¿Cómo se produjo la Creación? – Génesis Día 5

¿Cómo se produjo la Creación?

Génesis Día 5

 

Si de por sí la aparición de la vida vegetal es fascinante, ¿cuánto más la vida animal? Aceptando que las células eucariotas vegetales no pudieron aparecer solas, es concebible que lo propio también ocurriese con las animales. El profeta Henoc nos habla de esto en solo un versículo, diciendo: «Y en el Quinto Día saqué del mar y salieron peces y aves variados en cantidad y todo reptil que repta sobre la Tierra y lo que van sobre cuatro sobre la Tierra y vuelan en espíritu masculino y femenino en medio de ellos, y toda alma que respira para toda vida.» (2ª Henoc 30:8) Según refieren los textos de la antigüedad – y parece coincidir con ellos la ciencia moderna – las primeras formas de vida en nuestro mundo fueron criaturas andróginas, es decir, hermafroditas, poseyendo cada una ambos sexos: masculino y femenino, a la vez. Esta 5ª era, que parece ser el periodo general del Mesozoico, vio la vida acuática, aérea y “reptil”. Pareciera que esto apoyase la hipótesis de la evolución, pero lo que esto parece aducir es que las aves aparecieron antes que los reptiles, o que habrían surgido “del agua”, cosa que no tiene porqué ser correcta. Henoc escribió que le fue dicho de parte del Creador, que se sacó la vida del mar en este periodo, y según lo que se llevó a cabo vino a conseguirse con éxito que dichas formas de vida fuesen producidas en grandes cantidades en el océano – y/o en agua dulce -. Lo que también parece dar a entender es que el mismo proyecto consiguió crear “aves”. El término ‘Aof’, aunque se traduce por ‘ave’, da lugar al vocablo ‘Meofef’ (volar), en el sentido de la acción o ejercicio que realizan las aves: el vuelo.

Génesis nos dice que los reptiles aparecieron en el Sexto Yom, por lo que las aves no pudieron venir de los reptiles. Igualmente los textos sostienen que las primeras formas de vida salieron del “mar”, por lo que es de suponer que lo que pretende dar a entender es que los “experimentos” de vida se realizaron mar adentro, y dieron como resultado las formas de vida marinas y, posteriormente, las que surcarían los cielos (primero andróginos y luego ya separados por sexos complementarios unos de otros para la reproducción y el mantenimiento de la vida). En el caso de Moisés, sea en Génesis como en Jubileos, se es más explícito en este relato: «Y el quinto día que creó grandes monstruos del mar en las profundidades de las aguas, pues estas fueron las primeras cosas de la carne que se han creado por sus manos, los peces y todo lo que se mueve en las aguas, y todo lo que las moscas, las aves y todos sus tipos. Y el sol subió por encima de ellos para prosperar (ellos) y, sobre todo lo que estaba en la tierra, todo lo que los brotes de la tierra, y todos los árboles frutales, y toda carne. Estos tres tipos Creó el quinto día.» (Jubileos 2:11-13) Aquí nos habla de algo que Henoc trata en otro apartado, y es sobre esos tales “monstruos marinos” que la Septuaginta traduce del Génesis 1:21 como ‘Kiti’. De la voz griega ‘Kiti’ viene ‘Kitei’, y de ahí ‘Kiteos’, que derivó al latín ‘Cete’ y ‘Cetus’, y al español como ‘Cetáceo’. Es común oír en las historias de la ufología que seres de otros mundos trajeron la vida a la Tierra, siendo las primeras criaturas con conciencia – que según los defensores de estas tesis habrían traído de Sirio – los cetáceos: delfines y ballenas.

Otro aspecto es el que engloba en estas criaturas el carácter de reptiles gigantes. El vocablo que Moisés utiliza en Génesis es ‘Taninim’, que usualmente se entiende como ‘dragones’. Lo que está claro es que estas afirmaciones coinciden en decir que estas formas de vida fueron las primeras de “carne” que llegaron a producirse; Asimismo incluye a la biodiversidad marina de tantos y tantos peces que existen, y que asimismo fueron creados, así como el resto de cosas que viven en el mar. Este pasaje de Jubileos es también importante, porque aclara que los tales “voladores” no fueron simplemente aves, sino “zbubim” (moscas, insectos voladores). Habíamos dicho también que en el Tercer Yom se produjo la vida vegetal, pero que el sol no entró en escena hasta el ciclo siguiente (el Cuarto), y es aquí donde dice que ¡entonces! El sol surcó el cielo e hizo “prosperar” todo. De manera que las plantas y árboles, a pesar de existir de antaño, solo comenzaron realmente a fructificar a partir de este momento, por lo que antes debieron estar en alguna especie de estado “vegetativo” o de letargo, sin aún producir fruto. En consecuencia, es evidente que no eran semillas las que fueron diseminadas por el suelo, sino vegetación preparada ya – previamente dispuesta – para cuando llegase el paso del sol. Esto hace suponer si la vida vegetal de aquel tiempo distaba mucho en parecerse a la actual y tener un aspecto más longevo y cuasi inmortal.

וַיֹּ֣אמֶר אֱלֹהִ֔ים יִשְׁרְצ֣וּ הַמַּ֔יִם שֶׁ֖רֶץ נֶ֣פֶשׁ חַיָּ֑ה וְעוֹף֙ יְעוֹפֵ֣ף עַל־הָאָ֔רֶץ עַל־פְּנֵ֖י רְקִ֥יעַ הַשָּׁמָֽיִם׃

 

En Génesis 1:20 leemos: «ve.iamer Elohim ishratzu ha.maim sheretz nefesh jaiah ve.of iofef al-ha.aretz al-pnei rakia ha.shamaim», que traducido quiere decir que se dijo que “corriese” el mar de pululación de “almas vivas” y aves voladoras sobre la tierra, delante del firmamento celeste. Es importante comprender que todas estas palabras y frases tienen un doble componente representativo, ya que además de su significado directo posee un matiz simbólico, queriendo mostrar una analogía con la obra de los ángeles. Así, todas las cosas del mundo de los fenómenos son imagen de las cosas celestiales. Ahora bien, esas “almas vivas” no habían sido aún descritas, y vienen a ser lo que en lengua hebrea es ‘Nefesh Jaiah’, o sea, una forma de vida que depende de la respiración (del aire), que posee alma, el privilegio de la existencia y del movimiento en una esfera de realidad (en su caso, el mundo físico). Así como Henoc, Esdras habla de estos “monstruos” y las formas de vida que se crearon en aquella era: «Al quinto día dijiste tú que en la séptima parte, donde las aguas estaban reunidas, que debería [haber] seres vivientes, aves y peces, y así sucedió. Pues el agua muda y sin vida dio a luz seres vivos en el mandamiento de Dios, [de modo] que toda la gente pudiese alabar tus maravillas. Entonces, ordenaste dos seres vivos, al uno que llamaste [Be]he[m]o[t], y al otro Leviatán; Y has separado el uno del otro: de la séptima parte, es decir, donde el agua se juntó, no podría mantener a los dos. Y a [Be]he[m]o[t] diste una parte, que se secó al tercer día, que deberían vivir juntos en la misma parte, en el que se las mil colinas: Sin embargo, a Leviatán diste la séptima parte, a saber, la humedad, y lo has guardado para ser devorador de los cuales quieras, y cuando.» (2ª Esdras 6:47-52)

A menos de que Behemot y Leviatán fuesen unas mega ballenas reptiloides, estas criaturas no parecen algo normal. Haciendo un estudio profundo sobre esta materia se podría conjeturar que estas dos “bestias” constituyen un conjunto de “criaturas” bajo un espíritu. Por ello, hablando del fin de los tiempos, le fue dicho a Henoc que «ese día se harán salir separados dos monstruos, uno femenino y otro masculino. El monstruo femenino se llama Leviatán y habita en el fondo del [gran] mar sobre la[s] fuente[s] de las aguas. El monstruo masculino se llama Behemot, se posa sobre su pecho en el desierto inmenso llamado Dondaín, al oriente del jardín que habitan los elegidos y los justos, donde mi viejo padre fue tomado, el séptimo desde Adán el primer hombre que creó el Señor de los espíritus.» (1ª Henoc 60:7-8) Si estos dos monstruos están reservados para el final de los tiempos, ¿por qué el Apocalipsis de Juan no habla de ellos? Según Henoc, estas bestias devorarán carne, dando a entender el escritor que esa “carne” es de humanos. Apocalipsis lo único que habla en analogía con algo así es respecto de dos poderes que someterán al mundo por unos cuantos años.

Si miramos las similitudes – como se aprecia en los libros de ‘La Rebelión de Sakla’ – Behemot (que significa “la bestia”) es una criatura macho que, acorde a la tradición judía, dirige a todos los animales terrestres; por su parte, Leviatán, es una criatura hembra que, según la misma tradición, dirige a las formas de vida acuáticas. La correspondencia más coherente es que Behemot pudiese estar relacionado con la Bestia de Apocalipsis, y Leviatán lo estuviese con el Dragón. La cuestión sería, ¿cómo es que esas criaturas fueron creadas hace tanto tiempo, especialmente si su función es para la era “final”? La cultura védica de la India cuenta en sus sagrados escritos que en el inicio de los tiempos, cuando empezó la ‘Lilá’ (o ‘Lika’), el Creador del cosmos, Brahma, se enfrentó a los poderes soberanos del caos, tales como Vala y Vritra, los primeros demonios-dioses, a los cuales venció, pero también – manifestado a través de Vishnú – luchó contra el titánico Rajú (el ‘Atacante’), y dividió a esta criatura en dos: Rajú y Ketú (el que quedó “desconectado” y errante por el espacio). El atacante es llamado ‘el Orgulloso’ en la historia antigua hebrea, y de él se cuenta en los salmos: «Tú quebrantaste a Rahab como a un herido de muerte; con tu brazo poderoso esparciste a tus enemigos.» (Sal. 89:10, R95) Esta victoria se menciona asimismo en los libros de los profetas: «¡Despiértate, despiértate, vístete de poder, brazo de Iaheveh! ¡Despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados! ¿No eres tú el que despedazó a Rahab, el que hirió al dragón?» (Isa. 51:9)

Si hablamos acá de batallas celestes, tenemos que agregar a nuestro análisis el hecho de que el Enuma-Elish relata que los “espíritus del mal” que se hallaban en “la Tierra” – o sistema solar – en la era primigenia, se vieron obligados a dividirse, pasando a una de dos partes que sobrevivieron a un impacto astronómico (que evocaba a una guerra entre seres sobrenaturales). Los que fueron lanzados al interior del mundo y los que fueron lanzados al espacio vinieron a considerarse los dos espíritus del mal que habían de mantenerse separados, ya que reunidos otra vez, procrearían el caos. De manera que, siguiendo la narrativa, encontramos que en el Quinto Yom se crearon estas criaturas, y dado que no nos dice cuándo fueron separadas, hemos de asumir que fue en ese mismo ciclo. Por consiguiente, se podría conjeturar que en ese entonces habría ocurrido algún tipo de guerra ya en cánones físico-psíquicos, no entre humanos (que aún no existíamos), pero sí entre seres “inteligentes”. Varios de los manuscritos de Nag Hammadi hablan sobre las guerras celestiales y de sus sazones, diciendo, por ejemplo, que tiempo después de que el caos y sus poderes hubiesen aparecido, hubo varias batallas en estos cielos por la soberanía de los mismos, y los poderes del mal fueron divididos y doblegados.

La gran similitud entre estos relatos hace imaginarse una historia un tanto fantástica, pero ordenada, de cómo varios conflictos iban ocurriendo en los cielos, y también la Tierra los experimentaba, incluso en el tiempo en que la vida orgánica y las criaturas ovíparas eran creadas en nuestro mundo (y posiblemente estuviese relacionado el asunto bélico con los planes de creación de la vida y acondicionamiento de este planeta).

וַיִּבְרָ֣א אֱלֹהִ֔ים אֶת־הַתַּנִּינִ֖ם הַגְּדֹלִ֑ים וְאֵ֣ת כָּל־נֶ֣פֶשׁ הַֽחַיָּ֣ה׀ הָֽרֹמֶ֡שֶׂת אֲשֶׁר֩ שָׁרְצ֙וּ הַמַּ֜יִם לְמִֽינֵהֶ֗ם וְאֵ֙ת כָּל־ע֤וֹף כָּנָף֙ לְמִינֵ֔הוּ וַיַּ֥רְא אֱלֹהִ֖ים כִּי־טֽוֹב׃

 

Moisés cuenta en el verso 21, de Génesis 1: «ve.ibrá Elohim et-ha.taninim ha.gdolim ve.et kal-nefesh ha.jaiah; ha remeshet asher shertzó ha.maim laminehem ve.et kal-aof kanaf laminehu ve.ira Elohim ki-tob», hablando de “crear” grandes dragones y toda alma viva. Unas veces dice que “crea”, otras que manda a “producir” y otras que “salga” determinada cosa, siendo cada caso distinto el uno del otro, ya que en esta ocasión sí queda patente que los dioses (elohim) crean, mientras en las otras situaciones “mandan” – o quien está sobre ellos – a que “algo” o “alguien” lleve a cabo funciones de “producir” con base a los elementos ya creados, o simplemente que los propios elementos, o masa existente, se transmuta para establecer nuevos escenarios. Ahora bien, ¿por qué crearía “grandes” dragones? Es notorio que se refiere a que creó dos bandos, para menguar el poder de estas fuerzas, pero también habla en lo terrenal de la creación de grandes dragones. Los registros celtas nos lo cuentan, diciendo que la «Tierra quedó vestida con el manto de la dama de verde, hierba cubrió la faz de la tierra. Las aguas produjeron peces y las criaturas que se mueven alrededor y se retuercen y enroscan en las aguas, las serpientes y las bestias de aspecto terrible que eran de antaño, y los reptiles que se meten y se arrastran. Había cosas pisando fuerte y dragones en horrible forma revestida de terror, cuyos huesos grandes todavía pueden verse. Luego salieron del vientre de la tierra todas las bestias del campo y el bosque.» (El Libro de la Creación. The Kolbrin).

Inequívocamente estas son alusiones directas e indirectas a los dinosaurios. En Génesis se hace una diferencia – o eso parece – entre dos grupos: taninim ha.gdolim (grandes dragones) y nefesh ha.jaiah (los vivientes con alma). Es más, estas almas vivientes se definen como “todas”, es decir, por un lado estaban estos mega reptiles, y por otra, “todas” las almas vivas. ¿Quiere decir que los otros grandes monstruos no eran criaturas con alma? De hecho, estas almas vivientes se categorizan como aquellos primeros ovíparos, a saber, formas que se arrastran en el subsuelo o lecho marítimo, y las aves “aladas”. Pero, ¿hay aves que no sean aladas? Si se sobre entiende que una característica de las aves son sus alas, ¿para qué lo resalta, y por qué no lo hizo anteriormente? Es probable que sea porque habla de un orden de creación, donde primero se produjeron los peces y los INSECTOS (las formas de vida compleja más simple), y justo después el trabajo de “laboratorio” desarrolló a los dinosaurios, los moluscos y crustáceos, y a las aves. Podría pensarse que la gran extensión selvática de tierra firme era tan despoblada de animales, que probarse el diseño de los primeros reptiles ahí sería ideal, aunque por su envergadura se les salió de las manos (las otras formas de vida que les acompañarían – las aves – estarían volando, lejos de su alcance).

 

וַיְבָ֧רֶךְ אֹתָ֛ם אֱלֹהִ֖ים לֵאמֹ֑ר פְּר֣וּ וּרְב֗וּ וּמִלְא֤וּ אֶת־הַמַּ֙יִם֙ בַּיַּמִּ֔ים וְהָע֖וֹף יִ֥רֶב בָּאָֽרֶץ׃

 

 

Génesis 1:22 dice: «ve.ibraj otam elohim leemor pru ve.rabú ve.malú et-ha.maim ba.iamim ve.ha.aof ireb ba.aretz», refiriéndose a que estas formas de vida debían fructificar y multiplicarse en el mar, mientras las aves lo hacían en la Tierra. Pero, ¿por qué sólo las aves? ¿No se supone que los dinosaurios debían estar también multiplicándose en la superficie seca? Esto hace pensar si los grandes dragones a los que se refiere inicialmente fueron efectivamente justo los monstruos oceánicos, como los megalodones, plesiosauros y demás especies que eran los gigantes compañeros de las ballenas y otras formas de vida que aún se estudian en la cripzoología, como los calamares gigantes y otros de los que se habla en mitos hindúes y japoneses. Los relatos y grabados sobre estos ejemplares se ven en muchas partes, y se sabe que su tamaño era colosal, mezclándose con las historias sobre las luchas entre los dioses, como cuando Horus luchó con Set (en los relatos egipcios), que es el mito griego del enfrentamiento entre Zeus y Tifón. En su libro ‘Flying Serpents & Dragons’ (1990), R. A. Boulay teoriza en la relación tan directa entre la aparición de los dinosaurios y las guerras entre seres demoniacos con apariencia reptil, utilizando todo tipo de fuentes, incluida la biblia y el mismo Hagadah (un texto de la tradición judía). El uso de analogías es clave para comprender ambos niveles de información recibida, como ya he dicho, toda vez que los mensajes se dan con similitudes entre lo celestial y lo terrenal, mostrando lo etérico y lo fenoménico como uno a imagen del otro.

Otros personajes de la historia hebrea cuentan que estos bandos representaban al milenario dragón, unas como ‘Leviatán Serpiente Fugitiva’ y otras como ‘Leviatán Serpiente Tortuosa’ (Isa. 27). Jesús cuenta sobre los combates celestes justamente describiéndolas como batallas contra dragones, lo cual es un clásico que aparece prácticamente en todos los cuentos o fábulas prehistóricos: «Y cuando la potencia del triple poder hubo descendido en el caos, encontró a Pistis Sofia. Y la fuerza con rostro de león, y la fuerza con rostro de serpiente, y la fuerza con rostro de basilisco, y la fuerza con rostro de dragón, y todas las fuerzas del triple poder rodearon a Pistis Sofia, queriendo arrebatarle por segunda vez sus fuerzas. Y cuando la atormentaban y afligían, ella se dirigió otra vez a la luz.» (Ev. Valentino 20:10-12) El relato del Enuma-Elish (épica sumeria de la creación) nos hace saber todo esto con muchos detalles, pero claramente a través de descripciones figurativas: «Ellos mismos [se] congregaron juntos y al lado de Tiamat que avanzaban; Estaban furiosos; idearon travesuras sin descanso Día y Noche. Se prepararon para la batalla, echando humo y furia; Se unieron sus fuerzas e hicieron la guerra, Umm-HUBUR [Tiamat] Hacedor de todo, Hecho en armas invencibles de adición; ella engendró monstruos-serpientes, de dientes afilados, y sin piedad […] Con veneno en vez de sangre, llenó sus cuerpos feroces monstruos-víboras ella vestida con terror. Con el esplendor que les viste de gala, les hizo de elevada estatura…»

La tablilla continúa diciendo: «Quien contemplado [a] ellas, el terror se apoderó de él, sus cuerpos se encabritaron y nadie podía resistir su ataque. Estableció víboras y dragones, y el monstruo Lahamu, y los huracanes, y perros rabiosos y hombres-escorpión, y tempestades fuertes, y hombres-pez y carneros. Llevaban armas crueles, sin temor a la lucha; Sus órdenes eran poderosas, no pudo resistirse a ellos; ante esta apariencia, de gran estatura, hizo once [tipos de] monstruos. Entre los dioses que eran sus hijos, en la medida en que le había dado su apoyo, ella exaltó [a] Kingu; en medio de ellos le planteó al poder. A marchar ante las fuerzas, para liderar por anfitrión, para dar la señal de batalla, para avanzar a la agresión, a dirigir la batalla, para el control de la pelea, A él le confió; en costosos vestidos que ella le hizo sentarse…» Esta descripción sumeria engloba todo lo anterior, hablando de lo que parecen ser criaturas demoniacas de diferentes especies, todas ellas participando de una guerra en el sistema solar, ya que Lahmu, Kingu, y demás deidades descritas a lo largo de todo el conflicto, son los nombres que recibían los planetas y lunas de nuestro sistema solar en Mesopotamia.

Continuar, parte 6/6

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