El Final que Nunca Llega ¿La espera de los cristianos finalizará algún día?

¿EL FINAL QUE NUNCA LLEGA?

Es parte de cada cultura y pensamiento humano creer o esperar un final o en el Final para cada ciclo histórico. Algunos suelen preguntarse qué determina el final de una era y el inicio de otra, como por ejemplo todos los periodos prehistóricos de la Tierra, que se distinguen por determinados miles de años y nombres concretos; Marcaciones determinantes, cambios decisivos, morir y renacer, un cambio completo o casi total de todo un sistema o de un eco-sistema.

Los seres humanos definimos las eras o edades más remotas como aquellas en que se formó la tierra y la vida, renombrándose según cambios abruptos que habrían ocurrido, de acuerdo con los resultados de los estudios estratigráficos y las dataciones y sus estimaciones. Al comenzar la era más reciente – conocida como Holoceno (la última y actual época del período Cuaternario, que se cree que comenzó hacia el 10.000 a. C., cuando terminó el episodio frío llamado ‘Dryas Reciente’, perteneciente a la última glaciación) – se categorizan sub-periodos, en consonancia con varios factores, especialmente climáticos, como el ‘Periodo cálido medieval’ (900 d. C.) o la ‘Pequeña edad de hielo’ (1300 d. C.). Sabemos que asimismo en el sentido de historia universal se suele definir en tres periodos: prehistoria (Edad Antigua y Edad Media), siglo XV-XVII (Edad Moderna) y siglo XVIII-XXI (Edad Contemporánea).




Los cambios más significativos de estos periodos han sido provocados por desarrollos, avances, conflictos bélicos o cosas semejantes, poco significativas al lado de los cambios abruptos o dramáticos que milenios o millones de años atrás cambiaron la geografía, el medio ambiente, la fauna, la flora u otros de esa índole. La ciencia considera que estos ciclos son periódicos, por lo que se repiten de un modo secuencial y repetitivo, con sus propias variantes. Los olmecas, mayas, aztecas, jopi, vedas, egipcios y muchos más pueblos del pasado definían la historia en eras muy específicas que fueron marcadas, fuera por secuencias de años secuenciales y/o por desastres “naturales”. Tanto ellos como otros tantos, fuera sabios o científicos, profetas o matemáticos, sacerdotes o videntes, estaban convencidos de que este patrón seguiría existiendo, por lo menos hasta el final de una era que – según sus estimaciones – es la que nos compete ahora (aunque tras esta vendrían otras, pero con patrones diferentes dentro de los mismos ciclos largos).

Así como las edades antiguas pasaron y otras nuevas llegaron, este mismo parámetro sería en relativo a nuestro presente, no según la idea desesperanzadora que ha rondado – o ronda – la mente de los poco entendidos en dicha materia, sino solo el final de esta época para ver un nuevo renacer – aún más glorioso que las eras que nos han precedido -. De acuerdo con muchas de las fuentes de este tipo – de culturas ancestrales – los periodos cortos entran en periodos grandes, y así como nosotros medimos estas ideas, igualmente para ellos los ciclos más grandes son los más determinantes, y los más pequeños solo puntuales y englobados dentro de los más grandes. Los ciclos o patrones primarios eran definidos en lapsos que van de los 52 a los 60 años, dentro de otros de casi 400 años y/o 600 años; mayores que estos estaban especialmente los de 2.160 años, luego los de 5.200 años, luego los de 12.500 años, luego los de 26.000 años, luego los de 75.000 años, y así más lapsos aún más largos, cada uno relacionado con los movimientos estelares. ¿Qué implicación pueden tener los astros – incluida la Tierra – con cambios significativos en nuestro mundo? En un sentido escéptico respecto del Mundo Superior, no habría en principio una respuesta objetiva a ello, pero si se cree en que esferas de realidad superiores rigen las inferiores, se va comprendiendo la relación de estos reinos y astros con los cambios “terrícolas”.

¿Cuál sería el punto con el hecho de tener este conocimiento? A pesar de que parece claro que al menos desde los años 70 del siglo XX los cómputos o secuencias para concluir la era de Piscis y comenzar la de Acuario debían haber ido acompañadas de un caos global y su previo renacer, esto no parece ocurrir todavía. Si mirásemos el tiempo con el prisma u ojos del “Tiempo Largo”, o la perspectiva de la eternidad del universo, este cambio se habría visto ya, percibido como un rápido chasquido de dedos, o incluso concebido como algo pasado (toda vez que el pasado, el presente y el futuro son una ilusión del factor de tiempo determinante en cada esfera dentro del cosmos, y depende de distintas variantes). Eso explicaría por qué Jesús de Nazaret, al irse, dijo, «vengo pronto», dado que hasta el momento habrán transcurrido fácilmente casi 2.000 años. Tomando los ciclos Baktun (144.000 días), hablaríamos del paso de 5 etapas desde aquel entonces (incluso Apocalipsis usa el patrón de “144.000”, en secuencias de 12.000 x 12 (donde igualmente el 12 suele representar la mitad de un día e incluso los meses del año)). Un periodo preciso de 5 Baktun – secuencia más larga del calendario maya, que representa 394,3 años, cada una – equivale a 720.000 días, que es un patrón que también corresponde con la geometría sagrada y la mecánica matemática del universo.




Con el 1er Baktun tras el nacimiento de Jesucristo, vino la era del cristianismo primigenio hasta la aparición del catolicismo y la tergiversación sobre el cristianismo (circa 5-12 a.C. al 380-394 d. C.); con el 2º Baktun, tras esto, vino la era Católico-Romana, que fue frenada por la era Islámica (hasta el 790, más o menos); con el 3ª Baktun prevaleció el poder sarraceno, siendo el “siglo de los árabes” que siguió con la época de las Cruzadas (hasta el 1.180 aprox.); con el 4º Baktun vinieron los mayores cambios de la sociedad moderna, ya que concluyó la Edad Media y se produjo el nacimiento del periodo de grandes avances de nuestra historia conocida, no sin grandes epidemias y guerras en Europa (que es donde los cambios fueron más notorios) -hasta el 1.570-1.580, más o menos -; vino entonces el 5º Baktun – como dije, partiendo desde el nacimiento de Jesucristo -, que fue el inicio del Protestantismo y la disminución más intensa de la influencia religiosa de Roma (etapa que habría llegado hasta los años 70 del siglo XX). De un modo u otro, estos 5 Baktun estarían terminando en algún momento entre los años 70 e inicios de los años 90, lo cual coincide con diversas estimaciones sobre la conclusión de la era de Piscis – o era del cristianismo (bien o mal, ya que sería el periodo del cristianismo en su contexto general, con sus pros y sus contras) -. En consecuencia, comenzaría la nueva era esperada, pero acorde a las advertencias tan señaladas a lo largo de los siglos y milenios anteriores al presente, habría una transición antes de la plena era de renacimiento humano, caracterizada por un nuevo sistema ficticio, un mundo globalizado basado en el engaño y el control de pocos sobre mayorías, que sería acompañado por un “apocalipsis”, una media de 4 a 7 años notablemente críticos.

Sin este proceso, semejante a un parto, no podría empezar realmente la edad utópica que marcaría el nacimiento de nuestro planeta hacia la perfección, la paz eterna, la inmortalidad y la alegría y la salud de toda la creación. Pero la idea del “fin del mundo” se ha tratado hace tanto tiempo, sostenido firmemente que el final ya llega – y lo cierto es que así es -, mas todo pareciese seguir igual a ojos de muchos. Es claro que nada sigue igual, y que cambios significativos se han desarrollado en los últimos 100 años como nunca se habían visto en nuestra historia conocida. El verdadero problema no estriba en la capacidad de acierto de los intérpretes de las profecías, sino sobre el factor probabilidad/posibilidad del tiempo/espacio. Esto quiere decir que aunque hay ciclos que se repiten y patrones que igualmente se repiten, dentro de lo que podemos llamar “Destino”, hay variantes probabilísticas o diversas posibilidades como ecuaciones según la extensión del tiempo dentro de un espacio. Hay acontecimientos que pueden ser cambiados, eventos con matices que pueden ser alterados, circunstancias que pueden atrasarse o valores que pueden añadirse, debido al Libre Albedrío, o sea, las decisiones de las propias personas.

Entre los muchos ejemplos que se podrían dar, y las muchas ideas complementarias que abordarían, se podría conceptualizar este argumento como el caso de mucha gente a la que se le advierte que un desastre natural va a ocurrir: una mayoría ora y pide perdón por algo que pudiese haber hecho mal para que esto de desencadenase, y la otra parte abandona rápidamente el lugar (a pesar de que no se arrepintieron, creyeron en el anuncio). Todos los “Efectos” son provocados por “Causas”, y si el “castigo” que ha de venir sobre alguien es remitido por la intervención de muchos, y el resto también toma una determinación radical respecto de lo que ha creído que ocurrirá, el Destino es “modificado” o “alterado”, según las variantes correspondientes. En otras palabras, podría no ocurrir el desastre, podría ocurrir pero en medida muy pequeña, o podría atrasarse mucho para ocurrir, inclusive esperando a la siguiente generación (y ver si la siguiente también lo evita al actuar en consecuencia). Mientras los estamentos de poder del mundo actual se hacen más y más fuertes, a nivel social se aviva un despertar de conciencia, teniendo lugar con esto un choque de polaridades; si en los años 70 empezaron a verse atisbos cada vez más convincentes del final de esta era, los poderes fácticos debían asegurarse de que el despertar de conciencia que se levantaba en la sociedad menguase, por lo que introdujeron nuevas modas musicales, festivales, drogas, filosofías y conflictos locales triviales (hasta guerras externas para mandar a morir a jóvenes, o sumirlos en luchas contra su prójimo). Con todo, eso no sirvió, ya que el pueblo protestó ante las guerras y las injusticias, contrarrestándose ya en ese momento el poder que podría haber desencadenado el final de esta era.




Si la conclusión de esta edad es ahora, y destaca por un despertar global de la conciencia, ¿qué provoca ese despertar y cómo se ve? Está y es plausible si se sabe mirar y discernir, pero dada la fuerte oposición del “mal” – por así decirlo – en este mundo, las corrientes de manipulación mental y condicionamiento social y psicológico, modas y movimientos degradantes, distracciones virtuales y pasionales, ocupaciones plenamente absorbentes, apatía y divisiones de facciones por verdaderas ridiculeces – todas detrás de las cuales está la élite oscura de poder -, es entendible que el “tira y afloja” nos mantiene más tiempo en ESPERA, escondiendo al bebé del nuevo mundo y manteniéndolo en estado de latencia. ¿Quiere eso decir que el movimiento de resistencia y oposición que llevan a cabo activistas y cristianos, el trabajo de ONGs, movimientos civiles en protesta y demás levantamientos deberían detenerse? Una de las dos corrientes terminará ganando, pero dados los parámetros de posibilidad/probabilidad de este espacio y tiempo, es complicado saber con plena exactitud cada factor, salvo comprenderlo, a groso modo, en un contexto general. Algunos cuestionan si entonces el movimiento de oposición anti-sistema conseguirá su fin, y abolirá la tiranía, conseguiría evitar las profecías sobre el Apocalipsis, pero para los que creen en los vaticinios y en las Plabras de los mensajeros de Dios, lo avisado respecto de lo que ha de suceder va a pasar, “sí o sí”.

En consecuencia, si los eventos anunciados van a tener lugar de todas maneras, habría pues un Gobierno Global con Dictadura Global, al menos solo unos pocos años, y se levantará en medio de los debacles del “Fin de los Tiempos” que concluirán con la caída total de este imperio planetario que está en alza y todas las estructuras de la vida y la sociedad que nos han definido en nuestra historia conocida. Empero, en algún momento la Oposición al sistema será vencida, y no conseguirá sus fines, siendo, por el contrario, reducidos a grupos independientes ocultos y disidentes perseguidos por la “justicia”, y sus ideales serán cumplidos, no por ellos, sino por la conciencia planetaria en sí misma, pero años más tarde (al comenzar la era de luz gloriosa). Dicho de otra forma, el “Destino” seguirá sus ciclos y llevará a cabo sus pautas – por encima de las decisiones humanas – ya que a la larga, el Libre Albedrío estará condicionado por determinaciones humanas nacidas del caos, la desesperanza, la angustia y el miedo que son promovidas por los poderes fácticos y las fuerzas de la oscuridad que están detrás, y los desastres sumados a una guerra global y sus consecuencias directas e indirectas. Por ende, la unificación social de valores y principios que trata de luchar y hacerse fuerte se verá frenada por problemas y preocupaciones de fuerza mayor que dispersarán a las masas, debilitando así su capacidad de hacer frente al poder elitista.

Dentro de los parámetros de posibilidad/probabilidad de este espacio/tiempo, los elementos aplicables más “elementales” serían: 1) esperar a que empezasen las sacudidas climáticas y geológicas para poner en marcha el aparato del Nuevo Orden Mundial; 2) crear escenarios de malestar social y miedo – como el terrorismo – para reforzar la estructura policial y el control ciudadano; 3) provocar una caída financiera considerable; 4) provocar una guerra entre dos o más potencias mundiales; 5) liberar un virus prácticamente imparable y mortífero; 6) sencillamente dos, tres, más o todos los anteriores. De acuerdo a las diversas profecías, especialmente del libro del Apocalipsis de Juan, todo estos escenarios mencionados precisamente son los que van a acaecer, y estarán enlazados de diversas maneras justo antes y durante todo el tiempo de dominio del sistema imperialista emergente, o “la bestia” – pero no será algo duradero (aunque solo fuesen 2 o 7 años – a lo sumo – parecerá en todo caso eterno si cada día es un infierno para los que no tienen su fe puesta en Dios o en Jesucristo) -.




Para los seguidores de los vaticinios sobre el futuro, indagar sobre el Apocalipsis es uno de las piedras angulares de interés, por excelencia. Pero para estudiar este libro, se debe conocer el contexto sobre el que gira, y eso implica profundizar sobre la cultura hebrea y sobre la secuencia de anuncios previos cuyo hilo sigue y concluye Apocalipsis. Los conceptos que la tradición y cultura hebrea proporcionaban sobre la conclusión de esta era y el inicio del hermoso periodo de paz duradero están estrictamente sujetos al papel del Mesías esperado por el pueblo de Israel. La cronología de sucesos que debían tener lugar comenzaba a marcar en el reloj profético potencialmente con las advertencias del judío Daniel en Babilonia, y para los cristianos estas se complementaban con la visión de Juan en Patmos. Los judíos suponían que la manifestación debía darse dentro de un contexto de un libertador que los salvase de sus opresores, pero lo que el movimiento que nació con Jesús de Nazaret dio a entender fue que la Redención era algo primeramente espiritual, y que habría una serie de eventos que seguirían tras el cumplimiento de los vaticinios de Daniel.

Comparando los anuncios de este profeta con la historia, ya sabemos que quedó patente que él advirtió que el Mesías aparecería bajo el dominio de Roma, y que sería asesinado justo antes de que Judeah fuese asolada por este imperio y los judíos viniesen a ser expatriados. Partiendo de ahí entraban en escena las palabras del apóstol Juan en su Revelación, pero habiendo transcurrido ya casi 20 siglos, ¿qué deberíamos esperar o suponer? Con otros anuncios, unidos a contenido extra de la propia cultura hebrea – aunque muchos de estos otros vaticinios no están en el canon llamado ‘biblia’ – se entiende que los Sellos del Apocalipsis juegan su papel de apertura después de la era romana y en una época de guerra mundial y conflictos internacionales. Gracias al propio Sermón Escatológico, Jesús mismo da las pautas para saber cuál sería el preludio de esta franja de tiempo que daría finalización a esta era e inauguraría la afamada era de paz, justicia, amor, unanimidad, longevidad, salud y bienaventuranza.

Es gracias a estas palabras, y su triangulación con la mayoría de profecías relativas a esta materia, que podemos comprender que las pautas dadas para comprender esta fase histórica no pudieron haber ocurrido en todos los siglos que nos han precedido, y que claramente pertenecen a esta época. Al hablar de guerras internacionales y todo tipo de conflictos mundiales, las palabras de Jesús entran en un contexto combinado con enfermedades virulentas, seísmos, hambruna y globalización. Eso podría desencadenarse en cualquier momento, y aún pareciendo terrible, es señal clara de que la era utópica gloriosa está ya en el horizonte y casi que se puede palpar. Sin esta esperanza, conocimiento, comprensión o creencia, pasar esta etapa histórica sería desesperanzador y angustiante, y tiene total sentido que aunque estas cosas no puedan cambiarse, se nos hubiesen contado con mucho tiempo de antelación, con el gran deseo de que más y más personas lo supiesen: «después de la tormenta siempre viene la calma», dicen por ahí, o «nada es para siempre».

El tema en cuestión suele producir mucho miedo, angustia y aflicción porque no se enfoca de la forma correcta, no se plantea de la forma correcta o no se estudia su contexto de la manera correcta (como se ve en los registros del pasado cuando apreciamos que los profetas anunciaban cosas, y al no gustar a los que les escuchaban, les persiguieron y les mataron); se suele decir que «el que nada debe, nada teme», por lo que las personas justas, rectas, santas, honradas, virtuosas y fieles a Dios no serán tocadas por nada de esto, su fe será incluso reforzada y verán de lejos estos eventos para su propia experiencia y madurez personal. Nadie que esté en el camino espiritual será avergonzado; nadie que esté en santidad y oración dejará de ser advertido – de una forma u otra, y de múltiples maneras – sobre las cosas que van a ocurrir, con antelación, detalles y apoyo, y cada vez más siquiera antes de que tengan lugar. El Padre nunca abandona a sus hijos. No hace falta ser un erudito para comparar la geopolítica con las profecías y ver que la primera fase de los acontecimientos más importantes que darán inicio al Apocalipsis está por suceder – bien que mal, con aproximaciones aquí o predicciones allá -, pero temer o llenarse de ansiedad no debería ser la reacción correcta de quien vive de acuerdo a las enseñanzas espirituales, especialmente las dadas por Jesucristo, ya que contradicen directamente toda su doctrina: nada hay que pueda destruir nuestro ser, y nada hay que pueda avergonzar a un hijo de Dios.




2 comments

  1. Frederick, una vez más doy gracias con toda mi alma, con toda mi mente y con todo mi corazón, a nuestro Padre Eterno y a nuestro Señor Jesús porque el “Viento Sagrado” nos sigue proporcionando la luz que provee el conocimiento que nos va conformando y fortaleciendo espiritualmente, para poder trascender y llegar al “reino de los cielos”. ….”Por lo cual estoy seguro que ni la muerte, ni la vida, ni mensajeros, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separa del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. – Romanos.8:38-39 –
    El ministerio, que de forma tan íntegra, genuina y significativa, sigues llevando a cabo, es fundamental para todos aquellos que estamos vinculados y pertenecemos al cuerpo de Cristo.
    Una vez más y como siempre reitero mi total respeto, profundo agradecimiento y completo amor ágape para ti y para todos los hermanos que siguen laborando en la obra de nuestro Señor Jesús.

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