del Caos. Definió (delimitó) y armonizó (equilibró) todo, según su soberana voluntad. La paz se hizo en el universo. Pero permaneció para siempre encendida la chispa del conflicto, porque el orden, el límite y el equilibrio no son estáticos…»

También los indios quichés nos cuentan la versión mesoamericana de esta historia: «He aquí el relato de cómo todo estaba en suspenso, todo tranquilo, todo inmóvil, todo apacible, todo silencioso, todo vacío, en el cielo, en la tierra. He aquí la primera historia, la primera descripción. No había un solo hombre, un solo animal, pájaro, pez, cangrejo, madera, piedra, caverna, barranca, hierba, selva. Sólo el cielo existía. La faz de la tierra no aparecía; sólo existían la mar limitada, todo el espacio del cielo. No había nada reunido, junto. Todo era invisible, todo estaba inmóvil en el cielo. No existía nada edificado. Solamente el agua limitada, solamente la mar tranquila, sola, limitada. Nada existía. Solamente la inmovilidad, el silencio, en las tinieblas, en la noche. Sólo los Constructores, los Formadores, los Dominadores, los Poderosos del Cielo, los Procreadores, los Engendradores, estaban sobre el agua, luz esparcida. [Sus símbolos] estaban envueltos en las plumas, las verdes; sus nombres [gráficos] eran, pues, Serpientes Emplumadas. Son grandes Sabios. Así es el cielo, [así] son también los Espíritus del Cielo; tales son, cuéntase, los nombres de los dioses. Entonces vino la Palabra; vino aquí de los Dominadores, de los Poderosos del Cielo, en las tinieblas, en la noche […] unieron sus palabras, sus sabidurías. Entonces se mostraron, meditaron, en el momento del alba…» (Popol Vuh. Capítulo 2)

En su tiempo ya decían los nórdicos que el mundo empezó como una masa helada llamada Niflheim, y con ella vino el mundo que podemos definir como el de la actividad magmática, al que llamaban Muspelheim, así como el caos o abismo que existía entre ambos: Ginnungagap. Asimismo tenemos la idea del universo siendo producido con su Dios desde un útero dorado o brillante, un huevo cósmico llamado Hiranyagarbha, del que narra el sagrado Bhagavata Purana de la India. Así se habrían producido los cielos, mundos, sus órbitas y dimensiones, planos de realidad e incluso espacios y universos paralelos, y en ellos el gran Dios, bajo muchas formas y representaciones, quien lo habita todo, «aquel que se viste (empleando como manto) las sólidas piedras del Cielo. Y escogió también a cuantos le agradan a Él» (Yasna XXX, el Avesta de Zoroastro. Antigua Persia) Los manuscritos de la biblioteca egipcia de Nag Hammadi nos comentan estas historias en sus varios tratados, exponiendo que los “dioses” emanaron en el caos, en esa oscuridad y la masa acuosa. Si bien, en copto y griego koiné la palabra para ‘dioses’ era más precisamente ‘exoisias’ (autoridades) y ‘arjais’ (arcontes, principados), que posteriormente crean a los ‘dynameis’ (poderes, fuerzas, energías) y con quienes representan aquellas potencias del Destino. Irónicamente, aunque la palabra hebrea ‘elohim’ se traduce por “dioses” o “Dios”, realmente significa “poderosos”, pudiendo evocar a “poderes” o “fuerzas” detrás del mover del mundo material.

En otro tratado de estos registros cristianos egipcios, encontramos: «Sem, ya que eres de un poder sin mezclar y usted es el primer ser sobre la tierra, oye y entiende lo que voy a decirte, [y] por primera vez acerca de las grandes potencias que estaban en existencia en el comienzo, antes del presente. No había luz ni oscuridad y no había Espíritu entre ellos. Dada su raíz cayeron en el olvido – el que fue el Espíritu no engendrado – del cual yo te revelo la verdad, acerca de los poderes. La Luz se creía completa de la audición y la palabra. Estaban unidos en una sola forma. Y la oscuridad fue el ruaj (viento, espíritu) en las aguas. Poseía la mente envuelta en un incendio caótico. Y el Espíritu entre ellos era una luz suave y humilde. Estas son las tres raíces. Ellos reinaron cada uno en sí mismos, solos. Y cubrieron unos a otros, cada uno con su poder.» (Paráfrasis de Sem 1:19 al 2:10) Todo eso concuerda con el resto de versiones que tratan esta historia del origen del universo, ya que la idea de un Dios Eterno e Inconmensurable que existía antes del universo y del cual procede todo, está presente en muchas culturas.

«La muerte entonces no estaba, ni nada había inmortal. Aquello sin aliento, respiraba por su naturaleza: aparte de ello lo que fuese nada había. Todo lo existente era vacío y sin forma. ¿Qué había por encima o por debajo entonces? ¿Quién ciertamente lo sepa y declararlo pueda? ¿De dónde nació y de dónde viene esta creación? Los dioses posteriores fueron la producción del mundo. ¿Quién sabe entonces dónde comenzó la existencia? Él, primero origen de la creación, si la formó o no, cuyo ojo controla el mundo desde el empíreo, Él ciertamente lo sabe, o quizás no…» (Rig Veda, registros de la India) Estos pueblos llamaban “dioses” a los poderes y astros que emergieron con el “Big Bang”.

 

וַיֹּ֣אמֶר אֱלֹהִ֔ים יְהִ֥י רָקִ֖יעַ בְּת֣וֹךְ הַמָּ֑יִם וִיהִ֣י מַבְדִּ֔יל בֵּ֥ין מַ֖יִם לָמָֽיִם׃

 

El relato de Moisés, en su verso 6, nos dice, «ve.iamer Elohim iehi rakia ba.toj ha.maim ve.iehi mabdil bein maim le.maim», es decir, que hubiese un espacio o vacío entre el agua, entiéndase esa ahí ya existente. Agrega que se realice esto separando entre “aguas a las aguas”, o sea, aguas sobre aguas. El texto hebreo para-bíblico de 2ª Esdras (capítulo 6:41) nos dice: «Al segundo día hiciste el espíritu del firmamento, y ordenaste partirse en dos, y pues hacer una división entre las aguas, que por una parte podría subir, y la otra permanecerá al pie.» Esta descripción es claramente una alusión a la formación de la atmósfera, al menos en nuestro mundo y los que son esferas semejantes. ¿Cómo se produciría esto? Es una acción lógica que responde a la ley de la gravedad: unos elementos son más pesados que otros, y los más ligeros (gases) se superponen a los más pesados (líquidos), y estos a los aún más pesados (sólidos). Jubileos 2:4 nos confirma este hecho, aduciendo, de palabras de Moisés: «Y en el segundo día creó la Rakia en medio de las aguas, y las aguas estaban divididas en ese día; la mitad de ellas pasó por encima y la [otra] mitad de ellas bajó por debajo de la Rakia (que fue) en el medio durante la faz de la tierra entera. Y este fue el único trabajo [que] (Dios), [hubo] creado en el segundo día.»

Las milenarias Tablas Esmeralda de Thoth nos hablan de «los Señores de Amenti, señores ellos de los Niños de la Mañana, Soles de los ciclos, Maestros de Sabiduría.» (Tabla III) Dyehuty (Thoth), el “dios” egipcio de la escritura, afirmaba que estos señores de Amenti controlaban el caos para que el universo no fuese disuelto, y, según él, era necesaria la existencia del caos para mantener un equilibrio en el cosmos. Dyehuty refirió que estos inmortales de Amenti (las salas del camino hacia el más allá) eran señores sobre los “niños de la mañana” y a su vez “soles de los ciclos”. El sabio idumeo Job, escribió, un tiempo después de Abraham, «cuando alababan juntas todas las estrellas del alba y se regocijaban todos los hijos de Dios…» (Job 38:7) ¿Alababan las estrellas? En hebreo dice ‘Kokabei Boker’ (astros de la mañana), los mismos que parece mencionar Dyehuty, y de quienes agregó, «Muchas de las estrellas pasé en mi viaje, muchas de las razas de los hombres en sus mundos; algunos llegando alto como las estrellas de la mañana, algunos cayendo bajo en la negrura de la noche.» Y asimismo escribió que «Hace muchas eras, los soles de la Mañana descendiendo, encontraron el mundo lleno con la noche, ahí en ese pasado, comenzó la lucha, la antigua Batalla de Oscuridad y Luz.» (Tabla VI)

Ahora bien, el vocablo hebreo Yom (día) alude a una era y a un dios, como engloba el vocablo griego ‘Aionos’ (eón, era, siglo, edad), también ‘Laila’ (noche) tiene su propio significado profundo. Su raíz sánscrita, ‘Lila’, lo identifica como el concepto relativo a la eterna lucha en el cosmos, desde que la oscuridad emergió. Para los vedas, la Lila era la eterna batalla cósmica entre el bien y el mal, la lucha entre el orden y el caos, la luz y la oscuridad, la justicia y la injusticia. El propio nombre de la demonesa Lilit, de las leyendas hebreas, toma su nombre de la misma raíz, siendo idea de mal, oscuridad y lo demoniaco. Otro punto importante acá es que la narrativa de Génesis 1:5 nos habla de un ‘Boker’ (mañana) y un ‘Ereb’ (tarde) que configuran ese primer eón o era inicial, pero, si el sol se supone que aún no estaba, ¿qué eran esa mañana y esa tarde? Además, no dice “noche”, sino que el día sería solamente según el periodo de luz,  ¿el principio de 6 horas matinales y 6 horas de la tarde? En consecuencia, no habla de un día de 24 horas, sino de un ciclo de luz. Si estuviese hablando de un periodo consecutivo de días reales, tendría que haber incluido la noche. Esto concuerda con las otras fuentes que exponen que esta luz no solo era cósmica (de esferas de luz), sino de seres de luz que rigen el lado positivo de ese Ying-Yang, o “Lilá”, frente a los caóticos que rigen el lado oscuro.

Podemos concluir aquí, sin temor a equivocarnos, que esas “estrellas” eran seres extraterrestres de otra dimensión, ángeles de esferas superiores de realidad que luchan contra la oscuridad y sus fuerzas, y esos “soles” o “hijos de dios” son igualmente un grado elevado de inteligencias sobrenaturales que operan sobre el orden en el cosmos. En los periodos del “amanecer” de la civilización estuvieron acá, habiendo sido algunos de ellos desertores justo antes del diluvio. Génesis nos dice que el Yom se divide en dos secciones: Boker y Ereb. Los de Boker son de máxima luz y de esa era, pero, ¿qué es eso de ‘Ereb’? El ocaso de esa era (ciclos que empezaban y terminaban con episodios determinantes), de la cual los antiguos griegos dieron constancia al decir que en la era remota del mundo, ‘Érebo’ fue lanzado a los infiernos, donde se convirtió en la horda de espíritus demoniacos que desde aquel remoto pasado asolaron al mundo.

La versión de Henoc es aún más clara sobre esta historia, y nos dice: «Y entonces yo hice firme el círculo celestial, e hice que las aguas bajas cuales están bajo el Cielo colectarse a sí mismas juntas, hacia dentro de un agujero, y que el caos se volviera seco, y ello se convirtió así. Fuera de las olas (onda) yo creé roca dura y grande, y de la roca yo llené lo seco, y lo seco yo llamé tierra, y el medio de la tierra yo la llamé abismo, que es decir lo sin fondo (insondable), yo colecté el mar en un lugar y lo limité junto con un yugo. Y yo dije al mar: Contempla yo te doy tus límites eternos, y tu no deberás romperte, soltarte de tus partes componentes. Así yo hice rápido el firmamento. Y fue la tarde y la mañana el Día Segundo.» (2ª Henoc 28:1-4) El tal “círculo celestial” que se formó al elevarse las partes de agua más ligera (gases), del resto que se quedó abajo, era ese vacío (Rakia) entre ambos, y el resto de materia de la parte inferior recubría lo que en un principio fue un agujero.

Esto es lo que también se cuenta en el Enuma-Elish, donde la historia se describe como una batalla campal entre dioses para referirse a la manera en la que se formó el sistema solar. Según la larga descripción que dan las tablillas sumerias, varios impactos de cuerpos espaciales y procesos de formación conllevaron al establecimiento del sistema solar como lo conocemos, pero la masa primordial Lahmu y Lahamu cambiaron de estado y “espíritus” emergieron y sojuzgaron. Justamente las palabras Lahmu y Lahamu dan lugar al vocablo hebreo Lejem (pan), por la idea de una masa pastosa que evidentemente luego se calienta para conseguir el preciado alimento. La tierra como lodazal y asimismo ardiente (caliente aún y con muchos volcanes y lava) empezó a producir su atmósfera en un largo ciclo de cambios con los procesos de cambio consecuente, presiones y revoluciones de la esfera terrestre. Esa idea que describe Henoc, del caos haciéndose seco o sólido, concuerda con los otros pasajes del relato de Moisés, por lo que podemos aducir que los cambios se sucedían unos tras otros, pero la secuencia no necesariamente era según la finalización de una era para empezar la siguiente, sino incluso muchas empezando antes de concluir la otra. ¿En qué difiere toda esta historia de la versión científica sobre la formación geológica de la Tierra? Realmente en prácticamente nada, salvo que estos pueblos ya lo sabían miles de años antes de la ciencia actual.

Los traductores bíblicos tradujeron ‘Rakia’ de diversas maneras, desde ‘bóveda’ (Reina Valera de 1995) o ‘expansión’ (Reina Valera de 1960), pero desde la traducción de los Setenta se aceptó la idea de ‘Steréoma’ (firmamento, firmeza, firme), como lo hizo mucho después Jerónimo al latín: ‘Firmamentum’ (versión Vulgata). Muchos son los textos, sea hebreos o no – especialmente del profeta Henoc – que abordan el tema de cómo el “espíritu” de Dios formó la atmósfera – o “cielo” según vocabulario “bíblico” – y lo diseñó de esta perfecta forma esférica recubriendo la superficie de nuestro mundo. La palabra misma, Rakia, deriva de la raíz ‘Rek’ (vacío), ya que en cierto modo las capas de la atmósfera, aunque están llenas de gas, aparentemente son un vacío sobre nosotros, como si estuviésemos dentro de un gran globo transparente lleno de aire o de helio, porque el gas es invisible, aunque ocupe espacio. Ahora bien, toda esa masa gaseosa no dejaba de ser parte de esas aguas primordiales, aun cuando a simple vista nuestra percepción de las cosas no nos haga imaginarnos esto así.

Dicha situación incluso responde al ciclo hidrológico, donde las mágicas nubes juegan un papel trascendental, y ese “espíritu” invisible que motiva la vida lleva las corrientes de viento del sur y del norte, del este y del oeste, sea en la atmósfera o en los fondos oceánicos; mantiene las nubes que nacieron con la formación atmosférica en su altura gracias a la presión y el clima, promueve las precipitaciones que nutren la tierra firme, lleva el agua dulce en descenso hasta el mar y nuevamente la sublimación en el océano vuelve a llevar las partículas líquidas hacia las nubes. Con toda razón dice el texto que “se separen las aguas de las aguas”.

 

וַיַּ֣עַשׂ אֱלֹהִים֘ אֶת־הָרָקִיעַ֒ וַיַּבְדֵּ֗ל בֵּ֤ין הַמַּ֙יִם֙ אֲשֶׁר֙ מִתַּ֣חַת לָרָקִ֔יעַ וּבֵ֣ין הַמַּ֔יִם אֲשֶׁ֖ר מֵעַ֣ל לָרָקִ֑יעַ וַֽיְהִי־כֵֽן׃

 

En el séptimo versículo de Génesis 1, nos dice el texto hebreo, «ve.ias Elohim et-ha.rakia ve.ibdel bein ha.maim asher mi-tajat le.rakia ve.bein ha.maim asher meal la.rakia ve.iehi-ken», que en pocas palabras quiere decir que fue hecho ese “firmamento” y se separaron las “aguas” que estaban bajo el firmamento, que así quedaron, pero, asimismo, las “aguas” de arriba, sobre ese “vacío”. Se puede suponer que ciertas “aguas” fueron a parar más allá de este mundo, en el cielo, como algunos hemos sugerido alguna vez, dando formación a otros planetas (como es el caso de los “acuosos” o mega “gaseosos” que están más allá de la Tierra: Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno (planeta que, empero, se identifica como “el mar del cielo” en la cultura védica, y que los griegos llamaban ‘Poseidón’)). Sin embargo, lo que más sencillo se puede considerar es que estemos hablando del O3 (la capa de ozono). ¿Solo esa capa? No, el contexto de la atmósfera como masa gaseosa.

De manera que, así como antes del Día Uno (primera era definida, Eón Uno) era el universo espiritual, posteriormente el “vacío” en este universo, seguidamente la aparición de la luz (Big Bang, estrellas, etc.) y luego la materia configurándose, en el Segundo Eón se estructuraron los “Aretz”, o masas físicas, que gracias a la ley de gravedad tomaron la forma esférica y separaron su sustancia por peso, dando lugar a las capas exteriores planetarias: atmósfera. No todos los planetas parecen seguir el mismo modelo y ser un paraíso, pero la idea da a entender que siguen el mismo patrón (lo cual según las leyes de la física tendría mucho sentido).

 

וַיִּקְרָ֧א אֱלֹהִ֛ים לָֽרָקִ֖יעַ שָׁמָ֑יִם וַֽיְהִי־עֶ֥רֶב וַֽיְהִי־בֹ֖קֶר י֥וֹם שֵׁנִֽי׃

 

El verso 8 nos dice, «ve.ikra Elohim la.rakia shamaim ve.iehi-ereb ve.iehi-boker iom sheni», cosa que define que la ‘Rakia’ recibió el título, nombre, designación o identidad de ‘Shamaim’. Así concluía este Segundo Eón, pero el problema acá es que antes de empezar los “días”, ya se había dicho que la Shamaim, así como la Aretz, habían sido creadas. Es más, se daban explicaciones sobre el estado en que estaba esa materia, o ‘Aretz’, que vino tras el Shamaim, por lo que, este “otro” Shamaim parece emular el primero o ser una imagen “inferior” del mismo. Si observaron en las citas anteriores, se hablaba constantemente el “nombre” que fue antes de todas las cosas y del cual emanan. Justamente “nombre” en lenguas semíticas es ‘Shem’, que también se lee como ‘Sham’ (allá), y que da lugar al vocablo ‘Shamaim’. Aunque en hebreo “nombres” es ‘Shemot’, en plural femenino, no en plural masculino, cabe notar que ‘Shamaim’, o ‘Shemim’ fuese una idea de ‘nombres’ (identidades, destinos) proyectados de ese Shem original, siendo dicho Shem original el motor de todos los demás.

Muchos manuscritos nos dicen que el cielo está lleno de cielos, ¿y en qué consisten esos cielos? Evidentemente esta es una precaria definición que engloba lo que ahora con muchas palabras sabemos definir del universo. Si este Shamaim es todo el espacio que engloba la atmósfera de los planetas, sus órbitas, sus dimensiones y/o todo lo anterior, estas descripciones cobran un fascinante sentido, ya que encajan a la perfección con todas las escrituras que abordan dicha materia. Incluso las descripciones sobre “vórtices” o “espirales” explican ese movimiento del “espíritu” fluyendo en todo y motorizándolo todo: «Como se ve el poder del torbellino recogiendo el polvo de la tierra, y la conducción juntos, sabe que del mismo modo es reunida la ji’ay, a’ji y nebulosas en el firmamento de los cielos; por el poder del torbellino puedo crear los soles corporales, lunas y estrellas. Y dije al hombre el nombrar los torbellinos en el firmamento Etherean, y los nombró de acuerdo a su forma, que califica de vórtices y wark.» (Oahspe, revelación de 1882)

Continuar, parte 3/6

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