EL DILUVIO UNIVERSAL, ¿REALMENTE OCURRIÓ O FUE UNA MERA INVENCIÓN?

EL DILUVIO UNIVERSAL

¿Realmente ocurrió, o fue una mera invención?

 

Comúnmente cuando se escucha hablar de diluvio se piensa en una gran inundación, pero ‘Diluvio Universal’ es la manera en que en occidente se ha venido a definir la historia de una gran inundación que habría barrido el mundo hace más de 6.000 años (para algunos hasta 27.000 años en el pasado). Aunque ha sido materia de mucha discusión, se ha generalizado erróneamente este relato como una invención y novela ficticia meramente de origen bíblico. Además, es evidente que de “universal” no tiene nada, toda vez que la hecatombe ocurrió en este orbe, y no en el resto del “universo”.

Todo este asunto parte de una descripción dada por el profeta levita Moisés en los capítulos 6 al 8 de su primer libro, Génesis. Aquí el redactor presenta los hechos que llevaron como resultado un desastre medioambiental de grandes proporciones, donde 40 días de lluvia fueron suficientes para ahogar la vida y mantener sumergida la superficie terrestre por 150 días. En total, básicamente el desastre abarcó al menos un año – entre una cosa y otra – pero lo que menos creíble resulta es la versión de que “todos los animales del mundo” entraron en un barco. Cierto o no, debemos resaltar para empezar que esta historia era ya conocida por otros pueblos, y por su lejanía no se puede conjeturar que unos se hayan inventado la historia a expensas de los otros.

Aunque Mashah (Moisés) describió este cataclismo en Génesis hace unos 3.500 años, hubo un profeta anterior a los hebreos que ya lo había narrado; Su nombre es Janoj (Henoc, Enoc), quien habría nacido antes de esta hecatombe y, no solo hubo escapado de ella, sino que refirió todos los detalles que desembocaron en dicha desgracia y cómo quedó el mundo posteriormente. De acuerdo con Henoc, la deidad Alion le dijo al arcángel Uriel que advirtiera a un hombre llamado ‘Noj’ (Noé) sobre un diluvio que tendría lugar sobre este mundo (1ª Henoc 10:2) a causa de la perversión en la que la humanidad había caído debido a enseñanzas de una serie de seres no humanos que habían descendido a la Tierra en aquella época. Muchos otros pueblos nos hablan de esos individuos que habían bajado y enseñado tales ciencias al hombre, y también hacen saber que esto degradó a la humanidad y llevó al planeta al caos. La tradición más conocida en occidente define a estas criaturas venidas del cielo como “los ángeles caídos”, contrario a la idea popular religiosa que se inventó que los ángeles caídos fueron desertores que se rebelaron del cielo junto con Lucifer, y que hicieron esto en una era muy anterior.

Lo más intrigante de esta historia es que se han recogido cerca de 300 relatos independientes, de diversas culturas, donde se cuenta prácticamente lo mismo, y tal es así que ni siquiera el sabio Platón obvió este hecho al relatar sobre el hundimiento de la legendaria Atlántida en un contexto que deja entrever que se trató del mismo evento del diluvio (tesis que expone con grandes detalles el investigador Michael Tsarion, en su obra de 2006, ‘Atlantis, Alien Visitation, and Genetic Manipulation’). Los indios Jopi, de Arizona, cuentan que hace milenios vivían en un territorio en el Atlántico que fue sumergido, tragado por el mar, pero ellos y otros pueblos fueron rescatados por los katchinas y llevados en discos voladores hasta el continente americano; Ellos describen a los katchinas como “gente del cielo”.

Esto mismo es lo que cuentan muchos pueblos habitantes de islas remotas a lo largo del mundo, como es el caso de los aborígenes Guanches (de la isla de Tenerife, en España), cuando al ser interrogados por los españoles sobre su origen, dijeron haber venido de una serie de islas unificadas que se encontraban al occidente, y que se habían hundido tras un cataclismo hace mucho tiempo. ¿No dijo eso mismo Platón sobre la Atlántida? La tradición pascuense (del pueblo de Isla de Pascua, en el mar de Chile) dice que sus ancestros llegaron a la isla escapando de la inundación de un mítico continente o isla llamada ‘Hiva’. Curiosamente el vocablo ‘Hiva’ deriva de la misma raíz fonética de donde procede el nombre original de la matriarca ‘Eva’. Los indios guaraní (en América del Sur) hablan de una época llamada ‘Yvy tenonde’ (primera tierra), cuando el hombre cohabitaba con los dioses y todos gozaban de buena salud. Según uno de sus mitos, el pecado sexual causó tal mal que vino el ‘Mba’e-megua guasu’ – el diluvio – y los dioses partieron dejando la Tierra, volviendo a su morada celeste.

Como en tantas analogías con otros pueblos, el nombre de esa “primera tierra”, se asocia con Eva: ‘Yvy’. Este tipo de parangones fonéticos o en consonantes se halla repartido por todo el planeta: hace un momento mencioné a Henoc – el patriarca proto-hebreo – y los teotihuacanos sabían de él, considerándolo uno de sus patriarcas también, con la distinción característica de su nombre según la sintaxis mesoamericana que lo hizo sonar ‘Tenoc’. Él fundó una ciudad que fue la primera de la cultura de Centro de América, pero según el investigador Zecharia Sitchin en su obra ‘Las Tribus Perdidas’ este Tenoc pudo ser otro “Henoc”: «Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc.» (Gén. 4:17, RVA 60). El investigador y escritor suizo, Erich von Däniken, en su libro ‘Chariots of the Gods’, esboza algunos de estos ejemplos fonéticos, especialmente en regiones de Arabia y Persia, como el golfo de ‘Aden’ o la región de ‘Java’, viendo ahí historias asociadas con los primeros padres y el jardín perdido, así como similitudes lingüísticas de estos con nombres bíblicos.

Precisamente el mito guaraní antes citado habla de cómo los dioses Ñamandú y Jakairá crean una tierra nueva (Yvy Pyahu) donde la humanidad a partir de entonces es susceptible de la enfermedad, el sufrimiento y la muerte, pero se ha de esforzar por volver al paraíso inicial, al que desde entonces llama ‘Yvymara’neỹ’ (Tierra Sin Mal). Es lo mismo que todas las otras historias sobre Adán y Eva, la era que terminó con el diluvio y la raza de los gigantes – y la que comenzó después de esta con un nuevo mundo -. Esto puede claramente explicar porque hay construcciones megalíticas bajo el mar, como en la costa de Yonaguni, en las islas Ryukyu (mar de Japón), que se cree que debió estar en la superficie hace más de 6.000 u 8.000 años (antes de la última era glacial). Empero, muchas de las tesis respecto de la última glaciación estiman que pudo haber una rápida congelación del mundo por una inversión polar y esto pudo significar el final de esa era, y un abrupto cambio climático.

Según una tradición de los taínos del Caribe, Yukiyu o Yukahua – dios -, creó una gran inundación. Se dice que estos individuos se salvaron gracias a que se albergaron en el bosque fluvial del Yunque. Para los Kawesqar (o Alacalufes), del archipiélago de Tierra del Fuego (Sur América), una gran inundación tuvo lugar en el mundo en la antigüedad cuando una criatura sagrada fue asesinada enojando al dios del mar. La pareja que causó el problema fueron justamente los supervivientes que escaparon a altos cerros y luego repoblaron el mundo. Un poco más arriba, en el lago Titicaca, los uros (o ‘urus’) cuentan que hubo un diluvio que acabó con el mundo antiguo, y fue justamente desde el lago Titicaca que todo volvió a renacer. La versión que culpa a los gigantes (los ángeles caídos y/o sus hijos con las humanas) por el mal que hizo venir el diluvio – una especie de “karma” – se encuentra también entre los incas, quienes afirman que Viracocha acabó con estos gigantes por medio de la gran inundación, y una pareja (Manco Cápac y Mama Ocllo) escapó en una cueva sellada.

Respecto de los mayas, la tribu k’iche habla del Butis (diluvio) que ocurrió, y otro que vendrá, ya no con agua sino con fuego. Como es sabido, en el manuscrito mexica denominado ‘Códice Borgia’ (o ‘Códice Vaticano’), se recoge la historia del mundo dividido en edades, de las cuales la última terminó con un gran diluvio a manos de la diosa Chalchitlicue. Los aztecas o mexicas se salvaron de la inundación de su tierra Aztlan (precisamente el nombre ‘Azteca’ significa en nahuatl “la gente que vino de Aztlan”) llegando a América. Ellos definen la isla-continente ‘Aztlan’ como “la blanca”, y es lógico que se refieren a la Atlántida. Solo mirando la etimología y las historias mesoamericanas encontramos que lo mismo deriva de los mayas y de los olmecas. Es más, a los olmecas, que se considera como precursores de aztecas y mayas, se les conocía como ‘Atlanteotl’ – que suena como ‘Atlante’ – evocando a un héroe de esa tierra original que cargó con sus hombros el mundo (idéntico al titán Atlas de la mitología griega, que según los filósofos griegos fue culpado de ayudar a los enemigos de los dioses en una de las grandes guerras de la era dorada). Dado que las llamadas montañas Atlas están en una región habitada por bereberes, se ha especulado que podría haber una relación fonética. De hecho, en dicha lengua el sol es llamado a menudo ‘el ojo del cielo’ (Tit), y dado que se pone por el oeste, el océano Atlántico puede ser llamado ‘el lugar de ocultación del sol’ o ‘Antal n Tit’, que pudo derivar en Atlas o “Atlante”.

Según los moussaye (tribu del Chad, en África), un mito de su cultura cuenta que “la madre” perforó por accidente el cielo provocando un diluvio que en una sola semana anegó toda la Tierra, y este evento distanció al hombre de su relación o contacto con el cielo. Los indios mapuches, o araucanos, cuentan que fueron advertidos por una deidad serpiente amiga de la humanidad, sobre las intenciones de una deidad serpiente enemiga que pretendía inundar el mundo, y ellos debían elevarse hacia un cerro para sobrevivir. Igual que en la historia bíblica y las citas de Henoc, los chibchas – o muiscas – explican que el diluvio ocurrió a causa del mal y la inmoralidad en la que decayó la humanidad, afanosos por la guerra, la codicia, la ambición, el egoísmo, el hambre y la sed de poder, dejando atrás las enseñanzas del profeta Bochica, quien tuvo que aparecer semanas después de la inundación – viniendo del cielo – para mediar por la supervivencia de los pocos que quedaron con vida. Mientras Platón contaba de la guerra entre los atlantes y los atenienses, y razón que llevó a Zeus el decidir que la Atlántida fuese tragada por el mar, otras historias posiblemente paralelas, de otros escritores helenos, hablan sobre los primeros hombres y el diluvio que arrasó al mundo, citando a Deucalión y Pirra como los supervivientes y repobladores tras el desastre. Este habría sido el final de la edad de bronce, donde por seguridad de Deucalión, el titán Prometeo le aconsejó fabricar un arca, y dado que pocos hombres (los que se refugiaron en las cumbres de las montañas) sobrevivirían, Deucalión consultó el oráculo para saber cómo habría de repoblar al Tierra una vez finalizada la inundación.

Por ejemplo, el diluvio Ogiges es, en la mitología griega, el diluvio del período catastrófico que termina la creación primordial, o ‘Adelon’ (período oscuro), que precede a la ‘Mythikón’ (período mítico). Este cataclismo tuvo lugar durante el reinado del rey Ogiges de Beocia o Attica, quien sobrevivió al diluvio embarcándose en un navío (esta leyenda podría seguir la pista de una inundación excepcional del lago Copaide). En la mitología griega, esta es la primera inundación, a excepción de los habitantes de Samotracia, que se cree que precede a la inundación de Deucalión. No está claro al cien por cien si estos relatos eran totalmente independientes unos de otros o estaban en cierto modo vinculados, como el caso del mito de Filemón y Baucis (un par de ancianos (hombre y mujer), que fueron salvados del agua por Júpiter (Metamorfosis de Ovidio, Libro VIII, 616)), el mito de la Atlántida en los diálogos del Timeo y el Critias de Platón, o la otra inundación que el mismo filósofo menciona en sus Leyes libro I, del cual sólo sobrevivieron las poblaciones de montañas.

También el Corán habla sobre el mismo diluvio bíblico, pero ya anterior a esta versión abrahámica de Medio Oriente, estaba la versión del profeta persa Zaratustra (Zoroastro). En este texto – el Avesta – Zoroastro no describe específicamente una inundación, pero sí, como otras fuentes, presenta un episodio de «malos inviernos que caían en grandes copos de nieve», de un «frío feroz y mortal.» Él comparte las historias de la inundación de la visión de un hombre solo, el héroe Avestan Yima, advertido por el dios Ahura Mazda de una inminente catástrofe climática, y la protección de la muerte de un puñado de hombres, y de diversas especies vegetales y animales; Sin embargo, en esta historia, no es un arca sino una gigantesca caverna construida por Yima – siguiendo el consejo de Ahura Mazda – la que sirve de guarida. No se descarta una relación de todo esto con un recuerdo lejano de la última glaciación (glaciación Würm), que se dice que terminó alrededor del 8.000 a. C. para dar paso al período interglacial actual, el Holoceno. Los registros celtas cuentan del diluvio como una catástrofe global que sacudió al planeta con tan intensidad que casi no dejó nada con vida; igual que en la versión de Henoc, el diluvio fue acompañado y antecedido por una serie de tormentas, huracanes, terremotos y sequía que azotó el mundo por varios meses o semanas antes de este desenlace final por agua.

Se ha dicho que los antiguos egipcios no hablaron del diluvio, pero precisamente la historia de Platón sobre la Atlántida vino de enseñanzas que le dieron sacerdotes egipcios, en Egipto, según sus anales y las descripciones de Solón. En un fragmento del ‘Libro de los Muertos’ (Capítulo CLXXIV), unas enigmáticas palabras del dios Atón, dicen: «han destruido secretamente cuanto has creado (…) esta Tierra ha desaparecido con el alba de la existencia, en el océano del cielo, surgiendo del Caos de los primeros tiempos.» A pesar de esto, dicha cita no parece convincente para los escépticos, y la que sí deja mucho para pensar es la de la historia de Sekhmet: en el mito del dios Ra, él, enfurecido e indignado con la humanidad, crea a esta temeraria diosa para vengar a Ra del menosprecio humano, y aunque ella causa una gran mortandad y la sangre baña la tierra, Ra solo ve que su plan se salió de sus manos cuando ella estaba a punto de no dejar hombre con vida; Ra la persuadió engañándola para que bebiera cerveza ámbar creyendo que era la sangre derrada de los mortales – de la mortandad causada por ella -, y aquel día cambió su nombre por Hathor, la amorosa, dulce y apasionada. Aún si este relato tampoco pareciese evocar a la masacre del diluvio, el inventor de la escritura en Egipto, Dyehuty (Tot) cuenta en las milenarias ‘Tablillas Esmeralda’ cómo se decidió destruir la Atlántida en una noche, pero justo antes se le envió con otros maestros a Kem (Egipto) para que la ciencia de la Atlántida prevaleciese en esta tierra a través de sacerdotes.

Otros relatos que pueden interpretarse como la versión particular de otros pueblos sobre el diluvio es la muerte del gigante de hielo Ymir, en la mitología nórdica, donde Odín acaba con él por su brutalidad, y lo arroja al Ginnungagap, donde, por su derramamiento de sangre ocasiona una inundación tal que ahoga aquellos mundos de ese entonces y a los gigantes (excepto el nieto de Ymir (Bergelmir hijo de þrúðgelmir) y su esposa, que repoblan el mundo). La tribu india Mandan (que vivieron a lo largo de Missouri) habla de una inundación que acabó con los mandan, pero un hombre sobrevivió en una canoa y pudo repoblar la tierra usando magia. ¿Y qué de la inundación de Lituania? Se habla de ello con base a cuatro cuentos populares recogidos en el siglo XIX, donde se dice que la inundación fue enviada por el dios Prakorimas o Praamzis, para exterminar a la raza gigante que pobló la tierra previamente. Como siempre, se culpa a los gigantes y a la perversión humana de los eventos que conllevaron a esta destrucción conocía, parece, por todo el mundo.

En las Escrituras védicas – en la India – encontramos la leyenda de un rey llamado Svayambhuva Manu, que fue avisado del diluvio por una encarnación de Vishnú en forma de un gigantesco pez (Matsya Avatar). Matsya arrastró el barco de Manu y lo salvó de la destrucción. El diluvio hindú fue mucho más devastador, ya que el agua no provenía de las nubes de este planeta, sino que se trataba de una creciente del océano que se encuentra en el fondo del universo. Esta versión es congruente con el desbordamiento del Mar Mediterráneo que inundó el área ahora ocupada por el Mar Negro, forzando a los supervivientes indoeuropeos de la zona este del Mar Negro a emigrar, en este caso hacia la India – según se ha propuesto. Luego tenemos la gran inundación de Gun-Yu, también conocida como el mito Gun-Yu – de la remota China -, un diluvio que se habría prolongado durante al menos dos generaciones, lo cual originó grandes migraciones entre otros desastres, como tormentas y hambrunas. La gente abandonó sus hogares para vivir en la parte alta de las montañas. Siempre está el mismo componente de las montañas y los barcos de última hora, y ello explica que varias embarcaciones se han descubierto en altas montañas, como la del Ararat, que se cree que fue a la que en particular se referían la Biblia y el Corán (descubierta por unos alpinistas pero redescubierta años más tarde, en 1973, por Ron Wyatt), otra hallada por un expedicionario chino y al menos otra más muy cerca de ahí.

Una de las versiones más antiguas de las que se tiene constancia escrita sobre el diluvio es la historia de Uta-na-pistim (dentro del Poema de Gilgamesh) escrito en el siglo XIV a. C. (al menos la última versión del mismo). Básicamente el texto mesopotámico relata lo siguiente: Enlil decide destruir a la humanidad porque le resultan “molestos y ruidosos”. Ea (Enki), su hermano mayor, advierte a Uta-na-pistim, o ‘Utnapishtim’, para que construya un barco; El barco se deberá llenar de animales y semillas; Llega el día del diluvio y toda la humanidad perece, excepto Uta-na-pistim y sus acompañantes; Uta-na-pistim se da cuenta que las aguas bajan y suelta un cuervo el cual revoloteaba sobre las aguas yendo y viniendo hasta que se evaporaron las aguas de la tierra; Uta-na-pistim hace una ofrenda a los dioses y éstos quedan satisfechos por el sacrificio. Un relato muy similar es narrado en tablillas sumerias muy antiguas de la ciudad de Ur, en las cuales el protagonista a quien Enki/Ea previene del diluvio es Ziusudra. Lo mismo podemos ver en un relato de origen acadio, titulado Atrahasis, poema épico que relata desde el final del proceso de la creación hasta el diluvio universal. El que en lugares como Rumanía se hayan descubierto, en la cima de las montañas más altas, conchas y restos marinos fosilizados sin muestra de manipulación humana, hace pensar si hace no mucho esas elevadas extensiones de tierra fueron cubiertas por el mar.

Aunque el Oahspe da estos datos tan precisos, la propia cultura mesopotámica posee varias historias, desde el campo asirio al babilonio, que refiere lo mismo, especialmente de parte del historiador Beroso; como he dicho, estas diversas culturas del creciente fértil hablan del sumerio Ziusudra (Utnapishtim para babilonios o Atrahasis para acadios), un héroe protagonista de la épica del diluvio universal, encontrado en su versión más antigua en una tablilla hallada en Nippur. De acuerdo con el Génesis de Moisés, un hombre llamado Naj (Noé) es elegido para que sobreviva junto con su familia, siendo llamado a los casi 600 años de edad para preparar un arca y sobrevivir con varias parejas de cada grupo de criatura viviente. Según la explicación de Jesús en el ‘Libro Secreto de Juan’ (Codex II y IV, Nag Hammadi), la referencia a los “nefesh jaiah” (almas vivientes) del Génesis no era sobre animales sino sobre muchas personas. Esto coincide con el Oahspe (1882), revelación que sostiene que ‘Noe’ (Noé) era el nombre de la era en la que esta destrucción tuvo lugar, y que realmente hubo muchos supervivientes, especialmente de acuerdo con 5 grupos raciales – según cada uno de los continentes de aquel entonces – que tuvieron tiempo de fabricar embarcaciones (más de 138) y subir bastantes personas (12.420 en total) y animales para la posterior supervivencia.

Las citas que tanto aparecen diciendo que muchos se salvaron en montañas y grutas selladas es cosa que también coincide con la revelación dada por Jesús a Juan: «Sin embargo, la grandeza iluminada del Pensamiento Anterior advirtió a Noé. Él anunció a su vez esto a toda la familia humana, los vástagos de la humanidad, más los que eran extraños no le escucharon. No ocurrió de la manera que dijo Moisés: “se escondieron en un arca”. Sino que se escondieron en cierto lugar, no sólo Noé, sino muchas otras personas de la raza inconmovible. Entraron en ése lugar y se escondieron en una nube brillante. Noé conocía su supremacía: con él estaba el iluminado que les había iluminado, toda vez que el primer gobernante había traído tinieblas sobre toda la tierra.» (Cap. 15:11-15)

El Oahspe da a entender que el uso del vocablo hebreo ‘Tebet’ no pretendía aducir estrictamente a un barco sino a un receptáculo cerrado, ya que en lengua hebrea, ‘Tebet’, es también cofre, cesta, cámara, caja o baúl. Otro dato que tiene correspondencias con los mitos que hablan de que la deidad se alejó del hombre por su corrupción y dejó que el diluvio viniese sobre el mundo está en 3ª Henoc 48C:1, donde afirma el Altísimo: «Pero cuando vi a los hombres de la generación del diluvio, que estaban corrompidos, me dispuse a alejar mi Shekinah (morada, gloria) de entre ellos. La elevé a lo alto…» Muchos otros textos hebreos con miles de años de antigüedad abordan esta temática, y siempre se ve la misma historia: hace unos 13.000 años el mundo se corrompió a causa de la influencia de una raza de gigantes que venía del cielo; estos eran conocidos en Sumer como los igigu, pero la historia hebrea los define como los Irim (observadores) o Shomrim (vigilantes). La comunicación entre humanos y seres divinos desapareció completamente en ese tiempo, y los hijos de esta raza de ángeles inferiores fue destruida junto con los hombres malvados a través del agua de un desastre causado por fuerzas superiores. Mientras llovía de forma torrencial, las aperturas de los pozos subterráneos de agua del mundo se soltaron inundando el mundo en cosa de pocos días.

El Oahspe describe todo esto como la conjunción de cientos de naves celestiales sobre la isla de Waga (la capital del globo en aquel entonces), y desde el espacio todas suspendidas focalizaron una energía tan descomunal que perforó la tierra varios kilómetros bajo el subsuelo provocando una gran alteración magnética y tectónica que desestabilizó todo el planeta, y no solo hundió a Waga, sino que provocó un tsunami de proporciones titánicas. Este evento hizo que millones de almas desencarnadas que deambulaban por el mundo e influían al hombre hacia el mal, fuesen capturadas en su huída (ya que escaparon de sus escondrijos) y fueron llevadas a su respectivo lugar por los ángeles menores que realizan estos trabajos. De esta forma queda claro que el enigma del diluvio bíblico se hizo popular por las Sagradas Escrituras y la tradición cristiana, pero no nacieron de una invención hebrea, siendo ampliamente conocidas de manera separada en todo el mundo.

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