¿Cómo se produjo la Creación? – Génesis Día 1

¿Cómo se produjo la Creación?

Génesis Día 1

 

Como civilización hemos tenido un evidente interés en conocer nuestro origen y la razón de nuestra existencia. ¿Cómo ir hacia el pasado para conocer los entresijos de aquello que surgió cuando no había forma humana de registrar lo sucedido para las postreras generaciones?

A lo largo de los últimos dos siglos los avances y teorías científicas han aumentado considerablemente. Aunque muchas estimaciones partes de suposiciones, cálculos matemáticos o probabilidades, se acepta que modelos que presentan la idea del origen del universo tienen, en gran medida, un alto porcentaje de posibilidad de tener razón. No obstante, la ciencia convencional y gran parte de la comunidad religiosa de corte abrahámico supuestamente no coinciden en sus puntos de vista, y esto pareciera crear una enorme brecha en la ideología o creencia popular. Para la inmensa mayoría de grupos cristianos y musulmanes – e incluso judíos – rechazan la versión oficial de la ciencia clásica, argumentando que el origen del universo está ya presentado en el libro bíblico del Génesis, en su primer capítulo, y no corresponde con la teoría que supuestamente se atribuye a científicos ateos. Contrariamente, en el hinduismo parece no existir esta discrepancia, incluso la cúpula católica, considerando que simplemente se ha interpretado mal el estudio de ambas corrientes, y estas no tienen porqué ser incompatibles.

Muchos refutan que un libro escrito por un hebreo, Moisés, pudiese haber tenido los recursos o conocimientos para conocer el origen del cosmos y de la vida, pero en contraposición, sea partidarios del creacionismo o de la panspermia (especialmente defensores de la ufología) están – en mayor o menor grado – convencidos de que una intervención “extranjera” (ángeles, dioses o extraterrestres) proveyó a los pueblos del pasado (no solo a los hebreos) de un conocimiento que apenas ahora la ciencia empieza a descubrir. De ser así, ¿podría el primer capítulo del primer libro del hebreo Moisés realmente tratar una cosmovisión plenamente “científica”?

 

בְּרֵאשִׁ֖ית בָּרָ֣א אֱלֹהִ֑ים אֵ֥ת הַשָּׁמַ֖יִם וְאֵ֥ת הָאָֽרֶץ׃

 

Con estos caracteres hebraicos comienza el relato de la creación bíblica, donde transcrito diría, «barashit bará elohim et ha.shamaim ve-et ha-aretz», pero, ¿qué significan todas estas palabras? Barashit, o Bereshit es el nombre hebreo del libro del Génesis, y procede de la misma raíz del persa ‘Bahashit’ (cielo). Este vocablo significa “comienzo”, de la forma ‘ba-rashit’ (encabezado), donde ‘Rosh’ es cabeza, inicio o liderazgo. La palabra ‘Bará’ quiere decir ‘crear’ o ‘formar’. Es decir, ‘creó’. Dicho vocablo se forma de las letras abyad Beit, Reish y Alef, donde la raíz puede denotar un significado oculto asociado de Bor (Beit, Vav y Reish), que es “pozo” (compárese con otros muchos textos cosmogónicos). Justamente la primera palabra se compone de las mismas letras iniciales que la segunda: Bará = Bara-shit, siendo así una evocación a un principio de creación o establecimiento (porque ‘Shit’, vendría de la voz ‘Set’ (establecer)).

Por su parte, el término ‘elohim’ engloba cualquier concepto relacionado a un ser poderoso, una divinidad o una deidad, sea en singular o en plural. Luego, la palabra ‘Shamaim’ aduce a “cielos”, partiendo de las voces semíticas se entiende como idea compuesta: Sham-maim (allá-aguas) o Shem-Iam (nombre del mar). Los egipcios antiguos consideraban el cielo nocturno como un mar, y esta era una idea muy popular, por lo que se aceptaba que ese “mar” celeste estaba plagado de vida. Mientras unas veces se usan vocablos como ‘Shamei’ o ‘Shamai’ (cielo), lo cierto es que casi todas las veces se utiliza el plural ‘Shamaim’, dando a entender que más allá de la bóveda celeste hay muchos “cielos”. Gracias a la gran cantidad de textos que existen podemos comprender que esos cielos son todo tipo de espacios, sea físicos o inmateriales, y de diversas dimensiones y universos, no limitándose, en absoluto, a la idea común de muchas vertientes monoteístas. En el caso de la versión sumeria del relato de la creación, la tablilla de los orígenes dice, «E-nu-ma  e-liš  la  na-bu-ú  ša-ma-mu», refiriéndose a Nabu como el cielo, y el Sa.ma.mu como el hecho de que aún no había sido establecido.

Posteriormente el verso 1 termina con la palabra ‘Aretz’, de la cual provienen los vocablos que se refieren a ‘tierra’. La palabra Aretz deriva del sumerio ‘Eridu’ (tierra cimentada en la lejanía), pero según muchas fuentes remotas, parece evocar a todos y cada uno de los mundos físicos que se han producido – y se producen – en la creación (los universos). La línea segunda del Enuma-Elish dice «šap-li-iš  am-ma-tum  šu-ma  la  zak-rat», refiriéndose a que lo de “abajo”, que denomina en este caso ‘am.ma.tum’, es decir, Tierra, tampoco había sido llamada por un nombre, es decir, no estaba aún estructurada ni definida; y es importante acotar que la Tierra es llamada en sumerio ‘Tiamat’, pero aquí aún no es denominada a así, connotación que refuerza la suposición de que habla de la masa primigenia de la cual Tierra y otras “tierras” (mundos) fueron “construidas”.

Entre los fragmentos de un viejo manuscrito atribuido al patriarca Abraham se hallan algunas referencias que ya en ese entonces daban a entender que la existencia humana debe desarrollarse a lo largo de la eternidad en los infinitos mundos que pueblan el cosmos, y que los “ángeles” parecen ser seres evolucionados que trascendieron a la forma humana a la que una vez pertenecieron (es decir, si los ángeles moran en el cielo y habitan en las estrellas, es posible que hubiesen sido habitantes humanos de esos lugares siderales): «Los mundos son infinitos y el hombre ha de vivir en todos los que hoy existen; pero la creación sigue y no se acaba. Todos los mundos se comunican unos con otros en amor y justicia, y mi dios en ello se engrandece. Todos los hijos de mi dios, que llamáis ángeles, hombres fueron…» (Texto del Testamento Secreto de Abraham). Así como con tanta literatura que ya hablaba de esto milenios atrás, el hombre parece ser una creación que existe a lo largo del universo, y parece ser una conciencia (alma) que procedió de un universo anterior y/o un universo espiritual (aquel ‘Shamaim’) del verso 1 del Génesis 1.

Pero el relato de Moisés no empieza hablándonos del vacío original que tanto se ventila entre las teorías científicas convencionales, sino que periódicamente pareciese haberse constituido el universo, primero desde un universo espiritual primevo y, tras este, el universo que ahora experimentamos. De esa forma, la interrogante sobre qué fue antes del Big Bang, sería respondida aludiendo a un universo raíz del cual procede este cosmos, y puede que otros muchos. Es aquí, llegados a este punto, cuando Moisés escribe lo siguiente…

 

וְהָאָ֗רֶץ הָיְתָ֥ה תֹ֙הוּ֙ וָבֹ֔הוּ וְחֹ֖שֶׁךְ עַל־פְּנֵ֣י תְה֑וֹם וְר֣וּחַ אֱלֹהִ֔ים מְרַחֶ֖פֶת עַל־פְּנֵ֥י הַמָּֽיִם׃

 

Este siguiente versículo nos dice, «ve.ha.aretz haitah tohu va.bohu ve.joshej al-pnei tehom ve-ruaj Elohim merajefet al-pnei ha.maim». Esto se podría ir traduciendo como, «y la tierra estaba en caos», pero dado que en ningún momento nos dijo cómo se formó la Tierra, aún con su parecido al diseño del resto de esferas que se extienden por el universo, debemos preguntarnos si efectivamente ‘Aretz’ identifica nuestro mundo o a la materia en sí. En otras palabras, Aretz puede evocar al principio de la composición atómica que se habría establecido en el espacio, o el escenario mismo para la futura vida que se desarrollaría en el cosmos. De ser así, ¿qué era ese caos? En los paradigmas teóricos se entiende el caos como el principio de la nada, lo impredecible, la complejidad de la supuesta causalidad en la relación entre fenómenos o la razón del destino del universo. Los griegos antiguos eran ya muy versados en filosofías sobre esta concepción, y en todos los caos pareciese identificar la fuente o fuerza que rige el cosmos en cierto espacio, bajo determinados parámetros que no siguen el modelo o leyes del resto del sistema. Dicho de otra manera, la progresión del desarrollo del universo iría acompañada de la existencia de leyes cósmicas que empujan la energía y ordenan y establecen el orden de todo.

Eso quiere decir que hay una fuerza primordial que en el espacio parece ordenar todas las cosas y darles leyes (gravedad, cargas eléctricas, magnetismo, etc.), y por medio de una fuerza motora provoca vórtices que condensa y repelen (como una carga positiva y otra negativa), manteniendo todo por fuerza de atracción y repulsión en forma espiral. Eso se aplicaría desde los átomos hasta las propias galaxias. El caos habría sido la parte inicial en el “vacío” donde aún esa fuerza o “inteligencia” energética no había dado empuje a la vibración que produjo los campos, y sería aún todo espacio en el infinito a donde aún esa “creación” en progresión no habría llegado. Esta versión de la historia es semejante a la de otros muchos pueblos, solo que con matices diferentes, pues sigue el mismo esquema, hablándonos de ese “tohu va.bohu” que asimismo son palabras de raíz sánscrita que tienen un sentido de “abismo” y “desorden” (ausencia de un principio de ordenamiento o ley).

Tiene lógica que diga ‘Joshej’ (tiniebla), si aceptamos que en la teoría del Big Bang, antes de aparecer esta explosión masiva, tuvo que existir un espacio a donde se produjo. Por ende, primero debe existir un “lugar” y luego la explosión que se produce en dicho “lugar”. En consecuencia, si aún no estaba el “potencial” del universo “material”, dicho espacio estaba a oscuras. Aunque otros textos como los hebreos Jubileos, 2ª Baruc, 2ª Esdras o 2ª Henoc varían en uno que otro detalle en el orden de sucesos, el patrón es básicamente el mismo que el que sigue Moisés en Génesis 1, y en este punto habla ya de “agua” y lego de “luz” (otros manuscritos ponen primero la luz y luego el agua). Quien no conoce la teoría más aceptada de la formación de la materia en el universo no sabe que coincide con la traducción griega de este pasaje bíblico. La palabra ‘agua’ en griego es ‘idor’, de donde procede ‘hidros’, y de ahí ‘hidrógeno’. La materia se constituye de átomos; los átomos forman moléculas a través de las valencias, y todo esto sigue el principio de ley-orden del que venimos hablando. La comunidad científica considera que la materia primordial es el gas que más abarca en el cosmos: el hidrógeno.

 

«ἡ δὲ γῆ ἦν ἀόρατος καὶ ἀκατασκεύαστος καὶ σκότος ἐπάνω τῆς ἀβύσσου καὶ πνεῦμα θεοῦ ἐπεφέρετο ἐπάνω τοῦ ὕδατος»

 

La última palabra de esta cita, que corresponde con la versión griega, es ‘Idatos’ (agua), de la misma forma ‘Idor’ e ‘Ydros’. El agua es dos veces más hidrógeno que oxígeno. Los cristales de roca, el agua, el hielo y la mayoría del gas esparcido por el espacio proceden, según la teoría moderna, del principio atómico del hidrógeno, ya que es el átomo más simple, o sea, la estructura primordial y matriz de la materia en el universo. Siendo así, al decirnos en Génesis que había un ‘Ruaj’ (viento) ‘Merajefet’ (revoloteando), parece indicarnos claramente que un movimiento de espiral o vórtice era movido o empujado en todas partes del espacio para condensar la materia. Así las cargas produjeron el átomo básico: hidrógeno. Siguiendo este influjo e impulso el hidrógeno habría producido condensación de agua, claramente congelada debido a la temperatura del cero absoluto. El movimiento habría creado fricción y la fricción energía, haciendo así que estos vórtices condensasen materia sólida, en gran parte agua congelada, evidentemente con el resto de sumas de elementos que hemos estudiado en la Tabla Periódica. Con todo, la inmensa mayoría y la base, sería hidrógeno, hielo, agua…

En medio de esa oscuridad, ¿qué podría verse? Nada. Sin estrellas en el espacio, ¿qué se puede ver? Nada en absoluto. Es eso lo que define el vocablo griego ‘Aóratos’ de la cita de arriba: invisible. La materia o sustancia, lo existente, no se podía ver. La versión Vulgata de Jerónimo agrega que estaba ‘Vacua’ (vacía), y todos estos conceptos coinciden con la versión hebrea, e incluso la aramea, que dice «tzadia ve.rokania» (desierta y estéril). El Enuma-Elish, un relato sumerio que se conserva en varias tablillas halladas en las ruinas de la biblioteca de Asurbanipal en Nínive (ahora conservadas en el Museo Británico), y que se remontan al 669 a. C. o 627 a. C., inicia contando que «Cuando en lo alto, el Cielo no había sido aún nombrado, y debajo, la Tierra no había sido mencionada por nombre, nada existía excepto Apsû, el antiguo, su creador, y el caos, Tiamat, del que todo fue generado. Las aguas se agitaban en un solo conjunto y los pastos no se habían aún formado ni existían los cañaverales. Cuando aún ningún astro podía verse, ninguno tenía un nombre cuando los destinos no se habían aún establecido.» (Líneas 1 al 8). Irónicamente la Tierra es primero una masa, y lo que vino a ser el molde o modelo era el ‘mu.um.mu’ (caos), en ese momento Ti-amat, «mu-al-li-da-at  gim-ri-šu-un» (“del que todo fue generado”, o “la madre de los dos”, refiriéndose a Apsu y Tiamat).

La frase «meš-šu-nu  iš-te-niš  i-ḫi-qu-ú-ma» (aguas en un solo conjunto) hacen pensar, ¿dónde y cómo estaban configuradas? ¿Quiénes son Apsu y Tiamat? Acorde a los expertos, Apsu es un concepto masculino alusivo a las “aguas primordiales” y el agua dulce, mientras Tiamat es una idea femenina de los abismos y el caos primevo. Este sería el equivalente del hebreo ‘tohu va.bohu’. Si miramos la raíz etimológica de estas definiciones, encontramos que de Apsu provino el semítico Ab.Zu (padre sabio), de donde posteriormente derivó ‘Abisu’, luego el griego ‘Abisos’, el inglés ‘abyss’, o el español ‘abismo’. Es más, las regiones sureñas o del Hemisferio Sur eran denominadas ‘Abzu’, como idea de “lo de abajo”. En cuanto a Tiamat, o Tiamatu, dio lugar a la forma semítica ‘Teemut’, y esa al hebreo ‘Tehemot’ (abismos), cuya raíz es precisamente la partícula ‘Tehu’ o ‘Tohu’, de la endíadis ‘tohuvabohu’ (curiosamente en alemán, este concepto – definido como ‘Tohuwabohu’ – es un coloquialismo para “caos”).

Esta idea de «las aguas» agitadas «en un solo conjunto» afina con otras fuentes sobre el mismo tema de la masa acuosa que se produjo de la condensación y fusión por vórtice del hidrógeno con otros elementos básicos que empezaron a componer la materia. ¿Y qué empujaba todo esto? Ese ‘Ruaj’ (viento, espíritu). En ese tiempo, antes del tiempo, es cuando apareció lo visible, porque previamente la oscuridad se cerina sobre todo al no haber estrellas, como tantas fuentes nos dicen, incluyendo la línea 7 del Enuma-Elish: «e-nu-ma  ilâni  la  šu-pu-u  ma-na-ma» (cuando aún ningún astro podía verse).

 

וַיֹּ֥אמֶר אֱלֹהִ֖ים יְהִ֣י א֑וֹר וַֽיְהִי־אֽוֹר׃

 

Aquí nos dice Génesis 1, «ve.iamer Elohim iehi aor va-iehi-aor» refiriéndose a que fuese luz, y fue luz. ¿Cómo se produjo esa luz? En la línea 9 del Enuma-Elish también se habla de esto: «íb-ba-nu-ú-ma  ilâni  ki-rib  ša-ma-mi» (Entonces, los astros fueron hechos visibles en medio del cielo). Si bien, se suele creer en el creacionismo que en 6 periodos fue hecho el universo (para algunos esto es incluso literal, o en el mejor de los casos una referencia a 6.000 años), pero el primer periodo no empezó a ser marcado sino a partir de este momento, por lo que lo anterior sucedió antes de este tiempo definido. En este orden de cosas, solo en el 4º periodo habrían aparecido las estrellas, no en el primero. Empero, ¿si los astros se supone que aparecían en el 4º periodo, qué fue esa “luz” (Aor) que tuvo lugar antes de comenzar a marcar el reloj del tiempo?

Moisés no se contradecía, y en otra obra de su autoría, recuperada de las cuevas del Qumran, nos dice que el eterno, «Para el primer día que creó los cielos y [lo] que está por encima de la tierra y las aguas y todos los espíritus que sirven ante él […] y los abismos de la oscuridad, […] (y noche), y la luz, el amanecer y el día, […] siete grandes obras que Él creó en el primer día.» ¿Primer día? El término hebreo que se traduce por ‘día’ es ‘Yom’, pero que identifica un periodo y ubicación donde domina la luz. El vocablo Yom se asocia al griego “eón”, como Edad o Era. La voz castellana “día” derivó del griego, siendo éste un calificativo del nombre Zeus (Dios), y esto nos recuerda que los antiguos relacionaban a los dioses y a los ángeles con los astros, tal como otros traducen la línea 9 del Enuma Elish: «Entonces se crearon los Dioses en el medio del cielo.» n la versión revelada al escribano hebreo Esdras, «luego fue el espíritu, y la oscuridad y el silencio estaba por todos lados, el sonido de la voz del hombre no fue formado.  Entonces mandaste una luz justo salir de tus tesoros, para que tu trabajo pudiese aparecer.» (2ª Esdras 6:39-40)

¿El Big Bang? Parece una descripción que tanto da la razón a la versión clásica del origen del universo como a la de otras culturas, que sostienen que todo surgió de “otro lugar” y fue proveído de allá por medio de una gran luz con sus fueras espirituales o invisibles que iniciaron la creación. La versión china e hindú de este relato es similar, al considerar que las cosas salieron de una especie de “lugar primordial” que se abrió y lo produjo todo: los vedas lo describen como un huevo que se partió y de ahí salieron las “deidades” que produjeron el cielo y a tierra. Es admisible considerar que al decir “tierra” no se refiera al principio explícitamente a este planeta sino a todos aquellos en las mismas condiciones, que no son asteroides ni cometas ni estrellas, y cumplen ciertos parámetros que los incluyen en la categoría de “planetas”. De hecho, en la versión del profeta Henoc, la Tierra se produjo de una masa líquida oscura espesa que se fragmentó en 8 partes, quedando la que contenía las aguas más densas configurada como nuestro planeta Tierra, mientras las otras 7 se convertían en los otros planetas del sistema solar.

וַיַּ֧רְא אֱלֹהִ֛ים אֶת־הָא֖וֹר כִּי־ט֑וֹב וַיַּבְדֵּ֣ל אֱלֹהִ֔ים בֵּ֥ין הָא֖וֹר וּבֵ֥ין הַחֹֽשֶׁךְ

 

El versículo 4 nos dice, «ve.irá Elohim et-ha.or ki-tob ve.ibdel Elohim bein ha.or ve.bein ha.joshej», refiriéndose a que Elohim ve lo bueno de esta “luz” y realiza una distinción o separación entre la luz y la tiniebla. Lo que en un principio se venía uniendo ahora se separaba; las sustancias obedecían a la fuerza de gravedad y la fuerza centrífuga. Según las palabras del profeta Henoc, el dios de los hebreos le llevó fuera de la Tierra y le mostró cómo hizo el universo, y narrando sobre este aparente “Big Bang”, le dice: «Yo ordené […] que las cosas visibles debían venir abajo de las invisibles, y Adoil (luz de la creación) vino abajo muy grandioso, y yo le contemplé, y bajó. Él tenía un vientre de luz grandiosa. Y yo le dije: Se desecho, Adoil, y deja lo visible venir fuera de ti. Y él vino a deshacerse, y una grandiosa luz salió. Y yo estaba en la mitad de la gran luz, y tal como allá es nacido luz de la luz, vino adelante una grandiosa edad, y mostró toda creación, cual Yo tuve pensado el crear. Y yo vi que eso era bueno. Y yo instalé para mí un trono, y tomé mi asiento en él, y dije a la luz: Ve por lo tanto arriba a lo alto y repárate a ti misma alto sobre el trono, y sé una fundación para las cosas elevadas.» (2ª Henoc 25:1-5)

Henoc parece describir el relato desde otro prisma, aduciendo que primero fue esta luz que emanó de quién sabe dónde y se deshizo o explotó haciendo ver lo invisible como visible, pero tras esto Dios mandó que surgiese la materia sólida: «Y yo convoqué el muy bajo una segunda vez, y dije: Deja Arjas (espíritu de creación) sal duro, y él surgió duro desde lo invisible. Y Arjas vino fuera, duro, pesado, y muy rojo. Y yo dije: Se abierto, Arjas, y deja allá que nazca de ti, y él se deshizo, una era salió adelante, muy grandiosa y muy oscura, portando la creación de todas las cosas bajas, y yo vi que eso era bueno…» (Cap. 26:1-3) Posteriormente Henoc habla de esta ‘separación’, diciendo que Dios le contó: «Y yo ordené que allá debían ser tomados desde luz y oscuridad, y yo dije: Sea denso, y ello fue así, y yo lo separé fuera con luz, y ello se convirtió en aguas, y yo lo separé fuera con oscuridad, por debajo de la luz, y entonces y hice firmes las aguas, es decir el insondable (sin fondo), y yo hice fundación de luz alrededor de las aguas, y creé 7 círculos desde dentro, e imaginadas las aguas como cristal mojado y seco, que es decir como vidrio, y la circunspección de las aguas y de los otros elementos, y yo mostré cada uno de ellos su camino, y las 7 estrellas cada una de ellas en su Cielo, que ellos van así, y yo vi que eso era bueno. Y yo separé entre la luz y entre la oscuridad, que es decir en el medio del agua aquí y allá, y yo dije a la luz, que ello debía ser el día, y a la oscuridad, que ello debía ser la noche, y fue tarde y fue mañana el Primer Día.» (Cap. 27)

Notablemente es imposible para la historia convencional pensar que alguien diese semejantes descripciones hace más de 4.500 años, por lo que este profeta no podía estárselo inventando. Su descripción, arcaica – es de entender – por su época y límites de su propio idioma, son suficientemente escuetas como para comprender que nos narra cómo tras la aparición de esa luz que se desgaja por todo el universo, o el Big Bang, la materia se condensa en medio del espacio y se precia como masas abismales de condensación basada en el hidrógeno. Su descripción sobre cómo la luz y la oscuridad se separan para dar forma al agua como tal solo puede explicarse como la estructuración del agua debido al principio de valencia atómica de los gases que componen el agua y también producen electricidad. Dado que estas palabras no existían en la remota antigüedad, era de esperar que simplemente se refiriesen a esto como lo invisible que sustenta las cosas o es la esencia en sí, es decir, el Ruaj (viento, espíritu). Ese Ruaj que se “movía” sobre el agua siendo la ley o fuerza que iba “cuajando” la materia.

Además de esto, la mención que da Henoc en el capítulo 27 de su Segundo Libro respecto del agua y su forma, hace entrever que le fue dicho que la fuerza invisible y motora provocaba que por rotación las masas se consolidasen en “círculos”. Como veréis si repasáis el principio de este Artículo, veréis que ya les comentaba que el vocablo ‘Aretz’ parecía designar a los mundos físicos creados, al menos, en este universo. Aunque Moisés solo habló de este rápidamente, Henoc lo matiza de forma formidable, haciéndonos saber que Dios ya hace miles y miles de años le había contado la forma en que la fuerza motora que de Él proviene produjo el Big Bang, las fuerzas del universo, las cargas que crearon los átomos y posteriormente las moléculas y, en consecuencia, los gases de los cuales se produjo el agua (líquida o no, pura o no).

Aunque a simple vista pareciese que Henoc describe la formación de lo que pudiesen ser los planetas de nuestro sistema solar, es en el capítulo 30 cuando nos habla de estos 7 cuerpos espaciales mandados a fijarse en sus órbitas respectivas, y lo que cabe interpretarse es que el 7 designe un patrón. Al decir que creó 7 esferas una dentro de otra, de lugar a suponer que habla de una cosmovisión de 7 cielos o dimensiones, y/o de un patrón de 7 niveles sujetos a la geometría de la esfera como modelo elemental del universo. Este mismo modelo habría dado lugar a la estructura de nuestro sistema solar, aunque, según esta descripción, y las que parecen aportar las fuentes sumerias, habría sido distinta de cómo vino a ser después, habiéndose reorganizado miles de años después para tener la distribución que hoy poseen. Es más, al hablar de estas 7 esferas y cada uno en su propio cielo, hace suponer que existen mínimo 7 cielos o que hay 7 realidades existenciales en el cosmos, pero por encima de todo nos recuerda a los 7 planetas del sistema solar en sus órbitas. ¿Quiere decir esto que solo hablaría de la creación de nuestro sistema? Según estas palabras, Dios llamaría a esto el “círculo celestial”, y afirma que ordenó que en esas “esferas” o “círculos” hubiese “luminares”, y siguiendo este patrón hizo todo en «todos los cielos». Esto quiere decir que el esquema que usaba el Creador era el de un fractal basado en un sistema de 7 en todos los niveles.

 

וַיִּקְרָ֙א אֱלֹהִ֤ים׀ לָאוֹר֙ י֔וֹם וְלַחֹ֖שֶׁךְ קָ֣רָא לָ֑יְלָה וַֽיְהִי־עֶ֥רֶב וַֽיְהִי־בֹ֖קֶר י֥וֹם אֶחָֽד

 

A pesar de que muchas de estas explicaciones ya las traté en la obra ‘La Rebelión de Sakla I, El Abismo’, hay muchos datos que siempre es bueno repasar, reestructurar, actualizar y ampliar. Aquí el verso 5 nos dice, «ve.ikrá Elohim la.or Yom ve.la.joshej kara lailah ve.iehi-ereb ve.iehi-boker yom ajad.» Podríamos traducir esto como que la designación o identidad de la ‘Aor’ (luz) viene entonces a ser ‘Yom’ (día, eón, era), mientras que la de ‘Joshej’ (tiniebla) pasa a ser ‘Lailah’ (noche). Llegados a este punto, todo el conjunto es conocido como ‘Yom Ajad’ (‘Día Uno’ o ‘Eón Ajad’), y si recordamos el patrón 7, aquí se vuelve a reflejar, pues se habla del 6 como tiempo de formación, y el 7 como finalización de este ciclo para seguir otros.

Continuar, parte 2/6

2 comments

  1. …..En el camino de la luz y al pertenecer al “Cuerpo de Cristo”, los hermanos que van más adelante, nos tienden la mano del Espíritu, del corazón y del conocimiento para que los que vamos atrás permanezcamos unidos y continuemos por el mismo camino de trascendencia que nos llevará a nuestro Padre Eterno…………con toda mi alma, con todo mi corazón y mi mente plena ¡Gracias Frederick!,…………. ¡Gracias!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *