Contristar al Espíritu. ¿Qué significa contristar al Espíritu? I

«Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.» (Efesios 4:30)

El rey David escribía, cerca de tres milenios atrás, pidiendo a la deidad que no quitase de él su “santo espíritu” (Salmo 51:11). Pero, ¿en qué consiste ese “espíritu” que es “santo”? Para la mentalidad cristiana post-niceana, este “espíritu” es un ser, parte de Dios, mientras para otros es una fuerza o estímulo. Los gnósticos lo veían como un ser espiritual que actúa sobre los hombres, parecido a como lo entendían los judíos de aquel entonces.

La definición de “Espíritu” aduce al “viento”, al “aire”, al “movimiento”, a la “actividad” y a la “vida”, si se toma de la perspectiva antigua. Con la llegada de la filosofía griega y el idioma latín vino a conjeturarse mucho sobre esto como un “ente”, dado el análisis del mismo, pero no aparecieron variadas denominaciones para cada uno de estos aspectos, viniendo a englobarse todo como “espíritu”. Por su parte, el concepto de algo “santo” también parte de elementos latinos, donde el romanismo da a esta palabra un toque místico, espiritualista y religioso, inhibiendo su sentido original como alusión a algo “sano”, pero efectivamente “puro”, es decir, “sin mancha” en relación a cosas mundanas.

«…te corresponde como siervo de Dios andar en la verdad, y el Espíritu de Verdad no puede tener complicidad con el mal, ni afligir al Espíritu que es santo y verdadero.» (Pastor de Hermas. Biblioteca de Nag Hammadi) Si se analiza que dicho “Espíritu” proviene de “Dios”, habría que aducir que la deidad actúa por medio de este espíritu, dado que de otra forma David habría dicho, simplemente, “no te alejes de mi”. David dice que no se aleje ese espíritu, que claramente no era el suyo propio, como entidad viviente, ya que de otra manera se estaría refiriendo a no morir, toda vez que realmente somos “espíritu” dentro de un cuerpo.

Por consiguiente, la idea de “espíritu” engloba todo aquello que no corresponde con la materia, lo mortal y lo mundano. Al especificar que dentro de todo esto hay un “ente-fuerza” que trabaja con los hombres como la parte activa de Dios en torno a lo espiritual, debemos suponer que debe materializarse o personificarse en algo, aunque se trate de un ente o deidad inferior. En ese sentido, por ejemplo, los manuscritos de los primeros siglos, definen al espíritu activo de Dios en el mundo como la “sabiduría material”, expresada simbólicamente como “sal”.

Isaías 63:10 recuerda que los israelitas enojaron al “espíritu santo” de Dios, y Esteban refiere estas palabras, recogidas por el médico Lucas (Hechos 7:51), enfatizando en la actividad de los mensajeros de la deidad a favor de los hebreos, donde se recuerda que Moisés escribió que “Dios” se le apareció, pero luego se aclara que fue un “ángel” (un elemento repetitivo en toda la historia recogida). Al respecto de este ejemplo también se aprecia la enseñanza del apóstol Felipe a un eunuco, donde primero escribe Lucas que «un ángel del Señor» (Hech. 8:26) le habló, luego refiere que «el Espíritu» (verso 29) le dijo, y al concluir la misión «el Espíritu del Señor arrebató a Felipe» (verso 39). De manera que aquel “ángel” que estaba motivando a Felipe era representante de ese “espíritu”.

Mensajeros y mensajes

Cabe señalar el error tradicional de muchos dogmas cristianos modernos que ven en la mención  de “el Ángel del Señor” o “el Ángel de Jehovah” a un mismo individuo actuando todas las veces, dado que la referencia no añade el artículo “el”, sino que trata simplemente de lo que más acertadamente debiera traducirse como “un ángel del Señor” o “un ángel de Jehovah”, uno más, uno cualquiera de tantos.

Pero, si ese espíritu es personificado por los mensajeros de la deidad, ¿cómo podía ser la gente “llena” de ese “espíritu”? Insinuar que fuesen poseídos por un ángel sería contrario a las propias leyes de Moisés, ¿o no? Los heraldos traen noticias, por eso se les llama en griego “aggelou”. El aspecto de la “inspiración” divina puede explicar este hecho. El ángel no “posee” a la persona, sino que le “expresa” un “mensaje”. Algunos leen en 2ª Timoteo 3:16 que Pablo escribe sobre la “inspiración”, pero eso era acorde a la mentalidad griega, donde ellos estaban familiarizados con los mitos donde los dioses susurraban o directamente daban conocimientos o detalles a los hombres. La “Teópneistos”, como refiere en lengua koiné, no es lo mismo que el hebreo, donde se dice que “todo lo escrito es santo delante del espíritu de Elohim”.

La expresión hebrea puede cotejarse con las traducciones de ese verso en arameo, donde contempla que “toda palabra escrita lo ha sido” por mensaje divino. De hecho, en griego no dice que es “inspirada por Dios”, sino que usa la idea de “inspiración divina”. Esto, acorde al contexto histórico, no es un éxtasis donde la persona cree saber algo, sino que un encargo le es dado de una manera muy real y consistente. Si vemos 2ª Pedro 1:21, en griego dice que “el [Gran] Viento [que es] Santo [les] trajo palabra de Dios al hombre” (esto se corresponde también con la versión hebrea y aramea del Nuevo Testamento).

Si el mensaje es traído, ¿dónde está el emisario? Pocas veces se hace alarde de las características del mensajero, como si fuese común verlos y recibir empresas de parte de ellos. Esto lleva a muchos a sugerir la teoría de “seres ultraterrestres”, los cuales pueden dominar la materia conocida así como otras dimensiones, como sería el plano “espiritual”. Pero, dando por hecho que esto fuese correcto, ¿cómo se explican las palabras de Jesús, recogidas en Lucas 11:49? Puede haber mensajeros que actúan de maneras que la ciencia oficial no puede explicar, porque trascienden las leyes básicas de la física, pero también parece haber algo más.

Continuará…

Si lo deseas ya está disponible la Segunda Parte del artículo “Contristar al Espíritu”.

 

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